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Una mala salida…

El dicho popular dice que «una mala salida es una afrenta para toda la vida» y está claro que por muy bien que se hagan las cosas cualquier trayectoria queda emborronada por un hecho concreto, más o menos grave, o una frase a destiempo, que se convierte en salmo repetitivo durante años y parece que aquella persona no ha hecho o dicho otra cosa en su vida. aacometa.JPGEs pasto de humoristas nocturno y algunos acaban formando parte de lo colectivo. Ejemplos de eso los tenemos a mansalva, desde el «vaya usted a la mierda» de Fernán Gómez hasta lo de «estar en el candelabro» de Sofía Mazagatos. Se diría que Umbral fue una sola vez a televisión a «hablar de su libro», o que en la biografía de un veterano político canario ya retirado sólo consta cierto incidente con un pijama. Y esto a veces es injusto porque disuelve cualquier cosa buena que la persona aludida haya hecho o dicho en su vida; por otra parte, también es injusto (por defecto) que un solo asunto conste en alguien que ha metido la pata con profusión. Este es un país en el que alguien llama a una mujer «Señorita Trini» y se monta la del pulpo. Este es el caso de un sobredimensionado escritor (no lo nombro porque eso es lo que busca), especialista de decir boutades para escandalizar al respetable, y que ahora parece que sólo ha dicho no sé qué de unas lolitas japonesas, cuando se ha pasado la vida disparatando adrede, como hace 25 años, cuando dijo en la Casa de Colón que Oficio de Tinieblas, de Cela, era la primera novela surrealista española, y se levantó a voz en grito Jorge Rodríguez Padrón y le espetó: «¡Eso es mentira, la primera novela surrealista española fue Crimen, de Agustín Espinosa!», y se armó una bronca descomunal. Y ya ven, cuando seguramente no quería epatar se le echa encima su propia incontinencia verbal. Lo llaman justicia poética, pero, francamente, nunca me han gustado los linchamientos, y me echo a temblar porque de estos incidentes se nutren los que quieren censurar.
Por cierto, a Felipe González también se le suelta la lengua de vez en cuando. Y a Aznar, claro. Yo creo que los expresidentes calladitos están más guapos.

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¿Qué me pongo?

Con el tiempo meteorológico nunca nos ponemos de acuerdo. Para unos, el verano se ha alargado y siempre dicen que dónde se ha visto un octubre tan caluroso; para otros, el levante de los últimos días es anormal, e incluso hay quien dice que el invierno se nos está echando encima de repente y por lo visto esto es nuevo. Todos los años escuchamos las mismas cantinelas, pero lo cierto es que el otoño canario a nivel del mar es muy variable, siempre lo ha sido.
z4_vestidos[1].JPG Otra de las preguntas que se hacen ahora más que nunca las mujeres es aquella clásica de «¿qué me pongo?». Salen a trabajar por las mañanas y hace fresquito, y a mediodía hay bochorno, así que no saben. Van de compras y ven que la mayoría de los vestidos de esta nueva temporada son muy ligeros, salvo algunos de telas muy abrigadas, que son los menos; y se preguntan por qué, si es invierno, las telas son incluso más finas que las de verano. Pues muy fácil, porque empieza a haber crisis en el mercado del algodón después de las inundaciones en Pakistán, y porque así tendrán que comprar prendas de abrigo para poner debajo y encima. El caso es que el tiempo y la ropa son temas de conversación muy frecuentes en estos días, y es que ya dice el refrán que nunca llueve a gusto de todos.

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Hombres imprescindibles

Hay hombres que luchan un día y son buenos.
Hay otros que luchan un año y son mejores.
Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos.
Pero los hay que luchan toda la vida:
esos son los imprescindibles
. (B. Brecht)

Con la muerte de Marcelino Camacho se han desatado las loas y se ha centrado la atención sobre el dirigente sindical que fundó Comisiones Obreras. Realmente Camacho fue siempre tan discreto que parece que casi se empeñó en privar a su figura de la aureola que sin duda tenía. Fue un combatiente republicano durante la guerra civil y como perdedor fue confinado en un campo de concentración. Y ahí su figura adquiere vuelo heroico y novelesco, que poco se ha comentado, pues se evadió de su presidio en el norte de Africa y huyó a Argelia. Por lo tanto fue también un exiliado y cuando regresó a España siguió trabajando en la clandestinidad conformando Comisiones Obreras y realizando una lucha permanente contra el franquismo en su apogeo.
zZZcamachobujo.JPGSu nombre estuvo en todas las bocas cuando tuvo lugar el famoso proceso 1.001, que llevó a la cárcel de Carabanchel en prisión preventiva a la cúpula de CC.OO.: Marcelino Camacho, Nicolás Sartorius, Miguel Ángel Zamora, Pedro Santiesteban, Eduardo Saborido, Francisco García Salve (sacerdote obrero), Luis Fernández, Francisco Acosta, Juan Muñiz Zapico y Fernando Soto. La coincidencia del juicio con el atentado a Carrero Blanco (20 de diciembre de 1973) hizo que las penas fuesen más duras, y en la cárcel estuvieron hasta que el 25 de noviembre de 1975, cinco días después de la muerte de Franco, el Rey Juan Carlos, aún no coronado (eso ocurriría dos días más tarde) los indultó. Camacho se hizo referente de la justicia social, y el suéter rojo que le tejió su esposa para que se abrigase en la cárcel se convirtió en un icono de la lucha por la libertad. Su corazón comunista con todas sus consecuencias lo llevó incluso a enfrentarse a la dirección de CC.OO. que le sucedió en 1987. Ha muerto en su modesta casa de siempre y es ahora cuando muchos se dan cuenta de la lección de coherencia que fue cada acto de su vida.
Siempre me pareció una figura paralela a la de Germán Pírez, Fernando Sagaseta, Agustín Millares Sall y tantos otros, y aprovecho para decir que quienes amamos la libertad y valoramos la coherencia seguimos debiendo un gran homenaje social a estos hombres que son el viento del pueblo que cantó otro hombre imprescindible, Miguel Hernández. Ahora que tratan de arrebatarnos las conquistas sociales que han costado tantos sufrimientos, tenemos que mirarnos en esas figuras que son faro para el futuro, y el que diga que las ideologías han muerto es que es de derechas, eso está claro. Deseo que Marcelino Camacho descanse en paz, o que haga lo que quiera, que a lo mejor no quiere descansar y seguir luchando. En este momento de la historia necesitamos hombres como Marcelino Camacho: IMPRESCINDIBLES.