Cascarrabias
Se puede pensar que me he vuelto cascarrabias -que tal vez lo sea-, pero entonces es que siempre lo he sido. Me alteran las tonterías con vocación de solemnidad. Siempre me ha repateado esa actitud de hippies tardíos, con palabritas y actitudes de felicidad forzada. Recuerdo que hace años, en el trabajo tuve que acudir a un ordenador común y alguien había instalado un saludo en el que aparecía una niña como la de los anuncios de margarina, con un ramo de flores y un letrerito que decía «Que pases un día muy bello». Yo tenía un gripazo importante, iba medio dormido, tenía frío y aún el café y el paracetamol no me habían hecho efecto. Al ver aquella cursilería que era como una provocación casi me da un infarto. Me fui cabreado y nadie entendió por qué, pero creo que tenía motivos de sobra.
Continuar leyendo «Cascarrabias»