Publicado el

El valor de la información

zsarbolito.JPGDesde que existe la prensa, allá por el siglo XVIII, se ha utilizado la información para crear estados de opinión. Napoleón dictaba mensajes que eran reproducidos por todas partes para convencer a los franceses de la necesidad de hacer grande a Francia, humillar a los germanos, conquistar Rusia y llegar por La Península Ibérica al Cabo de San Vicente, que la mayoría de los franceses ni quiera sabían dónde estaba. Es más ni siquiera sabían leer, pero siempre había alguien en cada pueblo que leía en alta voz. Este fenómeno ha ido aumentando con el tiempo, y si Ortega y Gasset fue tan conocido en su tiempo como hoy puedan serlo Antonio Gala o Pérez-Reverte fue porque la mayor parte de su obra la escribió en la prensa, y España entera esperaba a ver qué habían escrito Don José (Ortega), Don Miguel (Unamuno) y Don Manuel (Azaña). En definitiva, el poder de cualquier clase sabe que controlar la información es un arma definitiva, y a veces incluso sobreinforman para que no pueda separarse el grano de la paja. Hoy tenemos acceso a miles de datos, pero si no los relacionamos nada concluimos, y por ello nos ahogan en información, para que no podamos pensar. Y ya sabemos que las ideas colectivas van macerándose a través del goteo diario, y si en nuestro ámbito Harry Truman no es un criminal de guerra (Hiroshima y Nagasaki) es porque en Occidente no hablamos japonés.

Publicado el

Los peligros de la mitificación (*)

Se suele decir que cuantos más mitos pongamos alrededor del poder más nos alejamos de la democracia. Los mitos han sostenido el poder desde los dioses asirios y babilónicos, las deidades griegas y romanas, el César convertido en dios y las monarquías medievales cuya legitimidad se hacía provenir de Dios y que convertía a los reyes en seres extraordinarios, inviolables y superiores. Con la Revolución Francesa este edificio mitómano se vino abajo en la teoría, pero en la práctica se transformó, pues luego hubo un Napoleón. Los mitos de la divinidad que derramaba autoridad sobre algunos mortales escogidos se sustituyen por otros, si bien la religión sigue alimentando la mitomanía en tiranía o en democracia.
zPICTb0097.JPGY me refiero a los estados occidentales, supuestamente racionales y laicos, que se acogen al cristianismo en sus diversas ramas y que explotan la culpabilidad como elemento muy productivo para el poder. Obama pide que Dios salve a América, en Inglaterra es a la reina a la que hay que salvar y en todas partes se invoca un mito, que a veces es terreno, pero un mito. El marxismo también fue un mito cuasi religioso en la Rusia stalinista. No no sé si Dios creó al hombre, pero el hombre ha creado a Dios según le ha convenido en cada momento. Y esos símbolos dan miedo. La convivencia debe regirse por normas democráticas, pero cuando sacralizamos palabras y conceptos como pueblo, bandera, democracia, constitución, estatuto, himno… Entonces estamos convirtiendo en mito lo que es simplemente un instrumento práctico, terrenal y necesario. Estos tiempos dan miedo porque cada día se aplica con mayor rigor la frase de Jesucristo «El que no está conmigo está contra mí», que es una de las pocas cosas que no me gustan de los Evangelios (no se confundan, no hablo de religión).
***
(*) Qué curioso que la palabra mitificar significa crear mitos, y mistificar es engañar, con solo una S de diferencia.