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Hoy es el cumpleaños de Einstein


Como hoy sería su cumpleaños, señor Albert Einstein, me permito recordar que estamos en un tiempo en el que hasta sus teorías se ponen en entredicho, si bien parece ser que ahora los que hablaban de partículas más veloces que la luz no lo tienen tan claro. Y es que el tiempo ha sido siempre una de las constante preguntas del ser humano, y es lo que nos distancia de las posibilidades de contactos con otras formas de vida en el universo, porque las distancias se miden en años-luz y eso zttiemmpo.JPGes inabarcable para la vida de un hombre y acaso para toda la existencia de la humanidad. Así que hablar de su cumpleaños puede sonarle a fruslería, cuando para usted el tiempo era una magnitud moldeable. Antes que usted, Newton, Kant, Leibniz o Hegel se preocuparon de este asunto, y después también, y quien más quien menos ha echado un vistazo a Historia del Tiempo de Stephen Hawking. Las teorías nos pueden llevar a pensar que llegar a una lejana galaxia podría ser posible gracias a esa curvatura del tiempo, y entrar en esa dimensión -difícil hasta para pensarla- que son los llamados agujeros de gusano. Otra vez la física, las matemáticas y la filosofía se dan la mano, como en la antigua Grecia, pero seguimos en el mundo teórico y el tiempo que conocemos y del que disponemos sigue gobernado por las manecillas de un reloj. Hablar de tiempo cósmico y filosófico y luego mirar la hora es como bajarse de un tiovivo, y creemos estar en la realidad, que tampoco es tal, porque no es para todos igual porque depende de la percepción (pero usted ya sabe que esa es otra historia, señor Einstein).

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La huelga


Las declaraciones de los dirigentes del PP, especialmente las de Mª Dolores de Cospedal, hablan de la huelga con si de una conspiración maléfica se tratara, criminalizando un derecho que está recogido en la Constitución (Art. 28.2) y que es un instrumento en manos de los trabajadores cuando tratan de hacer ver su fuerza. Es que la calle les molesta, pues todos recordamos cómo llamaban pancarteros a los actores que se manifestaban contra la guerra. El argumento es que la huelga da mala imagen y daña la economía, pero nada dicen de cómo se están aprovechando de los huecos enormes que deja la nueva Reforma Laboral para «limpiar» las empresas y engrosar las listas del paro, que encima siguen cargando en la cuenta de Zapatero.
sFoto0292.jpgEl anterior Gobierno es responsable justo hasta el 22 de diciembre pasado; hace tres meses que no está, y ahora la responsabilidadrs del nuevo Gobierno, a partir del primer parado del día siguiente de su toma de posesión. Y la huelga es un instrumento para intentar que el Gobierno razone y se dé cuenta de que con estas medidas se paraliza aun más la economía y se destruyen empleos y empresas, porque las PYMEs son las primera afectadas de la disminución del consumo. Por lo visto, tampoco importan las empresas que no sean gigantes, y que por cierto generan el 80% del empleo. Ante esto, las fuerzas sociales tienen que oponerse sí o sí. Es verdad que la trayectoria de las dos grandes centrales sindicales es manifiestamente mejorable, pero no hay otra cera que la que arde, y es impresionante cómo se ha tocado a degüello para crear la idea de que los sindicatos en realidad no representan a los trabajadores. Sin grandes sindicatos no hay negociación colectiva, y sin esta los trabajadores están vendidos por el miedo y porque el conflico, en lugar de ser institucional, es personal. Y claro, aunque el derecho a la negociación colectiva también figura en la Constitución (Art. 37.1), se lo quieren saltar por dos vías, la del decretazo de la Reforma y a la vez dinamitando a los sindicatos ante la opinión pública. Sigue apareciendo, pero son tantas las modificaciones que en la práctica los convenios colectivos pueden convertirse en papel mojado. Nunca pensé que se pudiera actuar en política con tal descaro.

Aprovechando la crisis y la mayoría absoluta,
la revolución conservadora va a toda máquina.

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La felicidad

zM-LUISA1.JPGLa búsqueda de la felicidad es una constante en la vida del ser humano. Nadie sabe qué es y racionalmente entiende que otra persona debería ser feliz por sus condiciones y su situación, pero cada uno se siente infeliz o al menos no plenamente satisfecho. Muchos han intentado definirla, y a veces de forma contradictoria, pues mientras los chinos dicen que felicidad es hacer lo que se desea y desear lo que se hace, Jean-Paul Sartre afirmaba que no es hacer lo que uno quiere sino querer lo que uno hace. O sea, un trabalenguas. Y luego están los que se dedican predicar la felicidad es interior, y por lo tanto, no depende de lo que tenemos, sino de lo que somos. Hay definiciones de la felicidad para todos los gustos, desde los que dicen que no es un sentimiento sino una decisión hasta los que aseguran que es un estado pasajero de locura. Quienes van de buenas personas se apuntan a que hay más felicidad en dar que en recibir (pura hipocresía) y luego está el que dice: «La felicidad me persigue, pero yo soy más rápido». Y es que hay quien relaciona la felicidad con la ignorancia, y se confiesa infeliz para no parecer tonto. De todos estos, el que se lleva la palma es Sigmund Freud cuando afirma: «Existen dos maneras de ser feliz, una es hacerse el idiota y la otra serlo». Lo que sí está claro es que en buena parte somos responsable de nuestra felicidad, porque como dicen el provebio hindú, cuando el sabio señala La Luna, el tonto se fija en el dedo. Bueno, y a lo mejor así es feliz.