Los números son exactos pero su uso es político
Si pasamos rapidito el anuncio de las nuevas tasas universitarias, deduciremos que en realidad solo suben el 10%, porque las tasas actuales cubren el 15% del presupuesto de las universidades y con la subida alcanzarán el 25%. Pero no es así, porque la subida es del 25% la primera vez, el 40% en la repetición, el 75% la tercera vez y el 100% en cuarta matrícula. Si obramos tan ladinamente como la manera de comunicar que tiene el Gobierno, sacamos la media aritmética y la subida real media de las tasas es de un 60%. La explicación de números y porcentajes se puede manipular por medio del lenguaje, y ahora, dependiendo de los medios y los intereses políticos, los titulares serán sesgados:
1.- LAS TASAS UNIVERSITARIAS AHORRARÁN UN 10% A LAS UNIVERSIDADES.
2.- LOS UNIVERSITARIOS REPETIDORES PAGARÁN MAYORES TASAS.
3.- LAS BECAS UNIVERSITARIAS PARA EL ALUMNADO CON MEJORES NOTAS.
4.- EL GOBIERNO SUBE UN 60% LAS TASAS UNIVERSITARIAS.
Todos los titulares dicen la verdad, pero no toda la verdad. Lo que sí queda claro, pongan los números que pongan, es que otra vez se castiga a los que tienen menos recursos. Los que tengan dinero podrán repetir cuantas veces sean necesarias porque sus bolsillo lo aguantan bien, y así tendremos futuros profesionales universitarios que habrán obtenido sus titulaciones doblando o triplicando el tiempo y el dinero. Los menos pudientes solo acabarán si son lumbreras, y no tendrán una segunda oportunidad, un error significará el abandono. Los que no sean Einstein, ni siquiera podrán intentarlo.
Asi que, pueden manipular los números y los porcentajes cuanto quieran; el resultado será que se perpetuará una clase poderosa aunque no sea brillante, y la inteligencia quedará en la cuneta si no hay dinero. Recemos pues para que la prole con dinero salga inteligente, porque con ella y solo con ella se cubrirán las profesiones especializadas del futuro.
Disfrazando su discurso con números, porcentajes y palabrerío,
eso es lo que realmente comunicó ayer la secretaria de Estado de
Eduación, Formación Profesional y Universidad, Montserrat Gomendio.
Blanco y en botella…
***
NOTA DE LA RAE: Abundando en la decisión reciente de suprimir el futuro de las conjugaciones verbales (si no hay futuro, para qué perder el tiempo), y siguiendo con la línea de ahorro, se suprime el verbo RECORTAR, puesto que REFORMAR significa lo mismo de ahora en adelante.
Yo no sé si el novelista José Luis Correa sueña sus historias en abril o noviembre, si se las dictan las sirenas que dejan rastro o se le aparece Nuestra señora de La Luna. Lo cierto es que sus relatos tienen esa magia que seguramente ni siquiera su autor sabe en qué consiste, porque es un don. Se ha hablado mucho del don poético, y a ese caballo se han montado no pocos poetas, que en cierto modo se sienten por encima de cualquier cultivador de otro género literario. Los ensayistas también se han adjudicado para sí la máxima catagoría literaria, y recuerdo la firmeza con que el profesor Rumeu de Armas defendía que por encima del ensayo no hay nada. Y los filósofos, y los dramaturgos y hasta algunos periodistas deportivos. Por lo visto, para hacer cada una de esas cosas hay que tener un don, como el que tenía la madre del doctor Zhivago para tocar la balalaika, pero en su consideración novelista puede ser cualquiera. Y resulta que no, que la capacidad de contar también es un don artístico, que no es frecuente y que ni siquiera todos los que se dicen novelistas poseen. Porque hay que distinguir entre prosa, narración y novela, y resulta que es una escalera en la que el tercer escalón contiene a los otros dos, y así en disminución. Novelista es quien tiene el poder de fundar mundos, crear otras realidades, hacer que vivan otras entidades, y José Luis Correa lo es con todas las de la ley, porque sus novelas, que algunos despachan como una serie protagonizada por el detective Ricardo Blanco (tiene otras, aviso) son mundos autónomos en sí mismos, espacios con vida porque el autor no devora a sus personajes, sino que se esconde para que ellos vivan. Eso es un novelista; por eso recomiendo la lectura de cualquier obra de Correa, y para animar la fiesta lo mejor es que se interesen por la más reciente: Nuestra Señora de La Luna.