Los barrios también son el Estado

 

Con las tensiones políticas que nos sobrevuelan, sea el ruidoso fin de fiesta de esta inútil legislatura, Ceuta, la vivienda, la inflación galopante por causa de dos guerras que alguien tiene que explicarme porque pierden todos, la estúpida cantinela de que hay fútbol a todas horas (en un canal de las docena de sintonías posibles), no sabe uno si meterse a hablar de literatura (nunca crítica porque soy juez y parte), caracolear alrededor de esa aturdidora campaña electoral que ya está en marcha, con argumentos de jugadores de póker porque me parece que ni los propios políticos saben muy bien con qué cuento piensan dormirnos, creo que si bajamos al suelo raso, a la vida cotidiana, al barrio, estaremos hablando de todo.

 

 

El fin de semana anterior se celebró en el Centro Cívico Suárez Naranjo de Arenales el encuentro Pella de libros, un evento organizado por la escritora Carmen Nieto que ha reunido un plantel muy estimable de personas que merodean la literatura: creación, crítica, investigación y sociología. El encuentro contó con nombres canarios de largo recorrido y otros nuevos que se esperan luminosos, junto a figuras importantes de la literatura nacional, como Carlos Zanón, Jon Arretxe o Susana Rodríguez Lazaun, cuya presencia quedó reflejada en la cobertura que dio este medio la semana anterior.

 

Este era un evento para los grandes escenarios o para el espacio universitario. Pero unas jornadas de esta envergadura encontraron cobijo en el mencionado centro municipal del barrio de Arenales, lo que considero un gran acierto de quienes las organizaron, porque la vida de los barrios depende de cómo palpite su corazón, que es la calle, la vecindad, la sensación de pertenencia. Las Palmas de Gran Canaria no es solo Triana, Vegueta y el dinamismo de la zona portuaria. Hay en esta ciudad barrios que tienen historia y otros que la están haciendo, que se cimentan en lo colectivo, casi una forma de vida, además de los barrios dormitorio de esta ciudad tan compleja geográficamente, hay lugares señeros y muy especiales, cada cual a su manera, como La Isleta, Guanarteme, Tamaraceite, San Cristóbal o Alcaravaneras. Y otros que van dejando su impronta, nueva pero potente, como Las Torres o Siete Palmas, sin olvidar los del ensanche (La Ciudad Alta) y desde siempre los Riscos.

 

Y en el centro, como masa que unifica espacios, ya es un clásico el barrio de Arenales, que toma su nombre de la arena sobre el que está construido, un barrio con vida propia, que antaño se mezcló con platanares, fue sede de una de las grandes tabaqueras insulares y cuenta con la memoria mítica de Cervecería La Salud. Este barrio es el de los edificios del Gobierno, las distintas administraciones estatales y autonómicas y la Comandancia de Marina; también estuvo el Campo España, fuente del primigenio fútbol isleño, y que ha acabado por ser el corazón del estudiantado grancanario desde hace muchas décadas, desde el legendario Instituto itinerante, las escuelas de Ingeniería y Magisterio, hasta el actual espléndido edificio universitario de Humanidades. Todo eso es el barrio que empieza en Bravo Murillo y acaba en Juan XXIII, justo cuando empieza Ciudad Jardín.

 

Arenales es tal vez el barrio más vertebrador de la ciudad, que también tiene sus claroscuros, algunas zonas que se han ido degradando socialmente y que a veces pienso que nada se hace por recuperarlas como receta para que se extienda el deterioro. Por eso decía al principio que al hablar del barrio hablamos de todo, porque uno de los peligros para la pérdida de identidad de las ciudades es la gentrificación, esa mancha silenciosa que hurta espacios de siempre para crear focos de especulación. Ya los estamos viendo en La Isleta, Guanarteme o Las Torres, y eso hace que la ciudad pierda personalidad. Estamos destruyendo precisamente lo que mostramos al visitante, nos está pasando como con el paisaje rural. El dinero parece justificarlo todo, pero esto es pan para hoy y hambre para mañana, y empieza a ser hambre inmediata para los sectores sociales más vulnerables.

 

Se me hace muy difícil pensar que los políticos puedan estar legislando y gestionando con tanta incompetencia porque obedecen “sugerencias” de quien maneja los hilos del dinero. No quiero creerlo, pero tantas acciones y omisiones una y otra vez, aquí y allá, acaban minando la credibilidad, aunque la alternativa a esta explicación es la ineptitud continua, versión tan inquietante como viajar en una guagua por una carretera peligrosa y que al volante vaya alguien borracho y sin carnet. Todo esto tiene que ver con la vivienda, con la economía, con la legislatura ruidosa, con la ineludible conclusión de que se usa el poder como fin, no como medio, y es solo el poder lo que importa, mantenerlo si se tiene o alcanzarlo si no.

 

La labor que hacen las asociaciones de vecinos es tremenda, pero los poderes públicos no atienden, solo están en la lucha por el poder. No saben -o no quieren saber- porque desprecian las fuentes. La asociación Fuera de la Portada, del barrio de Arenales, ha creado una dinámica en la que implica al vecindario, y busca la manera de que siempre haya actividades, sin que caiga por allí dinero oficial alguno. El tiempo de quienes bregan cada día con eso es gratis, pero ni siquiera se les escucha. Por eso me pareció que ubicar allí las jornadas de Pella de Libros es un gran acierto, porque la literatura (o cualquier otra actividad) tiene que llegar a todas partes, y por eso resultó emocionante la respuesta del barrio, porque la gente detecta a quienes salen de su armadura y forman parte de una idea común. No olvidemos que también es Estado, seguramente la célula social más pequeña del Estado.

 

Cuando escuchaba en los medios la incidencia electoral de las acampadas, de cómo afectará al reparto de escaños esta o aquella fecha de las elecciones, me di cuenta de que seguiremos pendiente abajo si, cuando se produzca la posible llegada de Feijóo, todo se despacha con que han recibido una mala herencia, o si sigue Sánchez (en teoría puede suceder) va a continuar el mismo ruido y la misma charanga, y lo único que les importe sea el poder a cualquier precio. Con el cambio de voto de Junts el pasado viernes en el Congreso, hemos visto la muestra de cómo se mueven las fuerzas en los sótanos del poder. La política es para preservar la convivencia y el Estado, y lleva demasiado tiempo siendo otra cosa. Si esto no cambia, dará igual quien gobierne.

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