Publicado el

Cascarrabias

Se puede pensar que me he vuelto cascarrabias -que tal vez lo sea-, pero entonces es que siempre lo he sido. Me alteran las tonterías con vocación de solemnidad. Siempre me ha repateado esa actitud de hippies tardíos, con palabritas y actitudes de felicidad forzada. Recuerdo que hace años, en el trabajo tuve que acudir a un ordenador común y alguien había instalado un saludo en el que aparecía una niña como la de los anuncios de margarina, con un ramo de flores y un letrerito que decía «Que pases un día muy bello». IMG_3034.JPGYo tenía un gripazo importante, iba medio dormido, tenía frío y aún el café y el paracetamol no me habían hecho efecto. Al ver aquella cursilería que era como una provocación casi me da un infarto. Me fui cabreado y nadie entendió por qué, pero creo que tenía motivos de sobra.
Continuar leyendo «Cascarrabias»

Publicado el

Apellidos que son nombres

Hoy, fecha de nacimiento de Neruda, también es el santo de Galdós, San Benito, pero nadie se acuerda, porque es un nombre que se pierde hacia la sonoridad de los apellidos, como le ocurre, por ejemplo, a Bioy Casares, al que tomo como ejemplo de lo que digo. Se llamaba Adolfo, un nombre corriente pero poco usado, que siempre desaparece bajo el peso de un apellido resonante. Wilde era Oscar, un nombre que ahora es premio de cine, Borges era Jorge Luis, nombre de culebrón en antístesis a su obra, que se dice siempre completo aunque en la mayoría de los escrito sólo ponen J.L.; Bioy era Bioy, como mucho Bioy Casares, casi nunca Adolfo, porque Adolfo se pierde ante un Suárez, un Hitler, o entre un Gustavo y un Bécquer. Llamarse Adolfo es como tener un nombre transparente, y el nombre es importante, imprime carácter, ya decía Wilde que es muy importante llamarse Ernesto; sí, sí, Ernesto, Oscar o Jorge Luis, y por la misma razón llamarse Adolfo necesita un doble esfuerzo.

galdos neruda.JPG Continuar leyendo «Apellidos que son nombres»

Publicado el

¿Interesa «esta» política?

A menudo me pregunto si la política interesa tanto a los ciudadanos como para que sea a todas horas la estrella de los medios informativos. La respuesta es sí, la política interesa, pero no la que dan los medios, sino los resultados de toda esa gestión de la que se habla, se comenta y se emborrachan en un remolino que cada vez se parece más a los procedimientos de la prensa rosa, donde un gesto, una palabra o un equívoco hace correr ríos de tinta. ¿Quiénes hablan entonces de políticas? Creo que quienes se dedican a ella de manera profesional, bien sea como gestores públicos, funcionarios que trabajan cerca de los anteriores o periodistas que tienen la misión de informar y opinar. Es posible entonces que los medios de comunicación vengan a ser una especie de boletín múltiple y endogámico que nace y muere en los políticos.
criiiico.JPGQuiere el ciudadano saber qué sucede con la educación, con la sanidad, con las obras públicas que le afectan, con el sistema de pensiones, con las posibilidades que sus hijos jóvenes tienen de incorporarse al mercado de trabajo. Eso es en realidad la política real, pero no la ficción que se vive en los medios como en una gran representación escénica. Continuar leyendo «¿Interesa «esta» política?»