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Inocentes


El diccionario de la RAE pone en la primera acepción de la palabra inocente «Libre de culpa», y en la tercera «Cándido, sin malicia, fácil de engañar». Aunque la advertencia de que hoy es Día de los Inocentes le reviente la fiesta a alguien, tengo que decir que, ateniéndonos estrictamente al diccionario, nos han gastado la inocentada más monumental que recuerdo. Por lo visto ellos han decidido que les valía la tercera acepción, que éramos fáciles de engañar, y yo me acojo a la primera: de todo lo que está pasando estamos libres de culpa. zz45pñ.JPGPor otra parte, nunca me han gustado las inocentadas; mucha gente se parte de risa cuando otro hace el ridículo, o se lleva una desilusión, pero eso me parece una sutil manifestación de la crueldad de la que es capaz el ser humano. Hacer ir a alguien a muchos kilómetros engañado o falsearle una llamada telefónica en la que se le dice que uno de sus grandes sueños se ha cumplido no me parece divertido, es cruel. Y ahora, creyendo que somos cándidos, nos dicen todo ese rollo de que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, cuando lo que están haciendo es desmontar una sociedad que no trataba de enviar a la miseria a millones de personas. Recortan y con ello culpabilizan a los trabajadores públicos, pero que nadie olvide que los funcionarios son los que mantienen encendida la lumbre del Estado, gobierne quien gobierne. Con su debilitación lo que se pretende es redirigir las cosas a conveniencia de unos pocos. Ni una sola medida de las que se han tomado sirve para reactivar la economía, y en realidad no ahorran porque al inducir la parálisis de la actividad recaudan menos aunque suban los impuestos. Es de una evidencia tal, que no creo que lo hagan por torpeza, es deliberado y el fin que persiguen es inconfesable. Pretenden que sea una inocentada, pero no somos tan fáciles de engañar. Eso sí, somos inocentes, pero no tontos; ellos son voraces depredadores y quienes les sirven de correa de transmisión unos vulgares sicarios que finalmente también serán sacrificados. No se alarmen, todas esas palabras gruesas también vienen en el diccionario de la RAE.

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Frases que retratan al que habla

zxcarrat.JPGLa verdad es que este año que termina puede competir con cualquiera en el premio a las majaderías y meteduras de pata al hablar. Nos han mentido al revés y al derecho, y hablan y hablan diciendo cosas que muchas veces hasta carecen de sentido. Desde la disculpa del rey con forzada cara de circunstancias a las que han ido poniendo Rubalcaba, Cascos, Mas y Arenas cuando las urnas no les dieron lo que pretendían, ha habido para dar y tomar, la mayor parte de las veces desde la distancia irónica. Sin embargo, también ha habido gente que ha hecho daño al hablar, o se ha consagrado invirtiendo términos o definiendo las cosas a su conveniencia. Un ejemplo de las barbaridades que pueden salir de la boca de un político es la frase que hace unos días lanzó el ministro Ruiz Gallardón hablando de la subida de las tasas en Justicia: «A veces gobernar es repartir dolor». Para ese recado no hacen falta ministros, ni elecciones, ni democracia; las dictaduras están especializadas en repartir dolor. Si quería decir eso, se retrató, y si no, también debe mirárselo porque el inconsciente suele delatarnos.