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Premio, medallas, diplomas

A unos les dan la flor de no sé qué; a otros la medalla de nosecuántos, el premio de tal o cual, el Oscar, el Globo, el Oso o la Espiga, la orden de la cacharrería o el guante, la bota o el balón de oro. Todos son personajes famosos en lo suyo y más allá, generalmente bien cubiertos y sin necesidad de más trastos que no saben dónde guardar. essspum.JPGHace unos días le robaron al tenista retirado Peter Sampras un montón de copas y medallas, que tenía guadadas en un almacén de Los Angeles porque en su casa no le cabían, o le molestaban. Por lo visto, obtener uno de esos trofeos o reconocimientos no vale tanto en sí mismo como que te lo den a ti y no a otro. Y luego viene la consiguiente pregunta: ¿Es que ya no se hacen las cosas por el mero placer de hacerlas? Todo tiene que venir corroborado con un premio, una medalla o un galardón que nada añade a lo que se ha hecho, pero, claro, no se trata de tenerlo, sino de que no lo tenga el otro. Luego los guardan en el trastero o un almacén, porque ya son chatarra. ¿Que habrá hecho Jack Nicholson con sus estatuillas de los Oscars, Federer con sus copas o Vargas Llosa con las medallas y los pergaminos que lo acreditan como ganador de incontables premios? Alguien me decía que a los ganadores de Roland Garrós y Wimbledon les dan una copa muy celebrada y a los finalistas una bandeja, que recogen a regañadientes y por lo visto pocos guardan porque esa bandeja es la constancia material de que perdieron la final. Vanidad, espuma, burbujas y no otra cosa. Hacer bien algo ya debería ser suficiente satisfacción.

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Discapacidades

Como hoy los ciegos celebran su fiesta, es un día perfecto para acordarse de quienes sufren alguna discapacidad, porque esta sociedad se parece cada día más a la Esparta clásica, donde arrojaban a los inválidos por un despeñadero porque decían que eran una carga para una sociedad hecha para la guerra. Algo así, aunque de manera más sofisticada, hacían los nazis, y estas prácticas nacen de la estupidez humana, porque nadie está a salvo de que mañana pueda ser un discapacitado. Hace unos años tuve que llevar durante un mes un pie escayolado, y me di cuenta de las dificultades que tienen nuestras ciudades para que los discapacitados se muevan en ellas. Dije entonces -y digo ahora- que debería ser obligatorio que cada cierto tiempo a las personas sin problemas físicos les escayolasen una pierna durante una semana (no hace falta rompérsela). Así tomarían conciencia de lo que otros padecen habitualmente.
ajjjo.JPGEn cuanto a las discapacidades psíquicas o mentales, desde la literatura picaresca han sido objeto de chanza, porque la sociedad colectivamente es cruel y burletera. Cualquier definición acaba convirtiéndose en un insulto. Cuando yo era niño, a este tipo de persona se le llamaba el tonto del pueblo. Como tonto se volvió insulto, empezaron a usar la palabra subnormal. También se transformó en ofensiva, y entonces se empezaron a usar otros eufemismos consecutivos, que poco a poco devienen en dardo injurioso: disminuido, discapacitado, o cualquiera de las siglas que definen técnicamente una situación. No debemos olvidar insultos como bobo, tonto o imbécil, fueron en su día palabras técnicas para definir una discapacidad. Por eso da igual que a los ciegos los llamen invidentes y a los parapléjicos discapacitados. Y si no fíjense en las risas que levantan los chistes de tartamudos y el cachondeo cotidiano cuando se sabe que alguien padece sordera.

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Estamos crispados y agotados

Ayer hubo temporal y fútbol, pero ya ni me acuerdo porque de un tiempo a esta parte, observo que la gente está cansada, incluso muchas personas son conscientes de ello y se quejan del cansancio. Esto puede ser debido a muchas causas, pero a primera vista parece que tiene que ver con al ambiente general de pesimismo ante la crisis económica. Unas causas son claramente psicológicas, porque estar todo el día recibiendo malas noticias y peores presagios, no saber quién está diciendo la verdad y mirar a un futuro en el que de momento no se vislumbra la luz al final del túnel crea estrés, y como consecuencia cansancio. La gente no duerme bien y esa es otra pesa que añadir a la balanza.
z8cansancio-4[1].jpgPor otra parte, estar en paro es angustioso, ser jubilado y estar todo el día escuchando el zumbido de este o aquel rumor no es plato de gusto, y la gente que está trabajando lo hace con sus salarios empequeñecidos y el miedo a perder el trabajo. Se ajustan las plantillas de las empresas y a menudo la misma tarea la tienen que hacer menos personas que antes, y calladitos no vaya a ser que pisen la acera. Eso es cansancio físico y psicológico, y encima hay cabreo porque vemos que los políticos siguen su ritmo de gasto personal de siempre: viajes, comidas, coches, dietas. Yo me pregunto por qué cobra dietas un parlamentario por ir al Parlamento si se supone que ya cobra un salario por ello. Hace unos días se publicaba que el turismo ha subido en Canarias un 16%, pero no veo que ello genere nuevos puestos de trabajo. El empresariado también debería ajustar su cuenta de resultados, porque la crisis siempre recae en los trabajadores (y no hablo de las PYMES, que ya tienen bastante).
Esta angustia generalizada genera crispación, y la gente está tensa como las cuerdas de un violín, salta a la mínima, o sin motivo alguno, y eso tampoco es bueno para las relaciones sociales. Creo que esta es una situación en la que todos tendríamos que hacer una piña y poner cada uno lo más que pueda, porque si la carga va ladeada -como es el caso- el barco se hunde.