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El hombre de la bufanda roja

Recordamos aquella frase atribuida a Bertol Brecht que afirmaba que los que luchan toda la vida son los imprescindible. Aurelio Ayala era de estos (¡qué trabajo cuesta hablar de él en pasado!), y ahora menos que nunca podemos prescindir de Aurelio, aunque se haya muerto porque su corazón se negó a seguir latiendo. Es imprescindible porque su compromiso con la sociedad se hace hoy más necesario, y él es un ejemplo que nos empuja a no bajar nunca la guardia. Aurelio y su inseparable bufanda roja estaban siempre donde había que estar, y esa presencia rotunda a primera vista se transformaba en ternura apenas hablaras con él cinco minutos. Tenía muchas virtudes humanas, políticas e intelectuales, pero la mayor es que consiguió alcanzar la cota más alta que debe perseguir un ser humano, ser una buena persona. zzAurelio%20.jpgEra tan perfecto que hasta se equivocaba; estuvo en muchas batallas (en todas) y siempre defendió con honestidad lo de todos, aunque a veces esa coherencia se le volviese en contra por las curvas de ese laberinto que se genera en la confluencia de la política con el Derecho Administrativo y el Derecho Penal. Aurelio Ayala es un claro ejemplo de lo que dicen los peruanos de su país: «Si Kafka hubiera nacido aquí sería costumbrista».
Hablar de Aurelio es hablar de Humanidad, con mayúsculas, y de eso saben mucho en El Hierro, isla que le dio la vida y a la que él se la devolvió con creces. No puede entenderse El Hierro de las últimas décadas sin Aurelio Ayala. Y tampoco la relación con los canarios emigrados a Venezuela. Cuando el volcán creaba problemas económicos a la isla del Meridiano, Aurelio buscaba siempre soluciones con futuro, porque entendía que los herreños no necesitan limosnas sino cauces para desarrollar su trabajo y su economía. Era de la idea del proverbio hindú en el que, mejor que dar peces, es dar una caña y enseñar a pescar. Los herreños solo necesitan la caña, ellos saben de pesca más nadie. Y ese valedor herreño en todos los foros fue siempre cuidadoso con la memoria de la isla, a la que dedicó mucho tiempo, indagando, apoyando iniciativas culturales, escribiendo libros para conservar la memoria colectiva, que al final son siempre las personas. Ahora Aurelio Ayala es memoria imborrable de El Hierro y de Canarias, y un vacío en la vida de las personas a las que amó y que le correpondían, porque daba tanto que no había más remedio que quererlo. Descansa en paz, amigo.

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La Luna, los poetas y el mito

En la conocida zamba argentina Sapo cancionero, se dice del animal que su locura de amor a La Luna es locura eterna de todo poeta. Es una forma fina de llamar sapos a los poetas, y un lugar común que conecta el concepto de poesía con lo lánguido, débil y romántico en el peor sentido de la palabra. Para empezar, La Luna nada tiene que ver con la poesía, o nada que no conecte lo poético con cualquier otra cosa. zzllllllllllu.JPGEs un satélite construido a partir de la agrupación de los restos de un impacto de un asteroide contra La Tierra y se aleja tres centímetros cada año, de manera que cuando pasen unos cuantos milenios estará tan lejos que ya no tendrá gravedad para fijar el eje terrestre, que es lo que hace ahora. Es decir, La Luna es un elemento fundamental para la vida en nuestro planeta, como lo es el Sol, y su mitología es recurrente en todas las culturas, además de las propiedades que se le adjudican que poco tienen que ver con lo real y mucho con el mito. Por eso, cuando se ha anunciado que en estos días nuestro satélite se ve un 11% más grande y luminoso de lo normal, se trata de un hecho que se repite con más asiduidad de la que hablan algunas informaciones, que siempre nos suelen decir que es un hecho único y que probablemente solo veremos una vez en la vida. En otros casos, como el paso de ciertos cometas, eso es verdad, pero no así con este fenómeno lunar. De manera que no hay miedo a que La Luna se nos caiga encima, porque su inercia dicta todo lo contrario, que cada vez está más lejos. Así que podemos seguir haciendo estúpida poesía «lunar» durante muchas generaciones, porque hoy los peligros apocalípticos vienen de muchos sitios, pero no precisamente de La Luna.

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La representatividad divina

Ha vuelto a suceder, y en plena calle, hay a quien no le gusta que critique las posiciones de la jerarquía católica. Solían afearme hace unos años que yo tenía en mis novelas y en mis artículos una fijación contra La Iglesia. Un día, de tanto oír la cantinela, hice un recuento y resulta que no es verdad, yo hablo de muchas cosas, cuento historia dispares. Por lo visto es que esos escasos artículos les chirrían tanto que los recuerdan durante mucho tiempo y se les multiplican en la memoria. zzzDSCN4056.JPGY en las novelas no recuerdo haber puesto nunca en solfa a La Iglesia, pues aunque hay algún cura por ahí siempre sale bien parado. Debe ser que me pasa como a John Ford, que dirigió 120 películas, de las cuales ¡solo 17! eran westerns, pero lo relacionan inmediatamente con el género y se olvidan de Mogambo, El hombre tranquilo, Las uvas de la ira… Lo que critico por su incidencia social es el comportamiento de la jerarquía católica, que sigue agazapada detrás de unos privilegios medievales en un estado supuestamente laico. Y si España, en las actuales circunstancias, es un estado laico, que baje Dios y lo vea, y no es un chiste malo, porque no sé si Dios existe y entiendo que tal vez pudiera existir; si eso es así, Dios nada tendría que ver con la jerarquía católica que se arroga su representatividad. ¿Dios representado en La Tierra por una jerarquía intolerante, que ha estado al lado de los tiranos, que ha sido cómplice de genocidios históricos, que ha callado cuando debió hablar, que en México ataca al comunismo y unos días después en Cuba ataca al capitalismo? Imposible, estoy convencido de que, de existir un ente tan poderoso, no delegaría en semejantes embajadores.