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POR CUBA

Si no sale en televisión sencillamente no existe. Es una aberración, pero así es. El principal sustento de este viciado sistema de partidos que sufrimos en España es que, a base de muchísimas horas de televisión, se engendra otra realidad, que se superpone sobre lo que nos muestra el día a día. Por eso aumentan las inyecciones estatales; cualquier autonomía mantiene, pese a las cuantiosas pérdidas, una o dos televisiones para el politburó regional, potentes y distorsionantes voceros de sus falacias. Los grandes consorcios globalistas ya dominan, con menos de 10 plataformas privadas, la casi totalidad de los medios de comunicación mundiales. Es el pensamiento único.

Toda esta ecuación, con vectores como la comunicación, el dinero, o el poder, consolidan esa frase aborrecible que cada día se repite más: Lo vi en la tele, salió en televisión, expresado con una ciega servidumbre, con una genuflexa sumisión, exactamente como si se le hubiera aparecido el espíritu santo. Si sale en la tele, es verdad, y punto. Y que me dicen de los debates en la actualidad, y del nivel de los ponentes, y de la carencia de disparidad en talantes y opiniones. La libertad poco tiene que ver con el espectáculo y el  anestesiante entretenimiento.

Y hablando de televisión. ¿Alguien sabe algo de Cuba? El mimetismo de la mayoría de los medios de comunicación es apabullante. En nuestra Cuba hermana se la están jugando para liberarse del yugo comunista, y aquí no se comenta nada, como si nada ocurriera, y los cubanos vivieran felices y tranquilos, disfrutando de más de sesenta años de tiranía marxista.

Desde hace meses miles de cubanos están saliendo a la calle a reivindicar las libertades que les ha secuestrado la dictadura comunista. Algunos, desde España, y especialmente desde Canarias, deseamos mandarles aliento y ánimo a esos desesperados cubanos que por reclamarle a la tiranía lo que les es propio, sus libertades, ponen en riesgo su seguridad e integridad física.  El Observatorio Cubano de Derechos Humanos (OCDH) ha documentado, hasta la fecha, más de 400 acciones represivas desde el día 12 de noviembre, en relación con la convocatoria de la disidencia cubana a mediados de mes. Y posiblemente no nos esté llegando nada de lo que realmente acontece, pero mucho menos es el eco que aquí se hace, siendo cómplices silenciosos de la represión cubana.

Hay otros cómplices, menos sinuosos, más directos, que apoyan manifiestos defendiendo la dictadura cubana, con rocambolescos juegos de palabras, con las ya ineficaces y casposas menciones al bloqueo y el cuento de la buena pipa. Estos personajes se alinean con la tiranía, porque hablemos claro, lo que hay en la isla es una férrea dictadura  y conviene que, en medio de tanto propagandista blanqueador del régimen, le recordemos al mundo por qué es un gobierno despótico. Además, la represión que ejercen los militares durante las manifestaciones en Cuba se centró en la plataforma opositora Asamblea de la Resistencia Cubana, quien pidió a Europa que deje de “regalar dinero” al régimen cubano. Entre las agresiones más frecuentes resaltan: retención domiciliaria con vigilancia policial (140), citaciones a estaciones policiales (88), amenazas (86), detenciones arbitrarias (102), y todo ello sazonado con permanentes cortes de internet. A los cortes de suministro eléctrico, ya están mucho más acostumbrados…

Para tener claro que Cuba sufre una asfixiante opresión, lo ideal es tomar nota de las propias palabras del presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, y de la Constitución cubana de 2019. En una reciente intervención ante las Asambleas Municipales de Poder Popular, Díaz-Canel afirmó que en Cuba ni existe, ni se pretende que exista, separación de poderes: “En el mundo se habla mucho de la división de poderes –el poder legislativo está normalmente en las instituciones que aprueban ley, el poder ejecutivo en el gobierno y el poder judicial en los tribunales– pero en Cuba no se trabaja con la división de poderes: se trabaja con la unidad de poderes… a través de órganos que tienen funciones diferentes. Porque el concepto de poder que se usa en Cuba, en la revolución cubana, es el concepto de poder popular, el cual se construye sobre el concepto de soberanía popular. ¿Y cuándo hay soberanía popular? Cuando, como dice uno de los artículos de nuestra constitución, todo está en función del soberano. ¿Y quién es el soberano? El pueblo”. Total. Un gobierno totalitario donde el partido único, el partido comunista, se adjudica sarcásticamente la única representación del pueblo.

En Cuba lo están pasando mal, muy mal, y eso duele. Nos hemos acostumbrado, como en tantas situaciones, a mirar hacia otro lado, pero esa actitud nos desmerece. Posiblemente con la entrada de este siglo XXI alcanzamos nuestra cima como sociedad y, desde entonces, muchas cosas no han mejorado. Los móviles, la hipercomunicación y la obsesión por la seguridad tras 11S y 11M han alterado el mundo que conocemos. Ha sido tan progresivo que no nos hemos dado cuenta, pero estamos llegando a puntos muy peligrosos. Nos estamos acostumbrando a estados de alarma, a toques de queda y a restricciones de las libertades arbitrarias y basadas en gestores supersticiosos e incapaces. Por eso debemos estar atentos y no bajar la guardia. Apoyar con energía e integridad a otros ciudadanos que están luchando por su libertad. Eso es lo que ocurre en Cuba. A lo mejor así aprendemos que si la cosa continúa poniéndose fea, haríamos bien en defender los derechos que nos quedan antes de que nos los quiten. Si continuamos tragando con todas las restricciones que nos inoculan televisivamente, si tragamos con nuevas limitaciones a derechos fundamentales a cambio de nada, por una patética e infundada sensación de tranquilidad, estamos perdidos. Si aceptamos que los derechos fundamentales ya no son algo inherente a todos los ciudadanos sino solo al individuo autorizado, nunca terminaremos de arrepentirnos. Si el derecho positivo se convierte en negativo, habremos tirado por la borda muchos siglos de lucha de todas las generaciones anteriores. Y todo a causa del desdén de una sociedad enferma de ocio y egoísmo.

No silenciemos el drama que están sufriendo en Cuba. Quieren, desean y ansían libertad. Basta ya de patria o muerte, pues al final solo ha quedado la muerte. La revolución ha priorizado tanto la igualdad sobre la libertad, que llevan más de sesenta años sin igualdad, y sin libertad. Así están las cosas. Noticias que no llegan, censura en nuestros principales medios y silencio cómplice. No lo consintamos, defendiendo su libertad, estaremos protegiendo la nuestra. Por Cuba, por nosotros.

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A PEDALEAR

Hace unas semanas se extendió un “meme” con una noticia aparentemente falsa, donde le asignaban a una señora, supuestamente miembro del partido morado, una serie de capulladas sobre la maligna masculinidad del volcán de La Palma. Las mentiras, las noticias falsas, suponen un problema, pero a mi entender el principal y verdadero embolado, es que, hasta la chorrada más mastodóntica, hasta el absurdo más impensable, en estos tiempos, puede ser verdad. Nos hemos acostumbrado a que cualquier cretino suelte su frase genial, así que todo esperpento es posible. Mucho peor es cuando el disparate viene en forma de Decreto Ley. Esos dan un poco más de miedo.

Generalmente hay muchas creaciones cinematográficas que son como “pulsadores” para captar la sensibilidad de la ciudadanía, sobre alguna de las tendencias que próximamente alguien desea imponer. Una de las series más chocantes y agresivas ha sido Black Mirror, donde se combinaban las más inquietantes locuras, con peligros o problemas que comenzábamos a atisbar. En uno de estos capítulos se reflejaba una sociedad orwelliana, donde los proletarios se dedican a pedalear para generar energía a la clase superior, que liquida sus obligaciones con este nuevo proletariado con simple entretenimiento. Parece ser que cada día resulta más evidente que nos quieren a todos pedaleando fuerte…muy fuerte. Ya se me parece el circular logotipo de su agenda 2030, a las ruedas de una esclavizante bicicleta.

Pero lo que evocó esta distópica pesadilla de las dichosas bicicletas fue la última gala de los Príncipes de Gales, celebrada en Londres, hace unas semanas. Para las élites globalistas, para los que mandan, es importante ofrecer la apariencia de ecológico, verde, paritario y resiliente. Por eso, el espectáculo musical que se ofrecía a la clase dirigente obtenía su energía de 60 pollos, espero que voluntarios, dándole al pedal, para que la gente guapa pueda disfrutar de un espectáculo ecológico y amigable. Todo esto explica muy acertadamente cierta actitud moral de las élites, completamente alejadas de lo que preocupa a la gente llana. Que para poder montar su fiestorrón, en la que se congratularon de lo conscientes y generosos que son al preocuparse por el planeta, requiriendo los servicios de sesenta personas utilizadas como meros motores humanos.

Y ya que estamos con el área principesca, debo reconocer que desaparecieron de un plumazo todos los recuerdos literarios de la melosa obra “Príncipe y Mendigo” cuando vi el video de la fiesta cutre QUEER celebrada en el UWC Atlantic College de Gales, donde cursa sus estudios la princesa Leonor, heredera al trono de nuestra nación, o a lo que quede de él. Nos venden el evento como un canto a la diversidad, pero posiblemente solo se trate de una oda al despiste, al mal gusto, en una errática línea pedagógica donde el sexo es una mera declaración de voluntad, un acto registral y no biológico. O sea, que basta con ir al fedatario público y decir que uno ya no es Juan, sino Pepa Sagitario, para que a todos los efectos se le considere mujer o, incluso, persona de género “no binario”. Con los adultos todo esto no me preocupa mucho, la naturaleza y la biología generalmente vuelven a su origen, lo malo es cuando se trata de un feroz adoctrinamiento de los niños. Doy las gracias, porque por ahora me toca pedalear bastante poco, para que los pijo progres se sientan solidarios y resilientes.

Una sociedad totalitaria es una sociedad en la que exclusivamente se concibe la existencia de una sola ideología, donde prima el pensamiento único, y en la que todo en la vida se hace ideológicamente. Eso es lo que estamos sufriendo en multitud de naciones, donde un progresismo entronizado por una falsa autoridad moral ha ejecutado una política cultural radicalmente intolerante, obsesionada con la raza, el género y el sexo, tratando obsesivamente de remodelar nuestra sociedad de acuerdo con sus radicales creencias. Esto es lo que inoculan por y para la gente guapa, y lo denominan «wokismo», un término que pretende reflejar que estos son seres iluminados, o al menos se lo creen, mientras que el resto seguimos anquilosados por el fanatismo más obtuso.

Los que realmente son intolerantes son esta tropa, aislada en sus lujosas bolas de cristal, ya que son completamente intransigentes con cualquier disidencia. No sólo creen que los que no están de acuerdo están equivocados, sino que conjeturan que son malvados y deben ser eliminados. Debemos ser depurados para ser salvados. Esta es una de las razones por las que este nuevo totalitarismo aparentemente «blando» es tan excluyente como todos los demás. No hay policía secreta, ni gulags, ni dictadores, pero el globo está siendo deconstruido en un modelo totalitario con unas cadenas tan rígidas, como sutiles.

No lo duden mucho, el wokismo se ha convertido en la ideología de las élites gobernantes. Las convulsiones revolucionarias no suelen surgir de abajo hacia arriba. Aparecen cuando las élites de una sociedad adoptan las nuevas ideas y las extienden en todos sus complejos circuitos. Así ocurrió con el wokismo. Es como el tema de este delirante y excluyente feminismo avasallador que cada día demuestra no conocer límites. A las feministas de la nueva ola la igualdad no les importa absolutamente nada, han sustituido la legítima lucha de toda la ciudadanía por la equiparación de derechos, en un delirio postmarxista en el que actúan como una clase oprimida que sueña con ser opresora. Es una simple, y burda imitación de la superada lucha de clases. Un concepto de igualdad extremadamente parcial, incluso con la maravillosa decisión de procrear -y también su contrario, es decir, abortar-, es que para ellas esto es exclusiva potestad de la mujer y el hombre debe callar y aceptar la decisión. Porque si la maternidad es el derecho, la consecuencia es que el hijo es de la madre y solo de ella y por lo tanto el varón es una figura absolutamente prescindible.

No soy muy optimista, eso sobra comentarlo, pero me agrada reconocer que sí albergo esperanza. La diferencia estriba en que el optimista cree ilusoriamente que todo saldrá bien. Pero eso no es cierto, ni tampoco posible. La vida conlleva esperanza, pero también sabemos que la vida es lucha, esfuerzo y superación. De nuevo, es una verdad difícil de aceptar, por apremiante y contrastada que resulte, por eso pienso y creo que es mejor aceptar la dura verdad que vivir con una cómoda mentira.

Nos quieren pobres, sumisos, sin género y pedaleando para mantener su nivel de vida. Luego querrán que no nos radicalicemos.

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LOS FINAOS

De siempre, en nuestra tradición grecolatina los muertos representaban una presencia positiva y benefactora que, generalmente a través de los sueños, aconsejaba y acompañaba a los vivos. Desgraciadamente los románticos anglosajones, sin saberlo, consiguieron hacer de ellos unas criaturas espeluznantes; y del más allá, el reino de la oscuridad. Para las familias, el linaje nada tiene que ver con títulos nobiliarios. Linaje es saberte miembro de raíces comunes, es conocer quienes fueron tus ancestros y que fue lo que les ilusionó, y lo que motivó que lucharan y trabajaran tanto. Todo sincero motivo de orgullo, y el día de todos los santos, es una efeméride que promueve la conexión con los que permitieron que nosotros estemos aquí y ahora.

La verdad es que los niños actuales, los jóvenes de estos convulsos tiempos, lo tienen todo mucho más complicado. Antes teníamos claro el género, y ahora desde tan tierna edad los apabullan con un interminable listado de opciones tan alocado, como inverosímil. Mientras obligamos al chiquillerío a ir con bozal desde primaria, para que se vayan acostumbrando a ser dóciles ciudadanos de un estado 2030, también les confundimos con eso de que la muerte del cuerpo y la inmortalidad del alma consiste en un pasatiempo dedicado a asustar, perseguir, matar y comerse a la gente. De ello se han encargado hasta los colegios de monjas, donde se anima a la chavalería a celebrar el día de Todos los Santos con danzas tribales llegadas del otro lado del Atlántico. Esto se cae y no es por la economía.

 

En muchos sitios, en muchos hogares, poco a poco hemos revivido y fortalecido una tradición canaria que casi había caído en el olvido, la noche de Los Finaos, Con el término Finaos, que en realidad es Finados, en referencia a los difuntos, se rememora en muchos sitios de Canarias, a una fiesta popular que se celebra la víspera de todos los santos, en noviembre. De siempre se compartía una merienda a base de nueces, castañas y almendras, acompañadas de vino dulce o anís y ron miel. Se rememoraba a los ancestros, a tu linaje, pero también a los amigos y familiares que eran, y son, parte fundamental de tu vida. 

En la mayoría de los hogares, eran tiempos para el recogimiento, para en un ambiente festivo, evocar todo lo bueno que nos habían legado. Pensemos en la multitud de historias, de vivencias, que se están perdiendo, por no escuchar a los mayores. Un verdadero desperdicio de conocimiento, y en muchos casos, extremadamente emotivo. El proceso se repetía casa por casa, por la tarde, la mujer de mayor edad de cada familia recordaba a los muertos, los finados, los que habían llegado a su fin. La madre o abuela contaba anécdotas de los difuntos de la familia y los hacía presentes con sus palabras, mientras tanto, se compartía una merienda a base de nueces y castañas, acompañadas de fragante vino dulce, anís o ron miel. Tengamos en cuenta que todos seguimos activos, pese a estar en otra vida, mientras continuemos en la vivificante memoria de nuestros seres queridos.

Como en tantas celebraciones, se llega a un momento de exteriorización, más abierto, que es cuando llegaba “El Baile de los Finaos” donde se salía a la calle cantando al son de malagueñas con los Ranchos de Ánimas que con el pelete que ya disfrutamos al final del calendario, las castañas asadas y el ron miel ayudaban a que estas parrandas pusieran la nota de alegría.

En toda nuestra herencia cultural se repite esta constante evocación por los ancestros, sobre todo en clave celta. En Gran Bretaña, se denominaba Halloween (o All Hallos Eve) al comienzo del periodo denominado “Hallowtide”, que abarca la víspera y la fiesta de Todos los Santos (31 de octubre y 1.º de noviembre), así como el Día de los Difuntos.  Desde tiempos inmemoriales este periodo ha estado asociado a relatos de fantasmas, de aparecidos y de muertos. Al instaurar la fiesta de Todos los Santos, el cristianismo no ha hecho sino retomar una antigua tradición pagana. Muchas ancestrales tradiciones han pervivido por esta deconstrucción religiosa.  En el siglo VII, la fiesta de Todos los Santos —es decir, la de “todos los santos del cielo”— todavía se celebraba el 13 de mayo. Fue trasladada al 1.º de noviembre en el año 835. En tiempos del paganismo ese momento del año era aquel en el que se honraba a los antepasados fallecidos y a todos los dioses de la comunidad. Una intensa mirada al pasado, pero con una enorme proyección de futuro.

Estaban absolutamente convencidos, yo lo estoy, de que ambos mundos entraban en transparente comunicación, me refiero al mundo de los vivos y al mundo de los muertos. Las barreras se difuminaban y frágiles se tornaban las fronteras entre ambos espacios, a la vez que se favorecía el paso de las almas al mundo de los vivos; los difuntos transitoriamente se liberaban y volvían a favorecernos con su benefactor influjo.

Nada de horripilantes espantajos, nada de comerciales escenografías repletas de calabazas, que nada tienen que ver con lo nuestro, salvo un canto a la fealdad, con un aborrecible sabor a plástico. No renunciemos tan gratuitamente a lo nuestro.