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La violencia como argumento

La sentencia dictada contra los tres chicos que dieron muerte al joven Iván Robaina vuelve a poner sobre la mesa el tema de la violencia que se enseñorea de nuestras calles y se ha convertido en la única respuesta que tienen algunos ante un conflicto. Y hay algo peor, cuando la violencia se practica por sí misma, sin que haya mediado palabra o diferencia alguna; me contaban hace unos días que ahora hay que tener cuidado hasta cómo se mira, porque hay pandillas de jóvenes que te pueden agredir porque no les ha gustado la forma en que los miras.
zzFoto0268.JPGEsta violencia está atizada por los juegos de consola y ordenador, que se basan casi siempre en la agresividad, y tampoco son buenos maestros los telediarios. Algo estamos haciendo mal, porque ya en los centros de enseñanza también hay que andarse con cuidado, y hemos visto en estos días imágenes de provocaciones o ridiculizaciones al profesorado, que son colgadas en Internet o enviadas por los muchos medios de que disponen los jóvenes. Todo esto incita a la violencia, y no sería mala medida que en las aulas de cualquier nivel estuviese prohibido el uso de estos artilugios móviles. Es más, no se deberían llevar a los colegios e institutos. No entiendo para qué quiere un móvil un niño de 12 años, y encima ahora pueden conectarlos a Internet. Hemos visto reportajes de las pandillas en Centroamérica y en las grandes urbes del planeta. Ya operan algunas por aquí, y si no se les pone coto acabaremos como en Guatemala y Belize, con nuestras ciudades convertidas en zonas de guerra. La violencia nunca ha resuelto nada, sólo impone la razón de la fuerza sobre la fuerza de la razón. ¿Para eso tantos avances tecnológicos?

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Hace falta una buena ducha

zzzFoto0261.JPGSuceden muchas cosas, algunas muy malas, que se reflejan en la enorme actividad judicial que hay en muchos casos de corrupción a lo grande. Es tremendo, no es que haya un caso aislado, alguien que se ha subido a la parra y ha caído en la tentación, es como una plaga. Ahora mismo hay dos ex-presidentes autonómicos (Valencia y Baleares) sentados en el banquillo, pero hay más personas metidas hasta el cuello en asuntos muy turbios que se han alimentado con dinero público que debió servir para el bien general y acabó en redes mafiosas o incluso pagando cocaína para dirigentes enloquecidos (eso es lo que dicen algunas informaciones). Ministerios, ayuntamientos, fundaciones, equipos de fútbol… Ha sido una orgía de corrupción, y la lentitud de la justicia española hace que se alargue la sensación de impunidad. Luego suceden algunas cosas buenas, pero casi no tienen hueco en los medios, y parece que vivamos en un planeta sin libros, sin cine, sin música. El pequeño espacio que queda lo absorben las nuevas tecnologías (mucho soporte y poco contenido) y, por supuesto, el fútbol, mientras esta sociedad sigue necesitando una ducha a fondo.

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Sigan riendo y déjenlos crecer

zzFoto0173.JPGYa ocurrió en el período de entreguerras. La ecuación es de lo más sencillo: hay una crisis creada por la voracidad del capitalismo ultraliberal, el pueblo angustiado se entrega a las prédicas victimistas porque siempre la culpa del diferente (extranjero, homosexual, judío…), aparecen líderes de cartón-piedra con discursos simplistas e incendiarios, y a lo tonto se instala el fascismo-nazismo-nacionalismo excluyente, con matices distintos pero con un desenlace idéntico: fanatismo, estado totalitario, imperio del miedo y desaparición de la libertad y casi siempre de la supervivencia. Los nazis eran cuatro locos que se reunían en Munich alrededor de Adolfo Hitler, un tarado que si prestamos atención a su discurso se parece mucho al de un borracho ignorante y violento. Daría risa, pero es muy peligroso. Los fascistas eran distintos, pero también pocos, y Mussolini un encantador de serpientes que más parecía retransmitir un partido de fútbol que pronunciar un discurso político coherente. Al final, esos monstruos crecen y se hacen con el poder; se alimentan del descontento y se convierten en símbolos intocables. La Falange era un grupo muy minoritario en el Congreso de los Diputados, lo mismo que los nazis en Alemania, y poco a poco, clamando venganza, predicando ultracatolicismo o invocando un imperio de cómics toman la batuta. Ahora mismo el caldo de cultivo es ideal para estos movimientos, y quienes tienen responsabilidades políticas tienen que cercenar esas simientes del odio. Pero resulta que, como siempre, piensan que son cosa menor, y hasta les ceden espacios para que lancen sus proclamas (ya ha ocurrido en España). Hay que estar atentos, porque con discursos victimistas y culpabilizadores de los otros se le da muy pronto la vuelta a la tortilla. Acuérdense de Eva Perón.