La bella infeliz
Con la trayectoria y la desaparición de Amparo Muñoz vuelve a repetirse el mito de la bella infeliz, que viene desde la clásica Helena de Troya y transita la realidad y la ficción durante toda la historia de la cultura.
Amparo Muñoz fue una malagueña bellísima, de esa línea racial que hay en el sur español en el que aparecen genes del norte de Europa, con ojos claros y tendencia al pelo rubio, aunque Amparo Muñoz no tenía la melena dorada de Marisol, pero parecía venir de ahí. Tuvo el mundo y los hombres a sus pies, pero nada la colmó, siempre siguió buscando en el amor, en las sensaciones y a veces donde no debía. La vida se confabuló contra ella, nadie sabe por culpa de quién, acaso también de ella, y la destruyó. En Canarias tenemos el mito de Mararía, la diabólicamente hermosa mujer de Lanzarote cuya belleza creaba desgracia a su alrededor y por ende la hacía desgraciada a ella. Es la historia que se repite una y otra vez en el mundo del espectáculo con Rita Hayworth, Ava Gardner, Gene Tierney, Jean Seberg y sobre todas Marilyn Monroe, un mito en sí misma. Tal vez nunca asumieron el inmenso poder que da la belleza y no supieron administrarlo. En Greta Garbo y Lady Di también hay algo de eso. Amparo Muñoz tuvo lo que millones de personas desean y que nunca tendrán porque la naturaleza y la fortuna se lo niegan, pero aún así nunca fue feliz. Descanse en paz.
Queremos estar en ese pelotón de cabeza (hace un par de años presumíamos de haber adelantado a Italia), pero no se pedalea con la fuerza necesaria. Si antes los porcentajes del PIB destinados a educación e investigación eran pobres, ahora lo son más. Y esa es la apuesta que nuestros dirigentes hacen para el futuro. Ocurre en España y ocurre en Canarias, donde se congelan o empequeñecen partidas educativas, mientras los cabildos y ayuntamientos recortan sus servicios de apoyo a la educación (algunos incluso desaparecen). Para colmo, nuestros dirigentes -que no se distinguen en general por ser muy ilustrados- no pierden ocasión para desprestigiar al profesorado, piedra angular de cualquier sistema educativo. Y así estamos, pero en vista de cómo va el proceso estaremos peor. No se han enterado todavía que el dinero que va a educación no es gasto (se gasta en festejos inútiles y comilones innecesarias), el dinero que va a educación es una inversión de futuro. Ya, ya, sigan riéndose y volveremos a niveles impresentables.