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¿Quién nos ha robado el alisio?

 

Desde siempre hemos sentido que desaparecen cosas, si inmateriales no, sí invisibles por sí mismas, aunque sean delatadas por sus efectos. Los poetas han convertido un órgano vital, el corazón, como lugar físico en el que se aloja el amor, ese otro concepto que reconocemos como elemento tangible, otra vez por sus consecuencias. Así, hemos ido escuchando cómo a alguien le habían robado el corazón, o quejas sobre la falta de esto o de lo otro, y con demasiada frecuencia se denuncia un robo, aunque no se tiene ni idea de quién es el ladrón ni cómo ha sucedido. Hace casi cuatro décadas, Joaquín Sabina se hacía esta pregunta convertida en canción: “¿quién me ha robado el mes de abril? / Lo guardaba en el cajón / donde guardo el corazón”. Claro, con la tendencia que hay a robar corazones, ¿a quién se le ocurre guardar el mes de abril en el mismo cajón? Pudiera ser que nadie quisiera robarlo, pero cuando se llevaron el cajón, el mes de abril se fue con él. Un accidente.

 

 

Anda por internet una frase que tiene buena música, pero cuando tratas de descifrarla es rarita. Funciona porque pensar en serio es molesto, puede producir tensión de cuello, latidos en las sienes, y, si pensando descubres algo que no te gusta, puede incluso crearte un conflicto interno que no se cura con un analgésico. La mentada frase reza así: “Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera”, y se la atribuyen a Neruda, aunque yo no la he visto en ninguno de sus muchos libros. Si la miras bien, la secuencia es incorrecta, porque las flores no son causa, sino consecuencia de la primavera. Si hay flores que cortar, es que antes hubo primavera (¡uf, la migraña!) El caso es que por lo visto hay un ente empeñado en dejarnos sin abril, sin primavera y vaya usted a saber de qué más quiere despojarnos. Mario Benedetti publicó en 1982 una novela con el título Primavera con una esquina rota; es decir, no le robaron la primavera, se la destrozaron, y denuncia quien, cómo y por qué.

 

Y ahora noto que faltan los vientos alisios. No sé si los han robado, pero no se comportan con siempre, pues los manuales climatológicos dicen exactamente que “Los vientos alisios en las Islas Canarias son corrientes de aire frescas y húmedas que soplan de manera constante desde el noreste, funcionando como un regulador térmico natural que mantiene al archipiélago en un clima suave durante todo el año”. Y eso ya empieza a fastidiarme, porque estaremos de acuerdo en que, un 25 de septiembre, a medianoche, haya una temperatura ambiente de 29 grados en Las Palmas de Gran Canaria, no solo no es normal, es inédito, y que todo este noveno mes haya sido tan extremadamente caluroso es una prueba irrefutable de que nos han robado el viento alisio.

 

Dicen que, por latitud geográfica, nos corresponde tener este clima sahariano (El Sahara está ahí mismo), pero el alisio y la circular corriente del Golfo que por aquí retorna al Caribe dulcifican el clima, y es por eso que solían hablar de la eterna primavera quienes por lo visto no han pasado una ártica noche de enero en las cumbres y medianía canarias. Para la costa sí que valía el eslogan. Pues va a ser que, con el alisio, también nos han robado la primavera. Estarían en el mismo cajón, es que somos muy desordenados, y nos pasa con frecuencia, como hace años con la esterlitzia, que figuraba como llamada turística, junto a la leyenda “Canarias, naturaleza cálida”, cuando en realidad no es una flor autóctona.

 

Antes de que Canarias se convirtiera en un destino turístico de primer orden, el sector primario tenía una importancia esencial, especialmente la agricultura y la ganadería. Y a los campesinos lo único que les preocupaba era si llovería ese año, porque su economía dependía de que hubiera agua para recoger en los estanques y para nutrir los manantiales. Llegó a la isla de Gran Canaria el meteorólogo Antonio Naya (algunos decían Anaya), quien, después del diario radiofónico hablado de las nueve de la noche, daba un parte meteorológico muy profesional, aderezado, además, con vocabulario peninsular, pues este hombre era catalán, y estuvo casi dos décadas en la isla, hasta que fue trasladado a destinos superiores en 1970.

 

Fueron años de gran escasez de lluvias, y la expresión “pertinaz sequía” se incorporó temporalmente al léxico isleño. Pero el campesino quería que se le hablase de manera clara, como hacía el Almanaque Zaragozano, que pronosticaba el tiempo anual y era de obligada compra cada diciembre, pues estaba en casi todas las casas campesinas. Naya hablaba con lenguaje específico, pero el léxico meteorológico no se correspondía con el que se usaba en nuestros campos. Cuando acababa el parte meteorológico, los campesinos que se agrupaban alrededor de los escasos receptores de radio que había entonces, trataban de traducir lo que habían escuchado, y nadie daba pie con bola. Al final nació una frase que aguanta el paso del tiempo: “esto es pa’ más caló”.

 

Llamaba la atención la terminología: isobaras, milibares, humedad relativa, nubes de desarrollo vertical, estratocúmulos o polvo en suspensión. El anticiclón de las Azores era un ser animado e informe que obraba según le parecía, pero sin duda la estrella invitada era el alisio, un viento nuevo que nada tenía que ver con el “leste” o el tirajanero. Si equiparar precipitación con lluvia era demasiado novedoso, tratar de explicar el concepto de precipitación horizontal en nuestros bosques de laurisilva fue tarea ímproba (¿es que acaso ahora llueve de lado?)

 

Así que, los campesinos volvían a su Zaragozano de siempre, a recordar qué había anunciado el pastor del Monte de Pavón que hacía las cabañuelas, o a medir la verticalidad del Lucero de las tardes de verano (Venus), sobre esta o aquella montaña, según qué zona de la isla. Pero las gran aportación léxica de Antonio Naya fue sin duda el viento alisio, que erre que erre entró en un campo semántico nuevo, en compañía de mar de nubes o panza de burro, por lo que deduzco que este recalentamiento de septiembre se debe a que, por desgracia, el entrañable y recordado meteorólogo Antonio Naya falleció en 2008, y tal vez haya que buscar a alguien que ponga las cosas en su sitio, y se encargue de vigilar y controlar con su misma inagotable pasión el anticiclón de las Azores y los salvadores vientos alisios.  Es que si no…

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