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La Orden de la Sonrisa

 

Aunque parezca que lo hago, no estoy hablando de política. O sí. Lo que quiero comentar es el cansancio que agarrota a muchas personas que conozco. Cabría decir que somos unos blandos, que nos agobiamos por poca cosa, o bien que esta cantinela se alarga indefinidamente en el tiempo. Yo creo que no es por ninguna de las dos cosas, ya se han vivido momentos muy duros y también otros que se eternizaron, y hemos aguantado. Entonces la respuesta debe ser otra. Hace ya bastantes días me preocupó que me sintiera sobrepasado, pero pronto me di cuenta de que lo mismo está pasándole a otras personas. Y es raro, porque un momento social del calado del actual debería tenernos atentos.

 

 

Pero resulta que no. Se ha establecido una especie de intento de desconexión entre nuestros cerebros y el ruido que nos llega. Sé de mucha gente que, como yo, pasa directamente hasta de los envíos bienintencionados en clave de humor (chistes, memes, parodias). Los reciben y los borran sin mirarlos. Mi impresión es que lo que cansa no es el exceso de noticias, las distintas opiniones, los disparates que se gritan desde uno y otro lado; lo que realmente nos tiene quemados es que hemos empezado a percibir que lo que se hace, se dice, se grita o se mueve forma parte de una especie de juego, mezcla de escondite, ajedrez y póker, que se hace como espectáculo mediático, y que el verdadero juego es otro, del que desconocemos las reglas, los premios, el propósito y hasta los verdaderos jugadores.

 

Juegan con nosotros al juego del bobo de nuestra niñez, en el que dos mayores se tiraban una pelota y el pequeño que estaba en medio nunca lograba cogerla porque esta pasaba muy alta. Y como todo esto es un arcano que nada tiene que ver con lo que nos llega, nos agota el constatar que lo ignoramos casi todo y nos negamos a que sigan haciéndonos luz de gas. Por eso, y constatando que en nada va a influir lo que pensemos o digamos (es que no sabemos de qué va esto y la pelota está fuera de nuestro alcance), la idea que ha ido incrustándose en nuestro cansancio es la de que nos torean mientras ellos hacen lo que quiera que estén haciendo. Y ni me molesto en preguntar porque dudo incluso de si algún día -como tantas cosas- llegará a saberse.

 

Y en este fangal de hipótesis, incertidumbres y palabrerío, crecen frondosos los cuñados. El cuñadismo es una corriente psico-socio-político-filosófica que consiste en pontificar sobre cualquier asunto, se sepa o no de él, tratando de tener la última palabra. Si siempre hubo quien te explicaba temas concretos con terminología técnica que oyeron en un programa de televisión o leyeron en un prospecto médico y de la cual solo sabían el nombre (a veces un poco trastocado), con la irrupción de internet, el cuñadismo florece en todo su esplendor. Imaginamos al cuñado verborreico en la cena familiar de Navidad, pero ya es cosa general, sin distinción de sexo, edad, condición o creencia. El cuñadismo se ha democratizado, ¡Aleluya!

 

De toda la amplísima gama de especialidades cuñadistas, en las conversaciones que mantengo y en las que escucho sin querer en la guagua, la panadería o cualquier sala de espera, me llama especialmente la atención el auge del supuesto conocimiento que se aparenta tener de las propiedades y los efectos de determinados elementos, cuyos nombres acaban en -ina, que van desde las hormonas a cualquier otra sustancia que produzca el cuerpo humano o que se le pueda administrar.

 

Habíamos oído hablar de las endorfinas, de la adrenalina y de drogas muy poderosas, como la morfina, que tienen aplicaciones médicas. Pero es que ya se habla entre legos de prolactina, melatonina, tirotropina, vasopresina, serotonina y, la más glamurosa y peligrosa sustancia relacionada con el amor, y que te hace escuchar entre adolescentes que la pasión arrasadora surgida en los corazones de Romeo y Julieta sucedió porque iban hasta arriba de oxitocina, un nonapéptido de 9 aminoácidos (cuñadismo en la cima de la gloria), ya que sus cuerpos la producían y se ve que tenían estropeado el regulador. Y viendo qué disparates están provocando los políticos en todas las latitudes, continentes y puntos cardinales, me pregunto qué sustancia les está nublando el juicio, aunque me temo que podría llamarse mezquina, cretina o egotina. Tendré que prestar más atención a las conversaciones ajenas en la cola de los embutidos.

 

Aunque me gusta ser persona informada, empieza a darme pereza escuchar un informativo, ver un telediario o incluso leer un periódico. Es deprimente ese bombardeo de malas noticias, que llevan varios años dando vueltas a la noria y nunca sucede algo que rompa el círculo vicioso de un mundo que parece atrapado por la desidia. Como de alguna manera yo participo en esa historia mediática, ya me estoy cansando de hurgar en la misma herida, porque lo que verdaderamente importa no interesa. ¿Creen que de verdad tiene importancia para el futuro colectivo que ese frente amplio de la izquierda sea liderado por Juana de Arco o la cuñada de Supermán? Me explico: Lois Lane es la medio novia de Clark Kent, el tipo que va de ingenuo pero que es Supermán; Lois es hija de un general y tiene una hermana que se llama Lucy, que sería la cuñada de Clark, y que no sé si se entendería con Ada Colau… Es una historia muy larga que empezó en el planeta Kripton cuando Marlon Brando… No, no, fue antes… Mejor, lo dejamos.

 

Se debaten siempre los mismos mantras y los partidos políticos ya solo son maquinarias para captar votos. Y como eso, docenas de idioteces que ocupan mucho espacio y que no resuelven absolutamente nada. Me gustaría escribir comentarios que arrancasen una sonrisa, glosar noticias agradables, incluso contar chistes malos (los chistes malos tienen poca gracia, pero mucha ternura). Y no dan ganas porque uno ve a la gente por la calle con la cabeza baja, contando las baldosas de las aceras, hablando hacia adentro como si hubiera una conspiración hacia lo negativo. No sería mala idea crear una especie de orden de la sonrisa, que quienes nos asomamos a los medios nos propusiéramos neutralizar esas palabras oscuras con las que nos despiertan cada día. Lo he intentado, y tal vez lo de la cuñada de Supermán podría colar. O no.

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Los barrios también son el Estado

 

Con las tensiones políticas que nos sobrevuelan, sea el ruidoso fin de fiesta de esta inútil legislatura, Ceuta, la vivienda, la inflación galopante por causa de dos guerras que alguien tiene que explicarme porque pierden todos, la estúpida cantinela de que hay fútbol a todas horas (en un canal de las docena de sintonías posibles), no sabe uno si meterse a hablar de literatura (nunca crítica porque soy juez y parte), caracolear alrededor de esa aturdidora campaña electoral que ya está en marcha, con argumentos de jugadores de póker porque me parece que ni los propios políticos saben muy bien con qué cuento piensan dormirnos, creo que si bajamos al suelo raso, a la vida cotidiana, al barrio, estaremos hablando de todo.

 

 

El fin de semana anterior se celebró en el Centro Cívico Suárez Naranjo de Arenales el encuentro Pella de libros, un evento organizado por la escritora Carmen Nieto que ha reunido un plantel muy estimable de personas que merodean la literatura: creación, crítica, investigación y sociología. El encuentro contó con nombres canarios de largo recorrido y otros nuevos que se esperan luminosos, junto a figuras importantes de la literatura nacional, como Carlos Zanón, Jon Arretxe o Susana Rodríguez Lazaun, cuya presencia quedó reflejada en la cobertura que dio este medio la semana anterior.

 

Este era un evento para los grandes escenarios o para el espacio universitario. Pero unas jornadas de esta envergadura encontraron cobijo en el mencionado centro municipal del barrio de Arenales, lo que considero un gran acierto de quienes las organizaron, porque la vida de los barrios depende de cómo palpite su corazón, que es la calle, la vecindad, la sensación de pertenencia. Las Palmas de Gran Canaria no es solo Triana, Vegueta y el dinamismo de la zona portuaria. Hay en esta ciudad barrios que tienen historia y otros que la están haciendo, que se cimentan en lo colectivo, casi una forma de vida, además de los barrios dormitorio de esta ciudad tan compleja geográficamente, hay lugares señeros y muy especiales, cada cual a su manera, como La Isleta, Guanarteme, Tamaraceite, San Cristóbal o Alcaravaneras. Y otros que van dejando su impronta, nueva pero potente, como Las Torres o Siete Palmas, sin olvidar los del ensanche (La Ciudad Alta) y desde siempre los Riscos.

 

Y en el centro, como masa que unifica espacios, ya es un clásico el barrio de Arenales, que toma su nombre de la arena sobre el que está construido, un barrio con vida propia, que antaño se mezcló con platanares, fue sede de una de las grandes tabaqueras insulares y cuenta con la memoria mítica de Cervecería La Salud. Este barrio es el de los edificios del Gobierno, las distintas administraciones estatales y autonómicas y la Comandancia de Marina; también estuvo el Campo España, fuente del primigenio fútbol isleño, y que ha acabado por ser el corazón del estudiantado grancanario desde hace muchas décadas, desde el legendario Instituto itinerante, las escuelas de Ingeniería y Magisterio, hasta el actual espléndido edificio universitario de Humanidades. Todo eso es el barrio que empieza en Bravo Murillo y acaba en Juan XXIII, justo cuando empieza Ciudad Jardín.

 

Arenales es tal vez el barrio más vertebrador de la ciudad, que también tiene sus claroscuros, algunas zonas que se han ido degradando socialmente y que a veces pienso que nada se hace por recuperarlas como receta para que se extienda el deterioro. Por eso decía al principio que al hablar del barrio hablamos de todo, porque uno de los peligros para la pérdida de identidad de las ciudades es la gentrificación, esa mancha silenciosa que hurta espacios de siempre para crear focos de especulación. Ya los estamos viendo en La Isleta, Guanarteme o Las Torres, y eso hace que la ciudad pierda personalidad. Estamos destruyendo precisamente lo que mostramos al visitante, nos está pasando como con el paisaje rural. El dinero parece justificarlo todo, pero esto es pan para hoy y hambre para mañana, y empieza a ser hambre inmediata para los sectores sociales más vulnerables.

 

Se me hace muy difícil pensar que los políticos puedan estar legislando y gestionando con tanta incompetencia porque obedecen “sugerencias” de quien maneja los hilos del dinero. No quiero creerlo, pero tantas acciones y omisiones una y otra vez, aquí y allá, acaban minando la credibilidad, aunque la alternativa a esta explicación es la ineptitud continua, versión tan inquietante como viajar en una guagua por una carretera peligrosa y que al volante vaya alguien borracho y sin carnet. Todo esto tiene que ver con la vivienda, con la economía, con la legislatura ruidosa, con la ineludible conclusión de que se usa el poder como fin, no como medio, y es solo el poder lo que importa, mantenerlo si se tiene o alcanzarlo si no.

 

La labor que hacen las asociaciones de vecinos es tremenda, pero los poderes públicos no atienden, solo están en la lucha por el poder. No saben -o no quieren saber- porque desprecian las fuentes. La asociación Fuera de la Portada, del barrio de Arenales, ha creado una dinámica en la que implica al vecindario, y busca la manera de que siempre haya actividades, sin que caiga por allí dinero oficial alguno. El tiempo de quienes bregan cada día con eso es gratis, pero ni siquiera se les escucha. Por eso me pareció que ubicar allí las jornadas de Pella de Libros es un gran acierto, porque la literatura (o cualquier otra actividad) tiene que llegar a todas partes, y por eso resultó emocionante la respuesta del barrio, porque la gente detecta a quienes salen de su armadura y forman parte de una idea común. No olvidemos que también es Estado, seguramente la célula social más pequeña del Estado.

 

Cuando escuchaba en los medios la incidencia electoral de las acampadas, de cómo afectará al reparto de escaños esta o aquella fecha de las elecciones, me di cuenta de que seguiremos pendiente abajo si, cuando se produzca la posible llegada de Feijóo, todo se despacha con que han recibido una mala herencia, o si sigue Sánchez (en teoría puede suceder) va a continuar el mismo ruido y la misma charanga, y lo único que les importe sea el poder a cualquier precio. Con el cambio de voto de Junts el pasado viernes en el Congreso, hemos visto la muestra de cómo se mueven las fuerzas en los sótanos del poder. La política es para preservar la convivencia y el Estado, y lleva demasiado tiempo siendo otra cosa. Si esto no cambia, dará igual quien gobierne.

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¿Quién nos ha robado el alisio?

 

Desde siempre hemos sentido que desaparecen cosas, si inmateriales no, sí invisibles por sí mismas, aunque sean delatadas por sus efectos. Los poetas han convertido un órgano vital, el corazón, como lugar físico en el que se aloja el amor, ese otro concepto que reconocemos como elemento tangible, otra vez por sus consecuencias. Así, hemos ido escuchando cómo a alguien le habían robado el corazón, o quejas sobre la falta de esto o de lo otro, y con demasiada frecuencia se denuncia un robo, aunque no se tiene ni idea de quién es el ladrón ni cómo ha sucedido. Hace casi cuatro décadas, Joaquín Sabina se hacía esta pregunta convertida en canción: “¿quién me ha robado el mes de abril? / Lo guardaba en el cajón / donde guardo el corazón”. Claro, con la tendencia que hay a robar corazones, ¿a quién se le ocurre guardar el mes de abril en el mismo cajón? Pudiera ser que nadie quisiera robarlo, pero cuando se llevaron el cajón, el mes de abril se fue con él. Un accidente.

 

 

Anda por internet una frase que tiene buena música, pero cuando tratas de descifrarla es rarita. Funciona porque pensar en serio es molesto, puede producir tensión de cuello, latidos en las sienes, y, si pensando descubres algo que no te gusta, puede incluso crearte un conflicto interno que no se cura con un analgésico. La mentada frase reza así: “Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera”, y se la atribuyen a Neruda, aunque yo no la he visto en ninguno de sus muchos libros. Si la miras bien, la secuencia es incorrecta, porque las flores no son causa, sino consecuencia de la primavera. Si hay flores que cortar, es que antes hubo primavera (¡uf, la migraña!) El caso es que por lo visto hay un ente empeñado en dejarnos sin abril, sin primavera y vaya usted a saber de qué más quiere despojarnos. Mario Benedetti publicó en 1982 una novela con el título Primavera con una esquina rota; es decir, no le robaron la primavera, se la destrozaron, y denuncia quien, cómo y por qué.

 

Y ahora noto que faltan los vientos alisios. No sé si los han robado, pero no se comportan con siempre, pues los manuales climatológicos dicen exactamente que “Los vientos alisios en las Islas Canarias son corrientes de aire frescas y húmedas que soplan de manera constante desde el noreste, funcionando como un regulador térmico natural que mantiene al archipiélago en un clima suave durante todo el año”. Y eso ya empieza a fastidiarme, porque estaremos de acuerdo en que, un 25 de septiembre, a medianoche, haya una temperatura ambiente de 29 grados en Las Palmas de Gran Canaria, no solo no es normal, es inédito, y que todo este noveno mes haya sido tan extremadamente caluroso es una prueba irrefutable de que nos han robado el viento alisio.

 

Dicen que, por latitud geográfica, nos corresponde tener este clima sahariano (El Sahara está ahí mismo), pero el alisio y la circular corriente del Golfo que por aquí retorna al Caribe dulcifican el clima, y es por eso que solían hablar de la eterna primavera quienes por lo visto no han pasado una ártica noche de enero en las cumbres y medianía canarias. Para la costa sí que valía el eslogan. Pues va a ser que, con el alisio, también nos han robado la primavera. Estarían en el mismo cajón, es que somos muy desordenados, y nos pasa con frecuencia, como hace años con la esterlitzia, que figuraba como llamada turística, junto a la leyenda “Canarias, naturaleza cálida”, cuando en realidad no es una flor autóctona.

 

Antes de que Canarias se convirtiera en un destino turístico de primer orden, el sector primario tenía una importancia esencial, especialmente la agricultura y la ganadería. Y a los campesinos lo único que les preocupaba era si llovería ese año, porque su economía dependía de que hubiera agua para recoger en los estanques y para nutrir los manantiales. Llegó a la isla de Gran Canaria el meteorólogo Antonio Naya (algunos decían Anaya), quien, después del diario radiofónico hablado de las nueve de la noche, daba un parte meteorológico muy profesional, aderezado, además, con vocabulario peninsular, pues este hombre era catalán, y estuvo casi dos décadas en la isla, hasta que fue trasladado a destinos superiores en 1970.

 

Fueron años de gran escasez de lluvias, y la expresión “pertinaz sequía” se incorporó temporalmente al léxico isleño. Pero el campesino quería que se le hablase de manera clara, como hacía el Almanaque Zaragozano, que pronosticaba el tiempo anual y era de obligada compra cada diciembre, pues estaba en casi todas las casas campesinas. Naya hablaba con lenguaje específico, pero el léxico meteorológico no se correspondía con el que se usaba en nuestros campos. Cuando acababa el parte meteorológico, los campesinos que se agrupaban alrededor de los escasos receptores de radio que había entonces, trataban de traducir lo que habían escuchado, y nadie daba pie con bola. Al final nació una frase que aguanta el paso del tiempo: “esto es pa’ más caló”.

 

Llamaba la atención la terminología: isobaras, milibares, humedad relativa, nubes de desarrollo vertical, estratocúmulos o polvo en suspensión. El anticiclón de las Azores era un ser animado e informe que obraba según le parecía, pero sin duda la estrella invitada era el alisio, un viento nuevo que nada tenía que ver con el “leste” o el tirajanero. Si equiparar precipitación con lluvia era demasiado novedoso, tratar de explicar el concepto de precipitación horizontal en nuestros bosques de laurisilva fue tarea ímproba (¿es que acaso ahora llueve de lado?)

 

Así que, los campesinos volvían a su Zaragozano de siempre, a recordar qué había anunciado el pastor del Monte de Pavón que hacía las cabañuelas, o a medir la verticalidad del Lucero de las tardes de verano (Venus), sobre esta o aquella montaña, según qué zona de la isla. Pero las gran aportación léxica de Antonio Naya fue sin duda el viento alisio, que erre que erre entró en un campo semántico nuevo, en compañía de mar de nubes o panza de burro, por lo que deduzco que este recalentamiento de septiembre se debe a que, por desgracia, el entrañable y recordado meteorólogo Antonio Naya falleció en 2008, y tal vez haya que buscar a alguien que ponga las cosas en su sitio, y se encargue de vigilar y controlar con su misma inagotable pasión el anticiclón de las Azores y los salvadores vientos alisios.  Es que si no…