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¿No se te está yendo un poco la mano?


Me dirijo a ti, porque hay millones de personas que creen en tu existencia y en tu capacidad para gobernarlo todo. Desde que el hombre aprendió a hablar y por lo tanto a pensar, siempre se ha creído mayoritariamente en ti, y sólo en el siglo XVIII se puso en tela de juicio tu existencia. Te nombran de formas distintas, te rinden culto con ritos diversos, pero finalmente se acepta tu superioridad. ztesatas pasando.JPGY como no tengo argumentos para negarte ni tampoco para proclamarte, entiendo que puede que estés ahí o no, pero en el primer caso creo que estás siendo demasiado duro. En realidad siempre lo has sido, pero de unos años a esta parte envías tsunamis devastadores, erupciones volcánicas apocalípticas, huracanes exterminadores, terremotos ultradestructivos, sequías bíblicas, inundaciones arrasadoras… Utilizas los cuatro elementos (tierra, fuego, aire y agua) en dosis tremendas y el planeta se llena de sufrimiento. Ya sé que hay acciones que merecen castigos, pero tengo la impresión de que no estás apuntando bien, porque los que generan guerras, crean pobreza y humillan a los demás siguen viviendo tan ricamente, a salvo de todas las tragedias. No entiendo por qué había que castigar a los niños no nacidos en Lorca, a los miles de inocentes que se mueren de hambre en el Sahel, a tantos que ni siquiera pueden hablar. ¿No se te está yendo un poco la mano? Soy un ingenuo, hacer esa pregunta a quien envió el fuego de Sodoma, el diluvio universal y las diez plagas de Egipto. Creo que sigues aplicando el Antiguo Testamento, y por eso te ruego que cambies de libro, porque en el Nuevo hay palabras como perdón, esperanza, reconciliación, salvación… Bueno, me olvidaba que también en el Nuevo está El Apocalipsis. En todo caso, afloja un poquito.

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Las muchas Lorcas de España

00007551[2].jpgLa catástrofe de Lorca ha sucedido cuando ningún adivino la había anunciado, mientras se entretenían en vociferar sobre otras ciudades, que siempre tienen cancha porque están en el ADN de nuestra civilización. Roma no es una ciudad más, es «la ciudad» sobre la que se profetiza porque es el centro de una religión multitudinaria. Lorca, sin embargo es un punto en el mapa, como tantas ciudades que suelen ser nombradas solo los domingos y en Carrusel Deportivo porque tienen un equipo de fútbol aunque sea en Segunda B. España es solar de poblaciones muy importantes, que quedaron relegadas casi al olvido cuando a mitad de siglo XIX el país fue dividido en provincias y se dio protagonismo a las capitales. De esta quema de memoria apenas se han salvado Vigo, Santiago, Gijón, La laguna y poco más, y se ha recuperado recientemente Mérida, pero en la Historia grande de España hay docenas de ciudades que fueron las que crearon la columna vertebral de un Estado y que hoy apenas si son conocidas: Astorga, Calatayud, Úbeda, Ciudad Rodrígo, Burgo de Osma, Plasencia, Tudela, Zafra, Cartagena, Antequera, Betancuria, Seu de Urgel, Medinaceli, Toro, Baeza… Lorca es una de esas ciudades que han construido nuestra historia. Dicen los responsables culturales que buena parte del patrimonio destruido por el terremoto es irrecuperable. Una lástima, pero ninguna tan grande como la vida de las personas que se ha llevado la fuerza desatada de la naturaleza. También es una lástima que Lorca entre en el mapa por una desgracia.

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El valor supremo del dinero


Anoche lo dejaba bien claro José Luis Sampedro en una entrevista televisada: Occidente está en decadencia porque ha antepuesto el beneficio económico de unos pocos a los valores fundamentales que hicieron grande nuestra civilización. Los gobiernos se han convertido en títeres de los poderes finacieros, sssdddddt.JPGy aunque en teoría pueden meter mano y racionalizar el sistema, tienen las manos atadas porque en la trastienda son los grandes poderes financieros los que mandan. Para que eso sea posible ha tendido que pasar algo terrible: que Europa abdique de los valores que siempre defendió y permita situaciones como las de Palestina o El Sahara, y que en Estados Unidos el capitalismo, en manos de los halcones, haga de la guerra un negocio. Lo que nos vendieron como globalización ha sido la puntilla, y los avances tecnológicos sólo están sirviendo para idiotizar a la gente. La crisis ha sido provocada por la voracidad de una cúpula que está pasando por encima de la democracia, y la prueba es que ni el mismísimo Obama ha podido resolver un asunto que teóricamente podría atajar de un plumazo; me refiero a Guantánamo, y ahora nos venden como gran logro democrático la ejecución extrajudicial de Bin Laden. Ya ni siquiera guardan las formas, como hacían hace cincuenta años, cuando de forma parecida mataron a Patricio Lumumba. Occidente se desmorona, y a quienes como Sampedro hablan claro los medios afines a los poderes fácticos los llaman hippies visionarios. El ultracapitalismo está acabando con una forma de vida que ha costado siglos conseguir.