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España en el todo o nada

Me he impuesto el reto de escribir sobre la selección española de fútbol antes de que se juegue el partido que la clasifica o que la envía a casa. Si ha ocurrido lo segundo, saltarán chispas y se dirá aquello de que jugamos como nunca y perdimos como siempre, que el juego de pases español vale para jugar billar artístico pero no para clasificarse en un Mundial, que los jugadores españoles se lo han creído y en realidad son una panda de señoritos que no tienen conciencia de que en estos momentos a España le hace falta ilusionarse con algo, aunque sea fútbol, pues así han vivido los brasileños durante décadas, que si…
ajabulani.JPGEsto, claro, llenará de alegría a los que pregonan que el fútbol es el opio del pueblo. Y yo digo que si la consigna es «pan y circo», ya que el pan no abunda, al menos no nos jodan el circo.
Si España se ha clasificado, ese juego de billar artístico es la quientaesencia del fútbol, somos los mejores y todos deberían mirarse en nosotros. Vicente del Bosque será elevado a los altares, esos señoritos insensibles se convertirán en héroes, modestos chicos buenos que tienen un Ferrari en el garaje porque se lo merecen. No sé si en este caso España es primera o segunda de grupo, y tampoco sé cómo ha quedado el otro grupo, así que en octavos será Brasil o Portugal. Como se ha ganado, ya verán que va a dar lo mismo, los echaremos de Sudáfrica, sean portugueses o brasileños …
… Hasta ver si en el partido de octavos el juego de España es billar o fútbol. Depende de que la bolita entre o no.

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Discutiendo inutilidades

En una situación como la actual, los políticos siguen empeñados en mostrar pecho, enrocándose en sus posiciones e ironizando sobre las posiciones de los otros, como si cada uno de ellos hubiese tenido una revelación y tuviese la receta para afrontar la crisis. Las distintas opciones han demostrado que no tienen ni idea de lo que pasa, y que funcionan a remolque, haciendo y diciendo lo contrario de lo que pregona el adversario.
aaido5.JPGYo no sé si Bibiana Aído es buena o mala ministra, y tampoco tengo claro si el ministerio que dirige es tan imprescindible o por el contrario es un adorno. Lo que sí parece cada vez más claro es que, si hay cambios en el Gobierno (si es que los hay, porque ahora dicen que no), casi estoy convencido de que Bibiana Aído va a seguir siendo ministra, simplemente porque es la diana a la que van todos los dardos de la oposición, y Zapatero no va a darles el gusto de cambiarla. Posiblemente me equivoque, pero esa es la actitud que ha imperado en una y otra orilla en los últimos meses. Es como lo de la selección española, que cada cual tiene su alineación y su estrategia, pero lo que hace falta es meter goles, no ganar la discusión, porque finalmente no conduce a nada.
De la crisis hay muchas cosas que me cabrean y muchas mentiras interpuestas, pero de todas la que más me enfurece es cuando un tipo con el riñón bien cubierto (vaya usted a saber si gracias a las martingalas financieras que se hicieron) dice sin sonrojarse que «es que vivíamos por encima de nuestra posibilidades», y abronca la gente que tiene una pensión mísera, al trabajador mileurista y al parado. Hay que joderse. Lo que pasa es que ha habido mucho ladrón de guante blanco y no otra cosa. Hípócritas.