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Epístola al obispo de Roma

 

Al papa León XIV:

Como esta es tierra acogedora, le doy la bienvenida. Se ha buscado en su genealogía algún vínculo con Canarias. Eso es muy propio de por aquí, enorgullecernos de que grandes figuras tengan una ascendencia canaria, aunque sea en décima generación. Se ve que nuestra sangre da grandes figuras, que construyeron ciudades imperiales rusas, escribieron gramáticas muy necesarias en su tiempo, trajeron la ilustración y la prensa a España o independizaron media docena de repúblicas, siempre muy lejos. Este archipiélago se ha ido repartiendo y también han venido a Canarias desde toda la rosa de los vientos; por ese doble mestizaje somos una rareza demográfica y nos ha llevado a una carga poblacional que nos sobrepasa. Lucimos la opulencia y el bienestar, mientras tenemos los salarios más bajos de la UE y hay al menos dos generaciones que ni siquiera pueden soñar con un techo propio o en alquiler.

 

 

Es usted muy inteligente, pero ya sabe que tenemos gente con una gran habilidad para mover la bola y esconderla donde parece que no está. De todo lo que lo que lo define, me ha impresionado, que, además de los doctorados en derecho canónico y teología, que son habituales en los príncipes de la Iglesia, también ha realizado elevados estudios en matemáticas, que es la puerta de entrada más fiable al conocimiento científico. Su reciente encíclica Magnifica humanitas procede tanto de su bagaje humanístico como del conocimiento profundo de las ciencias, disciplinas que no siempre se han llevado bien. Probablemente será un hito en la nueva doctrina social de la Iglesia, que se generó cuando fue publicada la Rerum novarum a finales del siglo XIX. Entonces, León XIII quiso poner luz sobre la metamorfosis social que estaba produciendo la segunda revolución industrial, ahora se analiza y advierte sobre cómo afectan a la humanidad la irrupción de elementos tecnológicos que pueden empujarnos a situaciones de desigualdad contra las que ya clamó su ilustre antecesor en 1891.

 

Y en medio de estas tribulaciones, se intensifican las migraciones, ocasionadas por situaciones terribles en origen, que también suelen ser arbitrarias, cuando no inaceptables, en destino. Ese drama, que lastra de sufrimiento e iniquidad la ruta migratoria marítima más letal de La Tierra, fue el detonante y es el motivo principal de su viaje a Canarias, que ya estuvo en las intenciones del papa Francisco. La idea original era la de visibilizar el drama que se materializa en nuestras costas, y no hay un lugar donde se sufra y se viva el dolor y la solidaridad como en la isla de El Hierro, la del Meridiano, la del fin del Mundo. No hay símbolo mayor de sufrimiento y generosidad que el puerto de La Restinga.

 

Pero la política de apariencias y distracciones se ha hecho presente una vez más en Canarias y en España (ya le comenté que el que no corre vuela); lo que iba a ser un gran clamor se ha tornado exhibicionismo y teatralidad, que se diluye entre unas plegarias en el Bernabéu, espectacularizadas cual intermedio de la Super Bowl, la torre cenital de Gaudí y no sé si ahí entrará el mojo picón. Sin embargo, creo que, cuando urbi et orbe se transmita su imagen desde el puerto grancanario de Arguineguín o desde el tinerfeño Centro de Acogida de Las Raíces, se amplificará astralmente la denuncia de un fenómeno que está afectando a todos los continentes a causa del deterioro medioambiental, las desigualdades, la avaricia, el odio y la guerra; en dos palabras, la injusticia. El valor de su presencia en estos lugares que absorben tanta congoja equivale a testimonio y denuncia. Supongo que influyeron factores ajenos en esta decisión, pero en la isla de El Hierro habría sido un grito de una dimensión colosal; con los medios existentes, no es convincente la excusa del tamaño del aeropuerto.

 

Ya habrá caído en la cuenta de que Canarias es posiblemente uno de los territorios a los que la Iglesia lleva prestando atención desde finales de la Edad Media. Aparte de Roma, dudo que haya en el mundo un espacio tan pequeño con tanta incidencia del papado. Desde que, en 1351, fue erigida la diócesis de Telde en territorio grancanario aún poblado y controlado por los guanches, fueron creadas con obispos titulares durante el siglo XV las diócesis de San Marcial del Rubicón en Lanzarote, Fuerteventura con sede en Betancuria y la Canariensis en Gran Canaria, que finalmente asumió el territorio de todas las islas hasta la creación de la diócesis tinerfeña con sede en La Laguna. En la conformación de estas demarcaciones y luego las parroquias, está el origen y el devenir histórico de la mayor parte de las poblaciones de este archipiélago. Hay que decir que en estos nombramientos tuvo mucho que ver la época cismática en la que sucedieron, puesto que unos fueron dados en Roma y otros en Aviñón o en Constanza. Y estas titularidades episcopales vuelven a estar en vigor, ostentadas por obispos con otro destino real.  Con esto quiero señalar que la Iglesia católica ha sido una constante en estas islas y tiene una gran incidencia en lo que somos, para bien y para mal.

 

Su voz es necesaria porque es importante que alguien con su carisma plante cara a quienes pisotean el derecho internacional y la multilateralidad, como el presidente de su país, que tal vez pensaba que, ya sentado en la silla de Pedro, un norteamericano callaría. Tengo que aplaudir su discurso del lunes 8 en el Congreso de los Diputados, porque repartió estopa a dextra et sinistra. A unos no les habrá gustado que se opusiera al aborto y la eutanasia y a otros que les dijera que no se puede amar a Dios mientras se menosprecia a otros seres humanos. Ninguna sorpresa, por otra parte, porque si un papa dijera hoy lo contrario ya no sería la Iglesia católica, sino otra cosa. Lo curioso es que, tanto a unos como a otros les ha parecido muy bien, con esa capacidad para mover la bolita de la que ya le hablé. Que un líder religioso hable en una cámara representativa es un asunto muy resbaladizo, aunque en su caso también es un jefe de estado, y esto suele ocurrir de vez en cuando; eso sí, lo usual es que sean discursos protocolarios, sin entrar en concreciones de lo que es otro estado. No sé si ha hablado como líder de la Iglesia o como soberano de la Ciudad del Vaticano. En los dos casos, me invade la duda, pero me gustó escucharlo, por la contundencia directa de sus palabras.

 

A pesar de los cortes de tráfico y de que la Iglesia española no haya tenido un siglo XX muy evangélico (los anteriores tampoco, para qué negarlo), le reitero la bienvenida. Hoy faltan miradas limpias y palabras conciliadoras pero firmes. Tal es la importancia de su visita, que será reseñada durante siglos como un hecho muy singular en la historia de Canarias. No tome en cuenta lo que traten de aparentar nuestros dirigentes; permítame sugerirle Lucas 23:34: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». O sí lo saben, pero no pueden evitarlo.

 

Queda a su disposición.

 

Emilio González Déniz.

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Triunfos y fracasos deportivos

 

Con el final de la primavera, llegan las celebraciones y las lágrimas del deporte porque se determina quiénes alcanzan sus objetivos y los que sufren por perder la categoría, que en los deportes profesionales significa también un quebranto económico, cuando no una catástrofe. La mayoría de estos deportes, especialmente en el fútbol, el reparto de dividendos por derechos de imagen y televisión es escandalosamente  desproporcionado, de manera que, quienes quedan muy alto en la tabla cobran mucho y los de abajo apenas alcanzan unas migajas, lo que significa que esas diferencias deportivas van a perpetuarse porque quienes más cobran más se refuerzan, y las ligas parten generalmente con una gran desigualdad.

 

 

No quiere esto decir que el dinero determine matemáticamente los resultados, porque hemos visto proyectos muy caros que no han alcanzado sus metas, pero, por lo general, salvo delirantes administraciones y errores caprichosos, las glorias serán para los más ricos y las penas para los más pobres. Hay equipos con estructuras muy diferenciadas, tanto en las sociedades a las que dicen representar como en el modo en que se administran y ante quien responden. En Canarias, la presencia de lo público en estos equipos es importante, desde el uso de un estadio de fútbol millonario, propiedad del cabildo de la isla hasta que ese mismo cabildo parta el bacalao en una entidad que tuvo su origen en el ya legendario Claret, que muchos hemos visto crecer hasta cimas nunca imaginadas en su prehistoria.

 

Quizás esta implicación pública es necesaria, dadas las dificultades añadidas por la insularidad y la lejanía, y la necesidad de que su presencia sea notoria por esa idea de que sus triunfos señalan a nuestras islas ante los ojos foráneos. Si está aceptado que se nota en distintos aspectos cuando un equipo nuestro está en la máxima categoría, no seré yo quien lo contradiga, porque debo suponer que quienes llevan la manija lo tendrán más que comprobado. Lo que he visto en la última década es que las cifras turísticas -que parece que son las únicas que interesan- han subido año tras años, independientemente de si los llamados equipos representativos jugaban en primera o incluso más abajo de la segunda división, como ha ocurrido esta última temporada con el CD Tenerife. Cuando los números bajaron, fue por otras razones, como problemas con turoperadores o la pandemia, pero no porque este o aquel equipo canario fuese goleado en Mendizorroza o llegara incluso a ganarle al Barça en su propia casa, como ocurrió con la UD Las Palmas la misma temporada que descendió. Pero si todo eso funciona, será así y doctores tiene la Iglesia, aunque yo no consiga relacionar causa-efecto. También pudiera ser que no se comunica bien o, vaya usted a saber, ni siquiera intentan explicarlo.

 

Sí es verdad que hay ilusión cuando las cosas van bien deportivamente, y que puede haber una decepción colectiva cuando las cosas van mal, aunque no sé en qué porcentaje de la población se hace notorio. Sé que hay personas muy entregadas a la UD Las Palmas, y otras que rozan el romanticismo por su apego al Granca de Baloncesto y que estos días están casi de duelo por el descenso, porque han sido muchos años siendo parte muy activa de una afición entusiasta. Pero no sé en qué medida y cómo incide en sus vidas que un equipo ascienda, sea campeón de su liga o, por el contrario, pierda la categoría.

 

Entiendo que soy un seguidor tibio, y cuando veo un partido quiero que ganen los que visten de amarillo y azul, pero cuando el árbitro pita el final de cada partido, da igual si ha sido una gran victoria, un partido bochornoso o uno de esos que ni fú ni fá; vuelvo a la realidad y agradezco el ratito de evasión que he pasado, pero es como cuando salgo del cine, mi vida no da un giro copernicano cuando veo una buena historia ni se hunde en la depresión si la película es un truño. Es verdad que hay cosas que no se olvidan, pero les aseguro que vi toda la magia que derrochó Germán Dévora,  en el Estadio Insular y alguna vez en La Península.  Eso es lo que obtuve como persona, complacencia ante una jugada bien realizada. El disgusto no me empujó a alistarme en la Legión Extranjera francesa, cuando, en los años ochenta, después de una quincena larga de años magníficos entre los mejores, la UD Las Palmas cumplió un ciclo y descendió a segunda. Ya vendrán tiempos mejores, me dije. Y vinieron, y se fueron y volvieron, porque la vida es una montaña rusa.

 

No es plato de gusto que haya descendido el Granca de baloncesto. Pero estas cosas suceden, sobre todo cuando no se está entre los de economía muy fuerte, aunque esos lo pasan peor, porque si no son campeones consideran que han fracasado. Estoy convencido de que, si el ya mítico Claret logró destacar durante más de tres décadas en España y en Europa, volverá a hacerlo, y tal vez entonces valoremos más lo ya conseguido. Somos muy injustos con otros deportes, porque esta misma semana el Rocasa de balonmano femenino, Las Guerreras, se ha proclamado campeón de liga, nada menos, triunfo que consigue por segunda vez en su historia; y el Guaguas de voleibol sigue su marcha triunfal, al ganar por cuarta vez consecutiva la liga de esta temporada, y acumula cinco títulos en seis temporadas, marca que generalmente solo está al alcance de los poderosos. Pues claro que hay triunfos deportivos para celebrar en las Sanjuaneras.

 

Y ahora a ver qué pasa con la liguilla de ascenso que va a jugar la UD Las Palmas, pero eso no lo sabremos hasta el día 20 de junio, si pasamos la primera ronda, porque si no es así ya tendremos respuesta el día 10.  Menos mal que los resultados han jugado a favor. De haber alcanzado otros puestos en la clasificación, tendría que haber jugado el día 9 o 10 en Gran Canaria, lo que habría propiciado una carajera considerable y seguramente hasta un cambio de fechas, porque habría poco tiempo para montar con garantías la gran infraestructura que se ha diseñado para la misa del Papa el día 11 en el Estadio de Gran Canaria. Pero la UD juega contra el Málaga el  día 7, y supongo que cuatro días es tiempo suficiente. Salvo que sean muy adictos, este verano va a haber fútbol hasta para huir de él, 104 partido del Mundial, algunos de madrugada. Y en agosto, otra vez la liga.

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Contamíname, Chacho

 

De toda la vida, lo canario parece ser que es solo aquello que se asimila al folclore, a la artesanía y a la tradición, y cuanto más rústico, mejor. Es más canario quien canta folías que quien hace rock, quien trenza palmas que quien instala ordenadores, quien recita odas al Roque Nublo y a los guanches que quien representa una obra de Pirandello. Pues no, porque así ni Cernuda era andaluz, ni Dalí catalán, ni Zarra vasco, que jugaba un extraño deporte inglés. Se confunde lo canario con el costumbrismo. Es fundamental recuperar nuestras tradiciones (las positivas), fomentar nuestros valores y divulgar entrañables usos para que no se pierdan; pero es que se asimila lo canario a la ruralidad ancestral, y en Canarias hace siglos que nacieron centros urbanos.

 

 

Lo usual es que los urbanitas, cuando quieren ir de canarios se calen un cachorro, se pongan una chaqueta de estameña o se vistan como los campesinos de hace cien años. Es necesario entender que hay personas que se sienten canarias y luego pintan abstracciones, juegan al baloncesto, tocan jazz, escriben novela urbana, enseñan a leer y hasta visten como en Londres, porque uno de nuestros distintivos siempre fue estar abiertos al mundo, por eso tenemos grifos en casa y no vamos a buscar el agua en bernegales a las fuentes públicas. Para mí, lo canario es una manera de ser.

 

Los políticos van sobrados de canarismo a tope y de llanto por lo que supuestamente nos debe el mundo. No se cansan de pregonar nuestros valores, aunque luego poco se ocupan de desarrollarlos. Últimamente, repiten que «Canarias es mucho más que Gran Canaria y Tenerife». Es que por lo visto hay otras islas, que también son canarias, que llevan más de 40 años aportando la mitad de los diputados al Parlamento, a pesar de que su población es más o menos la décima parte del total, en cuya representatividad exagerada se ha venido sosteniendo una forma de gobernar muy “creativa”, y de eso no están libre de culpa ninguna de las tres formaciones que en algún momento han conformado el Gobierno Autonómico. Mientras se hace una campaña para que usemos el “ustedes” en lugar del “vosotros”, se permite que se pierdan plazas de profesorado canario en favor de foráneos que deben dominar el habla isleña de aquella manera. Todo muy coherente.

 

Pues ya está resuelto el problema. Tenemos talento. Y como lo tenemos desde siempre, está claro que esa es la razón por la que no hay carencias en nada. El talento es suficiente, es nuestro petróleo. Y con tanto talento sería incluso un despilfarro invertir en Educación. Por eso no hay desempleo. No sabía a qué se debía, pero era al talento. ¡Ah! Que me dicen no, que estamos en uno de los últimos lugares en salarios y en la cola del desempleo entre los territorios españoles, y que la culpa de todo la tiene la perfidia de los gobiernos centrales, donde por cierto se han sentado siempre, siempre, siempre los socios en cada momento del partido del presidente. Entre todos la mataron y ella sola se murió. Pero hay esperanzas, hay una declaración institucional unánime sobre la financiación autonómica y en Madrid están temblando. Por otra parte, cada año batimos récords de visitantes, y como también ha aumentado el gasto por turista, lo que genera más trabajo, mejores salarios y más estabilidad en el empleo. Ah, que no es así… Pues no lo entiendo, si  tenemos un montón de talento…

 

Pero ha llegado el momento en el que han surgido unos superhéroes que van a poner a Canarias en el mapa. Es que, por lo que se escucha, nunca se ha sabido fuera nada de Canarias, aunque yo he leído por ahí que ya navegaron nuestras costas hace 2.700 años los Fenicios contratados por el faraón Necao II, en un viaje que rodeó el continente africano. Tampoco sabían de Canarias los clásicos griegos que hablaban del Jardín de las Hespérides, o los viajeros medievales genoveses, malloquines o berberiscos, y por lo visto Colón, Juan Sebastián Elcano y todos los que fueron después a América o a rodear el planeta pasaron por aquí de manganilla, porque como Canarias está tan a trasmano y no en el centro de todas las rutas tricontinentales nunca se ha sabido dóndes están. Tampoco sirven como referencia viajeros ilustres como Humbolt o Darwin y el trasiego de británicos, franceses o españoles de todas las regiones peninsulares, o los 18 millones de turistas, que ya no sabemos dónde meterlos.

 

Es obvio que el mundo sabe quiénes somos y dónde estamos desde hace miles de años. Siempre ha llegado todo hasta aquí. Tuvimos agua corriente, alumbrado público y usamos los cubiertos para comer mucho antes que en La Península porque nuestros puertos nos abrían al mundo, pero también es verdad que de aquí salía muy poco. Ahora, resulta que, a partir de la publicación de algunas novelas en las que se usa y aplaude nuestro léxico, o de música urbana que habla de nuestras tradiciones, lo canario es valorado. ¿Qué ha cambiado? Está claro, fuera han decidido que esa literatura y las letras de esas canciones tienen mercado; haciendo lo que siempre hemos estado haciendo resulta que ahora es valioso.

 

Debemos celebrar que nuestra música y nuestra literatura, con “munición canaria” esté en los grandes circuitos, lo que, salvo en algunos momentos puntuales (me acuerdo ahora de Las llaves de la moto del grupo Palmera), lo canario estaba condenado en los grandes mercados. Puedo enumerar una nutrida lista de nombres de magníficas voces literarias canarias cuyos manuscritos eran rechazados por los editores porque casi venían a decir que aquello no era español normativo.

 

Felicitemos a las mujeres y a los hombres jóvenes que abanderan este momento, pero no olvidemos que esto que están creando se ha venido haciendo desde hace muchas décadas. ¿O es que Alfonso García-Ramos (y cien más) que celebramos este año institucionalmente, no escribía de nuestras cosas y con nuestras palabras? ¿Es que Los Hermanos Ríos, Elio Quiroga Juan Carlos Falcón o Javier Caldas no han hecho películas con todo eso que ahora se vende tan bien? ¿Cantaba Mestisay en georgiano? ¿Ensalzaba Rosana las gestas de los cosacos? ¿Braulio y Caco Senante incorporaban expresiones polacas y albanesas en sus canciones? ¿Los Sabandeños, Los Gofiones y Los Campesinos entonaban maitines en latín? ¿Qué olvido canario había en la canción Contamíname de Pedro Guerra? ¿Cantaban Los Coquillos a la playa carioca  de Copacabana? ¿No fue el grupo Efecto Pasillo el que debutó con un tema titulado Chacho? ¿A qué se refería el grupo de rock El eructo del bisonte cuando, en 1978, cantaba la neblinosa expresión Mar de nubes?

 

No, no han surgido de pronto supercanarios juramentados para mostrar Canarias al mundo. El talento, el trabajo y las intenciones siempre han estado; simplemente, ahora el mercado exterior ha dicho sí. Celebro que se haya abatido la puerta, pero, si olvidamos a quienes llevan años, décadas, siglos empujando, sería una paradójica contradicción. Cosa tampoco rara en Canarias.