El continente envejecido
Europa ha sido conocida durante décadas como «la vieja Europa», que era casi un halago, porque se remitía a sus gloriosos siglos de cultura (también de guerras interminables). Ahora, Europa es vieja, literalmente, pues la esperanza de vida ha subido como en ninguna otra parte, debido sin duda a la generalización del Estado del Bienestar. Y esa es la vaina, que todavía no nos atrevemos a cambiar el concepto de «Estado de Bienestar» por el de «Sociedad de Bienestar». Todo el mundo creyó que esto era una línea que se prolongaría hasta el infinito, pero no es así, y ahora estamos llegando tarde a muchas citas. Este debate no sólo tiene lugar en España, es el debate diario en todos los países de la UE, pero en todas partes cuecen habas, y en lugar de poner manos a la obra (más vale tarde que nunca) quien más quien menos se despacha echando la culpa a sus antecesores. El último ha sido Sarkozy, que en lugar de hacer propuestas mira hacia atrás, incluso muy atrás, porque se salta a Chirac y echa todas las culpas del retraso a Miterrand, porque rebajo la edad de jubilación de 65 a 60 años. El caso es que el debate está abierto, pero hay que cerrarlo y cuanto antes, para actualizar un mecanismo que garantice el bienestar de los jubilados dentro de veinte años. Ya lo dijo Ignacio Baeza esta semana en el foro de Canarias7, pero yo creo que hay que hilar muy fino, y no mirar tanto la edad de jubilación como los años cotizados, porque pudiera suceder que alguien con 60 años hubiese cotizado 40, y otros con más edad hubiesen aportado menos. Y eso sería muy injusto.
Las medidas tomadas por Zapatero, que recaen en una media del 5% de los salarios de los funcionarios, han abierto la veda y a mucha gente no sólo les parece bien, sino que se alegran del mal ajeno. Pues bien, sepan que la columna vertebral del Estado y de la sociedad se mantiene porque hay funcionarios, que son los encargados de servicios básicos y hasta de la defensa nacional. Mucho daño ha hecho Forges con sus chistes de Mariano, y hay que decir que son trabajadores necesarios, y encima los primeros en apechugar con los disparates que hacen otros. De los políticos, mejor ni hablo, ni de los derroches injustificados. Por eso, para no seguir repitiéndome, enlazo con lo que escribí el pasado