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Hoy sí que toca mi libro

Como la semana pasada, a causa del temporal, hubo que suspender la presentación de mi novela La mitad de un Credo, esta se realiza hoy, en el mismo lugar y hora: Instituto de la Isleta, C/ Juan Rejón 58, a las 11:30 horas. Sé que no es la hora acostumbrada para la presentación de un libro, pero este quiero que llegue también a los más jóvenes, porque habla de la inutilidad de la pena de muerte y rescata uno de nuestros mitos populares, como es Juan García El Corredera (en la novela lo llamo Buganvilla). Y digo lo mismo, como este es mi blog aquí lo anuncio, que ya hablaré otro día del gobierno de Zapatero, que ya tiene bastante con torear al Financial Times.
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Y ya que hablamos de libros y presentaciones, esta noche también será glosado en público El libro de los naufragios, un poemario póstumo de Dolores Campos-Herrero. Será presentado por Santiago Gil y es uno de los libros que Lola dejó escritos antes de su marcha prematura.
Y mañana otra, la de la novela Los latidos del tiempo, de Miguel Angel Sosa Machín, que forma parte de la misma colección en la que sale la mía. Es una colección que se llama genéricamente Tiempos de silencio, y que promete buena narrativa de la que ahora, por suerte, se está haciendo en Canarias.

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La reforma laboral… en China

Lo de la reforma laboral es un arcano que todo el mundo menciona pero que nadie explica, o al menos no explican lo que significa para cada cual. Ahora dicen que habrá reforma laboral sin cambios estructurales. Le he estado dando vueltas y no consigo visualizar el concepto, porque me suena algo así como la cuadratura del círculo o se me parece a aquella estupidez de imposibles en la que los listillos decían que Dios no es todopoderoso, porque ni siquiera él puede hacer un círculo cuadrado. Vamos, que está en chino mandarín.
<img alt="zDSCN2795.JPG" src="/bardinia/wp-content/uploads/sites/11/anteriores/zDSCN2795.JPG" width="577" height="156" class="aligncenter" style="text-align: center; display: block; margin: 0 auto 20px;" /(En el texto de arriba está perfectamente explicado el concepto. El que no lo entiende es porque no quiere).
Como se ve, se trata de forzar las palabras hasta que no signifiquen gran cosa y por lo tanto no comprometan. Hace dos días, los sindicatos y la patronal salían de la reunión con Zapatero en La Moncloa con una cierta cara de satisfacción, pero no sabemos por qué. A veces pienso que ninguno -empresarios, sindicatos y gobierno- tiene una idea cabal del asunto, y para dar la impresión de que saben por dónde van se han reunido a tomar café y han acordado decir que… bueno… que es el camino indicado… que el diálogo es importante… que…
Lo que me pregunto es cómo sabe Rajoy con certeza de lo que hablaron, pues tardó minutos para ponerse en contra. A lo mejor eso también forma parte del guión. Es decir, seguimos sin saber exactamente en qué consiste esa tan cacareada reforma laboral que parece ser la causa de todos los males y al mismo tiempo la solución a todos los problemas.

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Víctor Hugo y los ignorantes

Dice el Diccionario que ignorantes es el «que no tiene noticia de algo», y por eso me da risa cuando alguien trata a otro de ignorante pretendiendo insultarlo. Si, como dice la Academia, ignorante es aquel que ignora algo, me temo que los seres humanos sabemos muy poco de casi todo, porque los campos del conocimiento son muchos y muy amplios; es decir, podríamos afirmar que ignorantes somos todos.
DSCN2410.JPGEn realidad los mayores ignorantes que existen son aquello que creen saberlo todo, porque ignoran lo básico: nadie sabe todo de todo. Al final de su vida, hicieron un homenaje al gran Victor Hugo, toda una institución del siglo XIX francés, no sólo por su obra literaria, muy respetada y valorada entonces y ahora, sino por su implicación política, social y de todo tipo. Todo un personaje Victor Hugo, y en este homenaje quien pronunció el panegírico lo llamó sabio. Entonces, el gran hombre, se levantó y dijo solamente: «¿Sabio yo? ¡Dios Míos! Si daría todo lo que sé por la mitad de lo que ignoro». Efectivamente, Victor Hugo era un sabio porque sabía lo fundamental, que podemos saber algo o incluso muchísimo de muchas cosas, pero ignoramos mil veces más de lo que una vida da para aprender.