Debiera resultar sorprendente leer una noticia de agencia como la que afirma que los burdeles de Sidney se refuerzan para dar servicio a la clientela que aumentará con motivo de la celebración a mitad de julio de la XXIII Jornada Mundial de la Juventud, que será presidida por el Papa.
Pero no debe sorprender, ya sabemos que pecado y penitencia van muy unidos en el devenir del ser humano por la historia. «El espiritu está pronto, pero la carne es débil» figura en los Evangelios en boca de Cristo durante la terrible noche de Getsemaní. Los caminos de Europa están poblados de apeaderos en los que los caminantes se paraban a rezar en mitad del viaje, para así ganar fuerza frente a las tentaciones y exorcisar al demonio y a los malos espíritus que solían aparecer en los cruces de caminos.
Penitentes se llama a quienes hacen sacrificios públicos en Semana Santa, y el Camino de Santiago es un rosario de fondas, iglesias y también de pecado. No hay penitencia sin pecado, van juntos, y esta noticia aparentemente frívola tiene una carga de profundidad que la iguala a los comportamientos de la Edad Media. El ser humano no cambia, sólo que ahora tiene móvil.
Eso parece coincidir con los estudios de los que pagan por sexo