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Estamos crispados y agotados

Ayer hubo temporal y fútbol, pero ya ni me acuerdo porque de un tiempo a esta parte, observo que la gente está cansada, incluso muchas personas son conscientes de ello y se quejan del cansancio. Esto puede ser debido a muchas causas, pero a primera vista parece que tiene que ver con al ambiente general de pesimismo ante la crisis económica. Unas causas son claramente psicológicas, porque estar todo el día recibiendo malas noticias y peores presagios, no saber quién está diciendo la verdad y mirar a un futuro en el que de momento no se vislumbra la luz al final del túnel crea estrés, y como consecuencia cansancio. La gente no duerme bien y esa es otra pesa que añadir a la balanza.
z8cansancio-4[1].jpgPor otra parte, estar en paro es angustioso, ser jubilado y estar todo el día escuchando el zumbido de este o aquel rumor no es plato de gusto, y la gente que está trabajando lo hace con sus salarios empequeñecidos y el miedo a perder el trabajo. Se ajustan las plantillas de las empresas y a menudo la misma tarea la tienen que hacer menos personas que antes, y calladitos no vaya a ser que pisen la acera. Eso es cansancio físico y psicológico, y encima hay cabreo porque vemos que los políticos siguen su ritmo de gasto personal de siempre: viajes, comidas, coches, dietas. Yo me pregunto por qué cobra dietas un parlamentario por ir al Parlamento si se supone que ya cobra un salario por ello. Hace unos días se publicaba que el turismo ha subido en Canarias un 16%, pero no veo que ello genere nuevos puestos de trabajo. El empresariado también debería ajustar su cuenta de resultados, porque la crisis siempre recae en los trabajadores (y no hablo de las PYMES, que ya tienen bastante).
Esta angustia generalizada genera crispación, y la gente está tensa como las cuerdas de un violín, salta a la mínima, o sin motivo alguno, y eso tampoco es bueno para las relaciones sociales. Creo que esta es una situación en la que todos tendríamos que hacer una piña y poner cada uno lo más que pueda, porque si la carga va ladeada -como es el caso- el barco se hunde.

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Una mala salida…

El dicho popular dice que «una mala salida es una afrenta para toda la vida» y está claro que por muy bien que se hagan las cosas cualquier trayectoria queda emborronada por un hecho concreto, más o menos grave, o una frase a destiempo, que se convierte en salmo repetitivo durante años y parece que aquella persona no ha hecho o dicho otra cosa en su vida. aacometa.JPGEs pasto de humoristas nocturno y algunos acaban formando parte de lo colectivo. Ejemplos de eso los tenemos a mansalva, desde el «vaya usted a la mierda» de Fernán Gómez hasta lo de «estar en el candelabro» de Sofía Mazagatos. Se diría que Umbral fue una sola vez a televisión a «hablar de su libro», o que en la biografía de un veterano político canario ya retirado sólo consta cierto incidente con un pijama. Y esto a veces es injusto porque disuelve cualquier cosa buena que la persona aludida haya hecho o dicho en su vida; por otra parte, también es injusto (por defecto) que un solo asunto conste en alguien que ha metido la pata con profusión. Este es un país en el que alguien llama a una mujer «Señorita Trini» y se monta la del pulpo. Este es el caso de un sobredimensionado escritor (no lo nombro porque eso es lo que busca), especialista de decir boutades para escandalizar al respetable, y que ahora parece que sólo ha dicho no sé qué de unas lolitas japonesas, cuando se ha pasado la vida disparatando adrede, como hace 25 años, cuando dijo en la Casa de Colón que Oficio de Tinieblas, de Cela, era la primera novela surrealista española, y se levantó a voz en grito Jorge Rodríguez Padrón y le espetó: «¡Eso es mentira, la primera novela surrealista española fue Crimen, de Agustín Espinosa!», y se armó una bronca descomunal. Y ya ven, cuando seguramente no quería epatar se le echa encima su propia incontinencia verbal. Lo llaman justicia poética, pero, francamente, nunca me han gustado los linchamientos, y me echo a temblar porque de estos incidentes se nutren los que quieren censurar.
Por cierto, a Felipe González también se le suelta la lengua de vez en cuando. Y a Aznar, claro. Yo creo que los expresidentes calladitos están más guapos.

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¿Qué me pongo?

Con el tiempo meteorológico nunca nos ponemos de acuerdo. Para unos, el verano se ha alargado y siempre dicen que dónde se ha visto un octubre tan caluroso; para otros, el levante de los últimos días es anormal, e incluso hay quien dice que el invierno se nos está echando encima de repente y por lo visto esto es nuevo. Todos los años escuchamos las mismas cantinelas, pero lo cierto es que el otoño canario a nivel del mar es muy variable, siempre lo ha sido.
z4_vestidos[1].JPG Otra de las preguntas que se hacen ahora más que nunca las mujeres es aquella clásica de «¿qué me pongo?». Salen a trabajar por las mañanas y hace fresquito, y a mediodía hay bochorno, así que no saben. Van de compras y ven que la mayoría de los vestidos de esta nueva temporada son muy ligeros, salvo algunos de telas muy abrigadas, que son los menos; y se preguntan por qué, si es invierno, las telas son incluso más finas que las de verano. Pues muy fácil, porque empieza a haber crisis en el mercado del algodón después de las inundaciones en Pakistán, y porque así tendrán que comprar prendas de abrigo para poner debajo y encima. El caso es que el tiempo y la ropa son temas de conversación muy frecuentes en estos días, y es que ya dice el refrán que nunca llueve a gusto de todos.