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¿España huele a ajo?

zzz ajos.JPGVivimos una etapa muy cansina, en la que da igual lo que se diga o se haga, que por lo visto nunca pasa nada. Hace unos años, cuando Victoria Adams vino a vivir a España porque su marido, David Beckam, jugaba en el Real Madrid, dijo que no le gustaba vivir aquí porque «España huele a ajo». La cosa no me hizo ni mucha ni poca gracia, y recuerdo que se levantaron las lenguas indignadas porque esa «pija inglesa» había ofendido el honor nacional. Andando el tiempo, ha venido a resultar que aquellas palabras, dichas seguramente a la buena de Dios, se han convertido en una de las definiciones más certeras de un país que ya no sabe de dónde viene y mucho menos a dónde va. Si los hecho carecen de importancia es que hemos llegado a la gran corrupción colectiva, en la que vale todo y cada cual que apañe lo que pueda. Si entramos en las palabras, el cansancio es adormecedor, palabras, acusaciones y disparates, interpretaciones sesgadas y vámonos todos a lanzar la cabra desde el campanario. Hace unos días, el presidente del gobierno comentó el terrible asesinato de León con estas palabras: » Es un crimen cruel, inútil y absurdo, que no voy a calificar». Y lo dice después de haber utilizado en la misma frase no uno, sino tres adjetivos calificativos, de lo que se deduce que ya las palabras se dicen a lo loco, sean o no coherentes. ¿Será verdad que España huele a ajo?

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Disparates varios

Africa ya estaba en la miseria material y humana con tantas guerras y sequías, y ahora está en el filo de la navaja de grupos islamistas como el que en Nigeria ha secuestrado a 200 niñas; en Asia los jinetes cabalgan desde la miseria de Calcuta hasta la guerra inútil de Afganistán, la tensión entre Pakistán y La India o el revoltijo de Indochina, Indonesia o Filipinas; en América del Sur no está el hormo para bollos en ninguna parte, y como muestra piensen en Argentina, Brasil o Venezuela; Centroamérica postrada como siempre, desde Haití hasta Guatemala; Norteamérica dada al prozac y mandando marines a todas partes. Ya no les hablo de Palestina, de Libia, de Siria… Y ahora Ucrania. Pero todo parece seguir como si nada ocurriera, y en los telediarios alternan el horror de las niñas nigerianas con el «terrible» problema de Fernando Alonso porque su Ferrari es un trasto. Luego llega Eurovisión y llena horas de programación y cafés porque dicen que las polacas hicieron pornografía, se votaron los países por vecindad y finalmente ganó un/una… un drag… una… Austria. Yo me acuerdo cuando Eurovisión era un festival de canciones.
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Propongo a TVE que envíe a Eurovisión/Viena 2015 a estos representantes. Según un sondeo, partirían como favoritos, y si llegaran a cantar algo ya sería la leche.

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¿Qué Europa?

El desinterés creciente por las elecciones europeas es directamente proporcional a la carajera mental de quienes manejan este cotarro. Para empezar, es hipócrita y hasta ofensivo decir a la gente lo importante que es estar en Europa si luego solo hablan de asuntos domésticos y encima con el rastrero sistema parvulario del «y tú más». Nadie contesta a preguntas fundamentales sobre cómo piensan construir esa Europa que tanto pregonan, que de momento solo sirve para ser inflexible en las normas que afectan a los ciudadanos y por lo que se ve no sirve cuando hay que atar cortos a los tiburones que nos devoran. Para colmo, sobrevuela estas elecciones el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, que tampoco nadie se ha molestado en explicar, ni les pasa por la cabeza que, una vez explicado, pasen una consulta a los ciudadanos. La palabra «referéndum» les da grima. zzzzggFoto0922.JPGLes gusta más que se vaya a votar casi a ciegas y luego durante cuatro años ellos harán lo que mejor les parezca. Y, la verdad, entre el hatajo de incompetentes que pilotan algo tan complejo y los intereses personales y de clase de gran parte de ellos, es como darle una navaja barbera a un chimpancé. Unos dicen que el bipartidismo es lo peor, y para combatirlo crean dos docenas de opciones que no se sabe muy bien en qué se diferencian unas de otras. A veces me pregunto si muchas de estas fuerzas diversas no habrán sido creadas a propósito para que al final la dispersión y las matemáticas engorden el bipartidismo. En cuanto a lo del acuerdo comercial con Estados Unidos, que me lo expliquen, porque ya sin él los yanquis (y los confederados) lo controlan casi todo: se han cargado nuestra industria cinematográfica, nos tienen asfixiados a refrescos de cola, comemos alitas de pollo con su franquicia americana… ¿Quieren quitar aranceles o que se los quitemos? ¿Van a inudar nuestro mercados con productos transgénicos más baratos, con lo que acabarán con la poca capacidad productiva que nos queda? Se preguntarán el por qué de mi mosqueo; muy sencillo, porque a los prebostes del PP este acuerdo les parece bueno y se cierran en banda ante la posibilidad de que se consulte al pueblo. Y cuando esto sucede suele haber truco y no nos han dicho toda la verdad. Llámenme tiquis-miquis, pero gustaría saber qué es exactamente lo que vamos a votar, porque el voto es un compromiso, un contrato, y hay que mirar la letra pequeña, aunque ya sabemos qué hace esta gente con los compromisos.