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¿Interesa «esta» política?

A menudo me pregunto si la política interesa tanto a los ciudadanos como para que sea a todas horas la estrella de los medios informativos. La respuesta es sí, la política interesa, pero no la que dan los medios, sino los resultados de toda esa gestión de la que se habla, se comenta y se emborrachan en un remolino que cada vez se parece más a los procedimientos de la prensa rosa, donde un gesto, una palabra o un equívoco hace correr ríos de tinta. ¿Quiénes hablan entonces de políticas? Creo que quienes se dedican a ella de manera profesional, bien sea como gestores públicos, funcionarios que trabajan cerca de los anteriores o periodistas que tienen la misión de informar y opinar. Es posible entonces que los medios de comunicación vengan a ser una especie de boletín múltiple y endogámico que nace y muere en los políticos.
criiiico.JPGQuiere el ciudadano saber qué sucede con la educación, con la sanidad, con las obras públicas que le afectan, con el sistema de pensiones, con las posibilidades que sus hijos jóvenes tienen de incorporarse al mercado de trabajo. Eso es en realidad la política real, pero no la ficción que se vive en los medios como en una gran representación escénica. Continuar leyendo «¿Interesa «esta» política?»

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La furgoneta enterrada en el barro

La furgoneta estaba atascada en el barro. Era una vieja Volkswagen de las que los hippies hicieron bandera en los años 70 y que en Canarias llamaban Cyrasa porque la solía usar una agencia de viajes con ese nombre. Tenía años, pero un motor que se refrigeraba por aire y no se rompía ni a martillazos. Eso sí, gastaba muchísimo, su carburador era un saco sin fondo, pero siempre seguía ahí, a pesar de los malos conductores, del exceso de peso y de las endiabladas carreteras de tierra por las que la metían. Y ahora tenía las cuatro ruedas enterradas en el barro. Sus ocupantes estaban cansados, nerviosos y hambrientos. No se llevaban bien, pero tenían que viajar juntos porque no había otro medio de transporte en muchos kilómetros a la redonda. Y ahora tocaba empujar, pero el tipo rubio no quería bajarse porque se le embarraban los botines nuevos, la chica pelirroja alegaba que si empujaba se le rompía la falda que le quedaba muy ajustada, el conductor se aferraba al volante y decía una y otra vez que la furgoneta era suya y que lo suyo era conducir, la muchacha de pelo castaño con coleta que había subido haciendo auto-stop argumentaba que ella no tenía que ver con los demás y que lo que había que hacer era cambiar de furgoneta. Pero no había otra, y estaba atascada. Continuar leyendo «La furgoneta enterrada en el barro»

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Sensaciones de verano pegajoso

Tal vez sea solo una impresión mía, pero la resaca de las elecciones del 26-J, que se me antojaba ruidosa, está sonando muy lejana, como si la gente estuviera anestesiada y ya le importara un pimiento ese juego repetitivo que se traen los partidos políticos. Hace unos meses, se veía como una gran catástrofe que se repitieran las elecciones, y ahora, cuando alguien dice que pudiera ser que los números parlamentarios nos encaminasen de nuevo a las urnas, nadie se lleva las manos a la cabeza. No sé si es pasotismo o resignación, pero el caso es que, de repente, esos grandes cambios que eran urgentes e inaplazables, pasan a un segundo plano y solo se oye hablar sumas, abstenciones y conveniencias partidarias. Con ironía, se comenta que es mejor estar sin gobierno, cuando eso no es verdad, porque, además del mucho trabajo interno que hay pendiente, hace falta que España aporte a la UE un gobierno con todas sus prerrogativas, porque también en Bruselas hay grandes desafíos.

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