España partida en dos
El tema de los toros vuelve a poner de manifiesto la panda de gañanes, aprovechados y demagogos que nos gobiernan. Se puede estar a favor de las corridas taurinas, o se puede estar en contra -de hecho a mí me parecen una salvajada-, pero lo que no puede ser en un país que se tiene por democrático es emplear ese asunto como arma arrojadiza y factor de enfrentamiento político. El Parlamento de Cataluña está haciendo política nacionalista con la tauromaquia, y se olvida de los bou embolat (toros embolados), costumbre muy autóctona de los países catalanoparlantes, en las que el animal también sufre. Pero como es una tradición muy catalana, ni siquiera se pone en tela de juicio.
En el otro lado del ring, Esperanza Aguirre y Francisco Camps declaran los toros como Bien de Interés Cultural, otra utilización política. El PP se manifiesta a favor de los toros, pero esto es ahora, porque la ley canaria que prohíbe las corridas de toros en nuestras Islas tiene su origen en una propuesta de Pérez-Camacho, diputado regional del PP (ahora hay guerra interna y lo mismo se declara pro-taurino para fastidiar). Y una y otra parte están diciendo burradas, tonterías y disparates que no se sotienen.
Los otros partidos se comportan según y dónde, y es que España se partió en dos hace siglos y una y otra vez regurgita ese cainismo destructivo (el que no piense como yo es un imbécil, y lo que es peor, mi enemigo). Si el fútbol, en lugar de haber sido inventado por los ingleses, hubiera nacido en Madrid, hoy el Parlamento catalán estaría estudiando la posibilidad de prohibirlo en Cataluña y se estarían haciendo gestiones para disolver el Barça. Supongo que en el Camp Nou se harían magníficos espectáculos de Els Comediants, con toros embolados; y si los garbanzos sólo se cultivasen en Cataluña, el cocido no sería el plato señero de Madrid. Recordando el consenso de la Transición, tiendo a pensar que entonces los políticos españoles se volvieron locos, porque es la segunda vez en quinientos años que tiran todos en la misma dirección, mirando por el interés general de España; la primera fue cuando el país entero, de Cádiz a Zaragoza y de Madrid a Gerona, se levantó en armas contra los franceses, pero de eso hace ya doscientos años.
Pero la idea de la creación de un estado independiente se materializa por primera vez a caballo entre los siglos XIX y XX, que tuvo como factor fundamental el periódico El Guanche, publicado en Caracas por Secundino Delgado, aunque la cosa tuvo conatos desde que, en plena Guerra de Independencia (española) se creó la Junta Suprema. Luego vinieron otras, como las Juntas Superiores y todo un largo proceso que no hay espacio para contar. Durante el primer tercio del siglo XX, siguió escondido el germen, que quiso despuntar durante la II República, pero se agostó con la Guerra Civil. Renace en los años sesenta con el Movimiento Canarias Libre, se incrementa en los setenta con el MPAIAC y cuando nace la autonomía parece diluirse, aunque está visto que sigue ahí.
Se entiende poco que se apoyen en Galdós (basta leer el discurso de La Fe Nacional para ver el pensamiento de Don Benito), en Estévanez (que fue ministro de la I República española y Capitán General de la Cuba colonial), en Gil Roldán (autonomista y cabildista militante y diputado en la II República). Porque nadie se lo plantea en serio, es como la monarquía, pues estoy cansado de oír aquello de «soy republicano pero al Rey déjenlo estar; ya veremos más adelante». Y casi por sorpresa ahora se convoca una manifestación independentista en Las Palmas de Gran Canaria, no se sabe muy bien por quien, y de una forma rara, porque se anuncia más en Tenerife que en Gran Canaria. Y yo me quedo en Babia. Me temo que se trata de aplicar lo del río revuelto, aunque está por ver quiénes son esta vez los pescadores.