Inocente
Como buen canario (como todos con influencias británicas y gallegas) siempre he sido muy dado a la ironía, los juegos de palabras y la chanza constructiva. Las bromas en sentido ibérico son otra cosa, y la verdad es que no son plato de mi gusto. Sé que hay personas a las que les encanta hacer tarascadas que seguramente harán reír a mucha gente menos a quien van destinadas, y en el Día de los Inocentes se hacen verdaderas burradas. Se ha perdido la costumbre de hacer tonterías, colgar monigotes de papel o decir lo que no es, y los medios ya no tienen como norma sacar en portada una noticia falsa que aclaran al día siguiente. Hace años, una inocentada muy socorrida era poner sal al café de otro, pero hasta eso es peligroso, porque la víctima puede tener tensión alta. La risa propia no justifica hacer daño a los demás, y por eso las inocentadas nunca han sido cosa que haya practicado. De hecho, que yo recuerde nunca he gastado una a nadie, porque tampoco me resultan divertidas. Es más, los programas de televisión de cámara oculta me ponen nervioso, porque en el fondo acaban humillando a las personas, ya que ponen en evidencia sus miedos y sus traumas. Definitivamente, no me gusta el Día de los Inocentes, así que estén alerta porque sí que hay gente a la que le gusta pegar quintadas, que es como se decía en mi pueblo. Aunque para inocentadas gordas habrá que esperar al Consejo de Ministros del viernes.
Los supersticiosos se aferran a cualquier clavo ardiendo para pronosticar la lotería. Luego sale lo que sale. Es irracional. La gente quiere comprar décimos de una determinada administración de Madrid porque da muchos premios, o de esa otra de Lleida que se ha hecho de oro. Y es un simple cálculo matemático, si vendes mucho las probabilidades de que caiga un premio en esa administración son mayores que si vendes menos. Pero luego hay que acertar el número. Es curioso que casi siempre una parte del gran premio caiga en Madrid o alrededores, y eso se explica porque parece ser que en esta provincia se reparten series de casi todos los números, y, claro, en alguno toca, aunque sea una serie. Hay quien se apunta al 5 porque es la terminación que más ha salido y cree en las tendencias; otros por el contrario compran el 2 porque es la que menos ha sido premiada con el Gordo y piensan que las extracciones tienden a igualar todos lo números (otra tendencia). Teorías y teorías. He oído de todo: aparte de las razones para jugar el 2 o el 5, las hay para todos los números: el 1 porque es 2011, el 4 porque es la suma de 2011, y así se ajustan a número de hijos, a la fecha de nacimiento, al día que se enamoró (mezclar amor y juego, doble peligro). Eso sí, casi nadie quiere el 6, y recuerdo que, hace un par de años, uno de los premios grandes (no el Gordo) acabó en 6, y la televisión entrevistó a una mujer que saltaba de alegría delante de la adminsitración de loterías con el décimo en la mano, mientra decía: «Me ha tocado en el 6, el número del diablo, me voy corriendo a dar las gracias a Jesús de Madinaceli». El dinero hace a la gente cambiar de bando. Al final es puro azar y yo les deseo que les sea propicio.