Publicado el

¿No te interesa? Pues tiene que ver contigo

zzzzzzzz4[1].JPGCuando se habla de los fichajes y salarios millonarios de los futbolistas de élite, siempre hay alguien que te dice que el asunto no va con él, que el fútbol no le interesa. Cuando se hace una crítica a determinadas posturas y acciones de la jerarquía católica, también aparece alguien que dice que ese asunto de la religión no le concierne, que le da igual. Pues no es así. Un futbolista cobra una millonada (aparte de lo que ha costado el traspaso), el equipo consigue ese dinero a través de la publicidad o de los derechos televisivos, y las cadenas reúnen ese dinero nuevamente con la publicidad. O sea, que cuando se compra unas zapatillas se paga de paso el salario del futboluista que las anuncia, porque va en el precio. Algunos dirán que no usan zapatillas, pero sí toman yogourt, beben cerveza, consumen productos imprescindibles o contratan servicios diversos, que en el precio llevan el gravamen de la publicidad-televisión-fútbol. Es decir, sin darte cuenta, de tu bolsillo sale una parte del salario de Cristiano Ronaldo, del pastizal que han pagado por Neymar y hasta de los cientos de millones que los equipos deben a Hacienda y no pasa nada. En cuanto a La Iglesia, pues eso, seas o no creyente, la tremenda influencia de la jerarquía en estados como España incide en asuntos tan sensibles como la educación, la discriminación de la mujer, la libertad de opción sexual y otras muchas cosas en las que el poder eclesiástico se mete con la connivencia de las fuerzas conservadoras y la sumisión de las que se dicen progresistas. Por eso, cada vez que me entero de que ha hablado un obispo o han pagado un dineral por un futbolista, se me afilan las orejas, porque me afecta en las leyes o sé que me tocará pagar cuando compre un yogourt. Y como a mí, a todo el mundo, le guste o no el fútbol y sea o no creyente.

Publicado el

Habrá que aprender idiomas

zzegipt.JPGNo me refiero al inglés ese que se dilata en el tiempo y es un propósito eterno. Me refiero al idioma para entender el mundo. Lo de Egipto me rompe los esquemas, porque a estas altura ya no entiendo nada. El ejército toma el poder, expulsa a quienes han sido elegidos por las urnas y los gobiernos del mundo mundial no se atreven a llamar a eso golpe de estado. Claro que, el asunto es complejo, porque los elegidos querían llevar poco a poco al país hacia la teocracia islámica. Una cosa no quita a la otra, el problema es que se rompe una regla de oro, y es que el poder está en pueblo. La pregunta ahora es si es más pueblo el que grita concentrado en una plaza o el que votó hace año y medio; o al revés. Ya digo, la confusión es terrible hasta en lo teórico. A Occidente, lo que le interesa es que Egipto, un estado que es el centro político de gravedad de todo el mundo árabe y aun del islámico, sea estable, y le da igual el sistema que lo gobierne, pero no olvidemos la reciente historia de la RAU o de la Liga Arabe para entender que lo que ocurra allí será espejo de lo que pase en otros países. Ya ocurrió con la llamada Primavera Arabe. Así que este siglo XXI viene muy raro, en un lenguaje que yo cada día entiendo menos.

Publicado el

Enfin, l’été est arrivé

zzzzDSCN4045oo.JPGLo pongo en francés para que parezca que lo dice Cortázar (el 28 de junio se cumplieron 50 años de la publicación de Rayuela), pero sí enfin, l’été est arrivé, por fin el verano ha llegado. Siempre hay polémica estacional con el tiempo, y se oye decir continuamente que nunca ha hecho tanto frío, que este es el invierno más largo que se recuerda, que ha llovido menos que nunca, que ha habido más calima que otras veces. Pues resulta que desde noviembre escucho una y otra vez quejarse de frío, de nubes, de añoranza del sol apenas llegó marzo. Encima, prestigiosos (que no quiere decir infalibles) meteorólogos franceses dijeron hace unas semanas que este año no habría verano. Pues miren por dónde, mes amis, l’été est là, vamos que el verano está aquí para quedarse. En realidad llegó ayer, y ya escuché quejas del sofoco, de lo inaguantable que es el calor, de lo terribles y abrasadores que van a ser los próximos meses. Pues, señoras y señores, madames et monsieurs, meine damen und herren, ladies and gentlemen, signore e signori, dense una ducha, pongan el ventilador, váyanse a la playa o gástense un dineral en colocar el insano aire acondicionado, pero que nadie venga a decirme ahora «¡uf, qué calor! Es lo suyo, en invierno hace frío y en verano calor, hay que disfrutar de cada cosa a su tiempo. Como dice Pérez-Reverte, nos hemos reblandecido, nos quejamos de vicio, esto ha sido así de toda la vida y antes nadie se quejaba.