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El rostro de la maldad


zirma-grese[1].jpgEl escritor Alberto Vázquez Figueroa es siempre un invitado interesante y ameno en las entrevistas que concede. Gran viajero desde su juventud, es interlocutor en muchos temas, y hace unos días volvió a capar mi interés cuando hablaba de la maldad. El asunto venía a cuento de su áltimo libro, que tiene como protagonista a Irma Grese, una mujer que existió realmente y que fue brazo ejecutor de las atrocidades nazis del holocausto en varios campos de exterminio, especialmente en el de Belsen. Fue juzgada en 1945 en el jucio de Bergen-Belsen, de similares características al de Nüremberg, y ejecutada en la horca. Tenía solo 22 años, y con tan corta edad figura entre los personajes más sanguinarios, crueles y psicópatas de la historia, hasta el punto de que los medios británicos la bautizaron irónicamente «El ángel rubio de Belsen». Era una joven bien parecida y su aspecto era muy agradable, pues no denotaba que una muchacha tan hermosa fuese capaz de perpetrar atrocidades terribles que pueden calificarse directamente de inhumanas. Comentaba Vázquez Figueroa que es una excepción, porque la mayor parte de las veces la maldad se va reflejando en el rostro. Con 22 años, no hubo tiempo para eso. Como ejemplo contó que entrevistó a Gadafi en 1969, cuando acababa de hacerse con el poder en Libia, y dice que era un joven con una gran presencia, muy carismático y atractivo tanto para las masas como cuando se le trataba de cerca. La maldad que le atribuye el escritor fue reflejándose en su rostro, y en los últimos años era casi una caricatura diabólica. No sé si una cosa es consecuencia de la otra, y no puedo saber qué grado de maldad anidaba en Gadafi, pero sí que daba miedo mirarlo, como si de pronto se hubiese hecho realidad el retrato de Dorian Gray. Lo que sí es cierto es que a veces la maldad se nota al menos en la mirada, que casi nunca engaña.

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Las aplicaciones de los avances tecnológicos

zaawFoto0205.JPGQue no se me entienda mal, no estoy en contra de los avances tecnológicos, muy al contrario, creo que todo lo que haga que el bienestar de las personas mejore es siempre bienvenido. El desarrollo de las comunicaciones es un gran salto, y el PERO que opongo a todo esto es que estamos utilizando ese progreso para cosas inútiles en su mayor parte, y resulta que es un gran negocio para fabricantes y operadoras. Esto viene a cuento por la salida al mercado de una nueva generacion de Iphone, que ha desatado la locura, porque hay miles de personas que quieren tener uno. Entiendo que un aparato de esas prestaciones es muy útil en muchos trabajos, y como medio de comunicarse con rapidez, pero es que la inmensa mayoría de los usuarios lo quieren para asuntos secundarios cuando no prescindibles. Así, hay muchísimos avances que se utilizan mal o que incluso sirven para alienar a la gente. Nadie puede discutir que la televisión o Internet son dos medios potentísimos, pero la una sirve en su mayor parte para manipular la información o para convertir la pantalla en una corrala de maledicencias e insultos, y la red está ocupada mayoritariamente por cosas intranscendentes cuando no dañinas. Y lo triste es que te consideren antiguo cuando «solo» tienes un móvil genérico, que no lo es tanto porque hace fotos y no sé cuántas cosas más, o que usas Internet para buscar determinada información y te comunicas por e-mail. Eso por lo visto es la prehistoria. Si toda esa tecnología se utilizara para fines prácticos, habríamos dado un salto de gigante en nuestra civilización, pero si usamos la televisión como patio de vecinos mal avenidos estamos igual que hace cien años. Tanto avance no nos ha servido para nada; es más, está sirviendo a la tiranía ya nada encubierta del capital para tratar de convertirnos en idiotas.

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Prudencia, mudanza y San Ignacio de Loyola

Las personas prudentes son aquellas que van con pies de plomo, especialmente en situaciones difíciles. Eso no quiere decir que la prudencia sea incompatible con la firmeza, pero parece que en esta España nuestra del griterío ser prudente se equipara a darse por vencido, y por eso cada cual trata de tirar la piedra más lejos y extremar sus posiciones. La prudencia podría incluso desaparecer del diccionario de la RAE, zhhhDSCN4196.JPGporque es una cualidad en desuso, y si no se usa, podríamos ahorrarnos tinta y papel al imprimirla. España atraviesa unos momentos muy delicados desde cualquier ángulo que se mire. Por un lado hay una profunda crisis política que proviene del desgaste de las instituciones, que llevan treinta años sin renovarse, y vivimos en 2012 con estructuras pensadas para 1980. Luego está la crisis económica, que aunque tiene factores externos, también está relacionada con la anterior, porque los políticos no han movido ficha en positivo desde hace décadas. Estamos cansados de escuchar que hay que hacer esto, que hay que reformar lo otro pero todo sigue igual, con la corrupción política al fondo del paisaje, porque parece que lo único que importa es el poder, no su utilización para el interés general. El mundo abertzale vasco y el independentismo catalán lanzan su órdago, sin valorar que una secesión del Estado español pondría automáticamente a Cataluña y Euskadi fuera de la UE, y que para entrar tendrían que conseguir la unanimidad de los 27 estados miembros (¿En el Madrid-Barça traspasado a la política, España qué votaría?) Por su parte, Gallardón está poniendo patas arriba leyes que, aunque imperfectas, no creo que mejoren con tanto ruido. Por si faltara algo, tercia el Rey, que como siempre solo dice ambigüedades a destiempo pero que ya se encargan otros de explicarnos a su acomodo qué fue en realidad lo que quiso decir en su carta cibernética. La lista de imprudencias es larguísima. Ya que casualmente casi todos los que gritan de un lado y de otro son tan católicos (no olvidemos que católico significa «de acuerdo con todo») deberían recordar las palabras de San Ignacio de Loyola, que aconsejaba no hacer mudanza en tiempos de crisis. Pero, claro, son católicos solo para lo que les conviene.