Esta tarde-noche pasada ha estado marcada en nuestra ciudad por el funeral-homenaje a las víctimas del accidente aéreo de Barajas. Como siempre, el dolor queda en segundo plano, cegado por los relucientes fogonazos que alumbran a los Príncipes de Asturias y al Presidente Zapatero. Es la foto que nunca hubiéramos querido por el origen de su visita, y hay que reconocer que los políticos han estado discretos y silenciosos como nunca.
Seguramente voy a hacer llover sobre mojado sobre el debate de si celebrar o no un funeral católico. En eso estoy con el Obispo, la Iglesia ofrece lo que tiene, que es un ritual católico, y quienes sean de otros credos deben hacer lo mismo en sus respectivas confesiones religiosas. No me parece lógico tratar de impedir que una religión como la católica se manifieste con sus costumbres de siempre.
Ahora bien; no es la Iglesia Católica, sino los poderes públicos los que han actuado por inercia, porque son ellos los llamados a convocar un acto civil para todas las víctimas, cualesquiera que fuesen sus credos. Es en ocasiones como esta cuando hay que ser generoso con todos. Y el funeral hacía falta, porque hay que cerrar el duelo y tratar de seguir adelante.
Desde este pequeño rincón de la red, envío de nuevo mi solidario abrazo a todas las familias de los fallecidos. Y aunque mi ideal no es la monarquía, debo reconocer que el apoyo con su presencia de los Príncipes de Asturias ha sido importante en medio de tanto dolor. Pues sí, para eso sirve un príncipe, y si hace lo que tiene que hacer, pues vale.
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