No estoy nada nervioso
Hace años, cuando expresaba una opinión distinta a la que alguien tenía sobre un asunto, esta persona me despachaba afirmando que me encontraba muy nervioso y alterado. Esta práctica provenía normalmente de gente conservadora, que luego solía remachar con el latiguillo de que es normal que un comunista piense así, con actitud benevolente de perdonavidas. Y yo no estoy nervioso, tampoco suelo alterarme y desde luego mis relaciones con el comunismo siempre han sido muy críticas, hasta el punto de que algún comunista de terraza y cortado ha llegado a considerar que soy conservador. Porque resulta que los extremos se tocan, y cuando alguien trata de razonar con lógica, sin seguir una doctrina previamente dictada, resulta que es del ala contraria, está nervioso o debe atravesar un momento difícil y hay que perdonarle que piense distinto. Esto ahora se ha generalizado. Cuando pones sobre la mesa argumentos para apoyar tu pensamiento, el otro no es capaz de rebatir ninguno, y todo lo resuelve tratando de descalificarme por mi estado psicológico. Esto lo digo porque en los últimos tiempos he sido muy beligerante en asuntos de gran envergadura que -siempre en mi opinión- forman parte de una estrategia para arratrar con sota y mala, acabar con el estado del bienestar y condenar a la pobreza a gran parte de la población. Y a raíz de eso, hay gente que me obsequia con frases como «tienes que calmarte», «estás muy alterado» o preguntando por mi situación personal que ellos deducen influye en mi supuesto nerviosismo. Pues resulta que no estoy nervioso, que mi vida personal es como siempre y no me he afiliado a ningún partido comunista. Lo que pasa es que tengo un ojo en cada lado de la cara y veo cómo tratan de engañarnos son sofismas imposibles (recientemente De Guindos, sin ir más lejos), y ya que poco puedo hacer para detener este GENOCIDIO SOCIAL (es muy fuerte, lo sé, pero no es fruto de mi estado psicológico), quiero que al menos sepan que sé lo que están haciendo, y que no se arriesguen a meterme el dedo en la boca.
Ahora nuestra gente está ilusionada con la UD Las Palmas, aunque su juego no hace que tengamos demasiadas esperanzas. En cualquier caso, también será cosa de unos cuantos, y eso de que me hagan tragar que la UD Las Palmas es un sentimiento me resulta difícil de digerir. Ojalá ascienda; si finalmente ocurre, me alegraré mucho por todos, pero me iré de la ciudad el día que hagan el paseo en guagua descubierta. Me parece un exceso siempre, lo haga el Barça, la Selección española o la UD Las Palmas. Pero, en fin, supongo que a muchos les parecerá que lo que digo es producto del hastío despues de tanta demagogia en la que nos venden humo, y tratan de hacernos creer que los éxitos de algunos son de todos, pero los que cobraron primas multimillonarias fueron los jugadores de la selección, no los parados que tal vez tuvieron que ver el partido en un escaparate porque en su casa les habían cortado la luz. Así que de colectivo y representativo, nada de nada. Y que conste que me gusta el fútbol, pero eso también es personal. Digo.
Hay muy buenas plumas en esta generación, pero de todos ellos casi nacieron como abanderados Javier Marías y Muñoz Molina, uno más intimista y europeo y el otro más galdosiano, aunque con unas influencias de la novela norteamericana muy evidentes, y un cierto gusto por el jazz que no se corresponde literariamente con esa misma afición musical de Julio Cortázar. Desde el principio, se olía que serían estos dos los novelistas que encabezarían el listado en los manuales y en los galardones (Marías suena como posible futuro Nobel), y en el exterior también ambos han sido bendecidos por premios internacionales de renombre (ahora mismo recuerdo el Fémina, que se otorga en Francia). Y son ambos grandes novelistas, pero también lo son otros, que también gozan del favor de la crítica y del público pero posiblemente no hayan tenido la proyección internacional de los dos mencionados.