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Donde nace la intolerancia

DSCN4046uuu.JPGLa tolerancia escasea. Por desgracia, lo vemos cada día en los noticiarios, y está sucediendo muy lejos o dos calles más allá de nuestra casa. La lucha por las ideas nunca es digna cuando se intenta imponer a los demás por la fuerza, y se manifiesta también en las pequeñas cosas. Precisamente la tolerancia viene a poner sobre el tapete que la única forma posible de convivir es intentar hacerlo respetando las ideas de los demás, y, por supuesto, exigiendo que los demás respeten las nuestras. Los fundamentalismos religiosos o de otra índole son la muestra de que el ser humano de hoy no está tan lejos del que pintaba bisontes en Altamira. Y eso tendríamos que aplicarlo a nuestra sociedad, en la que un juego como el fútbol acaba convirtiéndose en una especie de religión fanática. Continuar leyendo «Donde nace la intolerancia»

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¿Pensar, para qué?

Entra el otoño y con él se produce la rentrée de las actividades culturales cara al público. Y, como es costumbre, hay algún interesado que saca a la palestra el dinero público dedicado a la cultura, casi siempre para ridiculizar y desvalorizar el trabajo y el talento (mucho o poco) que se expone. Estoy convencido de que hay una estrategia para evitar que la gente piense, y eso pasa por laminar las Humanidades en los programas de enseñanza y por presentar a la gente de la cultura como machangos estúpidos y oportunistas. Lo más terrible del asunto es que les está saliendo bien; en nuestra sociedad, cuando se habla de artistas e intelectuales viene equivaler a emparentarlos con vividores, aprovechados y timadores; seres corruptos e inútiles en definitiva. Eso sí, hay siempre un par de figurones que son aventados como genios y nadie discute que se gaste dinero público en fomentar sus incontestables genialidades. El resto puede decirse que son pseudodelincuentes, o peor aún, pedigüeños.

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Novela y Pensamiento: Tramunt y Junco (y II)

Luis Juncoo.JPGHay distintas maneras de enfrentarse a la escritura de una novela. La más habitual es la que, siguiendo la expresión gráfica de García Márquez, trata de coger al lector por el cuello y no lo suelta hasta el punto final. En este caso, se trabaja con esmero el comienzo, tratando de sembrar la curiosidad. Hay, sin embargo, otras maneras de acometer una narración. Una de ellas es aquella en la que quien escribe no concede un milímetro a lo fácil, y exige (no solicita) la implicación del lector, anunciándole desde la primera frase que el proceso es cosa de dos, que quien lee debe poner de su parte. Cuando solo se pretende impresionar con arabescos, laberintos y regates gratuitos, el resultado suele ser pobre, porque el lector colabora cuando entiende que la estructura que se le propone responde a una necesidad argumental, y que la novela en cuestión no es un pedante ejercicio de estilo que lleva a ninguna parte. Continuar leyendo «Novela y Pensamiento: Tramunt y Junco (y II)»