No se vaya, ministro Wert
Señor ministro, hoy ha culminado su obra maestra, ya la LOMCE está lista para ser publicada en el BOE. Galopando sobre su arrogancia provocativa, no ha escuchado a nadie, se ha mantenido en su obcecado error, y al contrario que Saulo de Tarso, no se ha caído del caballo. Son legión los que han pedido a gritos que se fuera, y siguen gritando, pero ya no tiene sentido, tendría que haberse ido antes de rematar la cultura, la educación, el arte, la ciencia y el conocimiento. Ahora, que más da; es más, yo creo que debe quedarse para que se le caiga la cara de vergüenza, a ver cómo explica cada uno de los pasos de la aplicación de la ley. Vendida en conjunto, aguanta eufemismos y malversaciones demagógicas, pero cuando tenga que convertirse en realidad se verá claramente que es usted una de las personas más dañinas para España en muchos años, tal vez siglos, porque el tiempo que se pierde luego es difíclil de recuperar. Ha hecho usted una ley que no es de educación, sino de creación de mano de obra barata al servicio del gran capital. Si lo ha hecho así por torpeza, comparte usted la responsabilidad con el presidente Rajoy que lo ha dejado hacer y con esa mayoría absoluta de diputados y senadores que votan ciegamente, en algunos casos incluso en contra de sus propias convicciones porque quieren seguir apareciendo en las lista electorales; si lo ha hecho con conocimiento de causa (hipótesis que creo más porque no parece que sea usted un zote), lo suyo es maldad pura y dura, destruir por destruir, armar servilmente un sistema que nos conducirá a una estructura medieval. Tengo que decir que es de una eficiencia inusitada, ha dinamitado en menos de dos años lo que nos costó más de tres décadas levantar. Está usted de enhorabuena, ha cometido el crimen perfecto, y si a alguien con capacidad para ello no le llega un momento de lucidez y detiene esta locura, España le recordará como el hombre que la hizo regresar al feudalismo. No se vaya, señor Wert, quédese y aguante la vergüenza histórica que le aguarda.
Lo que está sucediendo en este país no es preocupante, es alarmante. La única diferencia con la ola de fundamentalismo que arrasa Irán, Afganistán, Irak, Arabia Saudí, Rusia o Estados Unidos es que aquí todavía queda un resquicio para denunciarlo, aunque al paso que vamos no sé por cuanto tiempo. De repente, las fuerzas conservadoras (es una tibieza llamarlas así, mejor sería decir, reaccionarias) se han echado la camisa por fuera y atacan en tromba, como los equipos de fútbol que intentan impedir que el otro arme juego, y lo hacen de forma marrullera, dando leña, tirando en fuera de juego y con el árbitro a favor. No voy a describir con detalle el panorama social, laboral, educativo y de toda índole que se ha ido generando paso a paso en los últimos años. Pero es desolador, y el que no quiera verlo es porque está ciego o enganchado a la teta dominante. Y eso es lo que quieren, que nos bajemos los pantalones. Todos los avances que habíamos ido arañando en tres décadas muy duras pero muy esperanzadoras se están yendo al traste. Sólo falta que, por decreto, se vuelva a instaurar el Santo Oficio, si es que de alguna forma no existe ya. Al lado de estos, el Cid Campeador y el Capitán Trueno era unos liberales.