Lo más curioso de la política canaria es que los debates y las guerras nunca se producen entre partidos distintos, sino en el seno de las tres fuerzas mayoritarias. Lo normal en una democracia es que se debata entre gobierno y oposición, pero eso sucede siempre con cosas muy puntuales y generalmente superficiales. Los follones importantes ocurren dentro; razón tenía el que dijo, que en política, hay tres clases de enemigos: enemigos, enemigos irreconciliables y compañeros de partido. Y es que el poder dentro de cada fuerza consume mucha más energía que el juego democrático de intentar acuerdos, consensos o mociones que sirvan al conjunto de la sociedad. Los políticos canarios debieran tomar buena nota de esto, porque hay que hacer que el pueblo crea en la política, en la democracia, no vaya a ser que surjan por ahí los salvapatrias de siempre, como sucede en Venezuela ahora mismo. Una cosa es segura, los predicadores de turno nunca salvan nada, la democracia es otra cosa.