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Un temporal de novelas

zzzz308_150137.JPGEl paso mes de noviembre hubo un temporal literatura en la isla, diluvió buena poesía, y antes de la entrada del invierno todavía llovían libros como los de Noel Olivares y José Félix Sáenz-Marrero. Con el cambio de estación, tiempo pareció calmarse, pero inmediatamente, volvió la literatura, aunque esta vez el aguacero es de narrativa. El año pasado también cayeron novelas en la primera parte del año, y siguen corriendo las barranqueras de carrera larga con las últimas de Juancho Armas Marcelo, Pablo Martín Carvajal, Elio Quiroga y José Luis Correa, o las ediciones digitales de ATTK (Rafael-José Díaz, Santiago Gil, Juan Ramón Tramunt y Correa de nuevo). Pero ahora arrecia la tormenta, porque tenemos en las librerías, con la tinta muy fresca, las más recientes novelas de Javier Hernández Velázquez (Los ojos del puente), Miguel Angel Sosa Machín (Los pies del cielo), Ramón Betancor (Colgados del suelo) y la irrupción en la narrativa de Jonás Meneses, que nos ofrece una novela con un título sugerente y enigmático a la vez (Salacot). No puedo recoger toda el agua porque llueve mucho y bien, pero sí puedo decir que son todos los que están, aunque hay más. No sabría decirles cuál de estas novelas les recomendaría en primer lugar porque todas me gustan y hay diversidad de temas y géneros, y sus autores, a pesar de escritores son amigos. Había otro… Espera… Uno que publicó el Premio Getafe de Novela Negra… Otro que dio el campanazo porque ganó el Dassiel Hammett… Otro que publicó una falsa novela norteamericana de antaño bajo el heterónimo M. A. West… Otro que acaba de publicar Las flores no sangran… ¡Ah, sí! Resulta que el autor de las cuatro últimas novelas es la misma persona, responde al nombre de Alexis Ravelo y va como un tiro. Hay donde escoger, verbo de difícil conjugación en este buffet de exquisiteces. La solución perfecta es leerlas todas, porque vienen más.

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Las victorias del petróleo

La verdad es que cada día admiro más a los políticos por esa capacidad de disparatar sabiendo que los demás sabemos que disparatan. Paulino Rivero se lo apunta como una victoria, por lo que deduzco que los sacrificios que ha ofrecido a los dioses de Ucanca han hecho desaparecer los hidrocarburos. A ver, presidente, NO HABÍA PETRÓLEO. Las voces del Partido Popular, por su parte, desautorizan al Gobierno de Canarias y a los cabildos de Lanzarote y Fuerteventura, y los acusa de malgastar dinero público en campañas. Unos y otros tratan de venderse como ganadores de no se sabe qué, porque este año hay citas electorales y -es una opinión personal- están ahuyentando a los electores, que luego votarán -si es que votan- lo que mejor les parezca, con lo que tendremos otra función de rasgado de vestiduras.
DSCN4335667777.JPGPorque aquí la culpa siempre es de otros: el gobierno central es insensible con Canarias (véase lo que pasa en transportes, sanidad, educación o asuntos sociales), y el gobierno de Canarias se golpea el pecho a lo Tarzán porque en 2014 se ha batido el récord de turistas y de gasto por visitante, y no ha movido un dedo para que esa bonanza se refleje en puestos de trabajo y calidad del empleo y los salarios (¡que hay un 33% de paro, presidente!). Así que, el culebrón que ya ha empezado se lo regalo, voy a hacer zapping mental. Creer, lo que se dice creer, ya no creo a nadie, porque hasta el Papa Francisco ha perdido un oportunidad para callarse cuando habló en Filipinas de los atentados de París.

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La hipocresía y la desvergüenza

azxcFoto0104.JPGLa hipocresía es la conducta que trata de aparentar lo que no es. Supongo que nació en el mismo momento en que se manifestó el primer atisbo de inteligencia humana, y desde las culturas más antiguas fue criticada como contraria a la sinceridad. Al mismo tiempo, el mundo y los siglos de cultura se han construido también desde las apariencias, ocultando lo menos agradable y tratando de que lo que se viera fuese lo que la sociedad tenía como virtuoso en cada momento. Se decía, por ejemplo, que la mujer del César no solo debía ser honesta, también tenía que parecerlo. Las apariencias otra vez. Para convivir tratamos de combinar la sinceridad con una especie de hipocresía social, de otra forma estaríamos en conflicto permanente. Lo que ya no tengo claro es en qué punto estamos ahora mismo en este mundo, en el que se supone que hay que mantener unas posiciones lógicas y equilibradas, aunque solo sea con vista a los demás. Me da la impresión de que nos hemos quitado la careta, porque ya nuestra sociedad no oculta su clasismo, su racismo y la maniobras que antes no eran públicas. Hay 10.000 muertos por ébola en África y no pasa nada; se infecta una persona en España o en Estados Unidos y es noticia permanente en todos los informativos. Unos terroristas matan a docena y media de personas en Francia y el mundo se paraliza y se manifiesta en París con sus más altas personalidades a la cabeza; otros terroristas asesinan igualmente a 2.000 personas en Nigeria y no pasa nada, como tampoco pestañeamos con las docenas y docenas de muertos de cada día en atentados tremendos en Afganistán, Siria Irak o Paquistán. Los que mueren de hambre tampoco interesan. Es que ni siquiera se guardan las formas, y ya casi son recorrido turístico los sin techo que ha dejado la crisis en el Primer Mundo. Y los dirigentes (no solo los políticos, que también) siguen mintiendo, sabiendo que lo sabemos, con sus estómagos llenos y sus carísimos ropajes bien planchados. Si la hipocresía es mala, no sé qué decir de la desvergüenza y la insensibilidad.