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El despertador

imagendesprt.JPGCuando veo esas torres de marfil de los grandes negocios, aplico la regla del dos más dos y no me salen las cuentas. Pienso que de eso entiendo poco y que si esos grandes cerebros se meten en semejantes líos es porque saben lo que hacen. Cuando en el 92 se gastaron en Sevilla el oro y el moro haciendo hoteles lujosísimos yo pensaba que en los seis meses que iba a durar la Expo no amortizarían la inversión aunque estuviesen ocupados al cien por cien y cobraran carísimo. Al cabo de un año, la mayor parte de estos centros del lujo estaban en la ruina, y empecé a creer un poco más en mis cuentas. Luego, cuando las televisiones y las plataformas digitales provocaron el baile de los millones del fútbol y los equipos se enterraron hasta las cejas, tampoco me salieron las cuentas porque se trabajaba con un dinero en hipótesis. A muchos ahora la chaqueta no les llega al cuerpo. Yo creo que aquí llevamos demasiado tiempo soñando quimeras, y cuando suene el despertador el leñazo va a ser de los que hacen época.

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¿Feria de las vanidades o de la propaganda?


La política y el poder han utilizado desde siempre tres instrumentos básicos: la fuerza bruta, el dominio económico y el control de la información y la comunicación. Tal es la importancia que este último apartado ha ido tomando, que hoy no sabemos si es más importante la potencia militar, la política económica o la estrategia de comunicación. Para los reyes nazaríes de Granada eran fundamentales las torres de aviso que iban pasando información con un lenguaje de espejos, y hoy la presencia y el apropiado uso de los medios determina en gran medida las cuotas de poder. Siempre se supo, pero desde la aparición de la prensa, y más tarde la radio, la televisión y otros medios, desde el cine y la fotografía hasta los hijos de Internet, la estrategia de comunicación es prioritaria (y no nos olvidemos del papel que han jugado los libros).
imagen vanity.JPGY ahí entra el juego lo que unos llaman equilibrio, otros inteligencia y otros manipulación, pues los medios pueden usarse para informar o para desinformar. Lo primero que hizo Lenin al llegar al poder fue impulsar el periódico Pravda, y Goebbels utilizó la entonces novedosa radio para aplicar sus famosos 11 principios, con mucha eficacia, todo hay que decirlo, pues metió a una sociedad tan racional y práctica como la alemana en una realidad paralela que la mayoría creyó. De él aprendieron Queipo de Llano, los aliados, y todos, puesto que ya no se concibe una campaña presidencial americana sin un debate televisado entre candidatos, desde que en 1960 se realizara el primero entre Nixon y Kennedy (suele ganar las elecciones el que gana el debate).
El caso es que hoy no se hace ascos a ningún escaparate para llegar a la gente, y se asoman sin rubor a las portadas de medios supuestamente frívolos no solo cantantes famosos, actores atractivos o vendedores de bet-sellers, sino también políticos de toda laya, jefes de estado e incluso el Papa de Roma, cosa que tampoco es una novedad puesto que, en los albores de la radio, Pío XI encargó a Marconi que montase la Radio Vaticana (1931) porque conocía la importancia de la comunicación. Por eso, y aunque algunos se rasguen las vestiduras, que políticos españoles aparezcan en las páginas de una revista como Vanity Fair, con el mismo trato visual que se da a actrices glamourosas y deportistas millonarios, viene a ser la constatación de que el manejo de la imagen y la información es un arma política muy poderosa. Dicen que Churchill aconsejó a su sucesor en el poder británico: «Nombra un buen ministro de Economía y échate a dormir». En 2015 hemos visto que una estrategia de comunicación conveniente puede hacer que parezca bueno un mal ministro de Economía. Es la diferencia entre información y propaganda.

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Ucrania, el peligro ciego

Europa parece adormecida y desprecia la historia. Es evidente que la crisis económica que se ha cebado sobre todo en los países del sur europeo centra la atención de los medios, especialmente ahora, que el nuevo gobierno griego se niega a comulgar con piedras de molino poniendo en solfa la tiránica, cruel e interesada política de los países del norte. Los gobiernos de España, Italia y Portugal, metidos en el mismo saco que Grecia, aplauden la bota alemana que los aplasta. Incomprensible.
Sin embargo, este asunto y el conflicto con los movimientos radicales islamistas, con ser importantes y casi podríamos decir que vitales, ponen sordina a otro que es realmente peligroso: Ucrania. La franja intermedia entre Rusia y Europa Occidental ha sido siempre -y lo es ahora- muy sensible, porque durante siglos sus fronteras han funcionado como un acordeón, empujadas por imperios, etnias, lenguas y religiones. Hoy, la Prusia alemana está en Polonia, un estado que no ha tenido límites estables desde la Edad Media, y con Ucrania sucede algo parecido, hasta tal punto que la identidad rusa surgió en la región ucraniana de Kiev y fue avanzando hacia el Este rumbo a Los Urales y el Mar Caspio. Y es en ese límite movedizo en el que hay una guerra que cuenta cinco mil muertos en pocos meses, alentada por Rusia y por la Unión Europea al dictado de Washington.
zzzzCelajes.JPGAfirmaba hace unas semanas Noam Chomsky (por cierto, de ascendencia ucraniana) que si no se detiene esa guerra las consecuencias pueden ser imprevisibles, con el agravante de que estamos tan cerca de un disparate nuclear como en los peores momentos de la Guerra Fría, pues no es baladí que Estados Unidos se esté gastando un billón de dólares en actualizar su arsenal nuclear, Rusia suponemos que no estará de brazos cruzados, y el mayor peligro de todos es que son ya muchos los estados y quién sabe si también alguna organización terrorista los que pueden desencadenar la hecatombe atómica. Pero nada, la atención prioritaria la recibe Grecia, que en todo este entramado es calderilla, pero por lo visto siguen empeñados en demostrar quién manda aquí.