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Belén Esteban y el caballo de Calígula

Sabemos que la telebasura hace audiencias y por lo tanto genera dinero, que los realitys entre mentiras y verdades exhiben lo más grosero del género humano, pero hay cosas que no tienen soldadura. Hemos escuchado a afamados presentadores (ahora llamados monstruos ¿por qué será?) defender lo indefendible, como aquella legendaria frase de Javier Sardá «¿Telebasura? ¡Tu puta madre!», o la teoría de que Gran Hermano era un experimento sociológico salida de la boca de la inefable Mercedes Milá. zincitatus.JPGIncluso los programas supuestamente críticos con la telebasura la han utilizado de manera continua (Sé lo que hicísteis) o de forma esporádica (Buenafuente, El intermedio), y cada cual tira de la manta hacia donde le conviene, porque como me contaron que decía un profesor de Ciencias de la Información «Indentificar un programa de televisión es fácil, es lo que sale en medio de la publicidad». La televisión es un medio extraordinario que se ha degenerado para embrutecer a la gente, pero al menos los directivos guardaban las formas, haciendo de las suyas escondidos en sus despachos, pero no insultando nuestra leve inteligencia. Ha dicho Paolo Vasile, Consejero Delegado de Telecinco, que Belén Esteban es la precursora del 15-M. Claro, y el caballo de Calígula el pilar sobre el que se consolidó el Imperio Romano. No olvidemos que el caballo en cuestión era Cónsul, porque lo nombró aquel «característico» emperador, y a Belén Esteban la han nombrado precursora de no sé qué, como Voltaire lo fue de la Revolución Francesa. Pues nada, como ya tenemos pensadores de ese calibre, cerremos las universidades.
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El caballo preferido de Calígula era Incitatus, que en latín viene a traducirse por Impetuoso, que no me extrañaría que fuese lo que quiso decir Jesús Gil cuando llamó a su caballo Imperioso.

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Colombo y la memoria


Ha muerto el actor Peter Falk, que en los años 70 encarnó al teniente Colombo en una serie de televisión de mucho éxito que se convirtió en un referente de la época. Aparentemente despistado, en realidad era un observador minucioso, que siempre atrapa al asesino por detalles mínimos en un constante homenaje de los guionistas a la resolución de la película de Hitchcock El crimen perfecto. zzzzzzcolumbo[1].jpgDescubría al culpable por la manera de abotonar una chaqueta o de atar los cordones de unos zapatos. En realidad, su personaje era un cántico a la importancia de la memoria en todos sus aspectos (visual, auditiva…) La triste paradoja es que en sus últimos años padecía Alzeimer, hasta el punto de no recordar su propio nombre. No voy a decir ahora que ha desaparecido uno de los gigantes de la interpretación, aunque hizo secundarios memorables (fue nominado al Oscar dos veces) como el que bordó junto a Glenn Ford y Bette Davis en el gran clásico de Frank Capre Un gánster para un milagro. Sí voy a decir que su personaje de Colombo, vestido con una gabardina de vertedero (ahora es imitado en una serie de TVE) se convirtió en un antihéroe y forma parte de la historia de la televisión. Recordarlo nos remite a una década muy peculiar, la de los 70, la que creó referencias cinematográficas que dejaron mucha huella, como El Padrino, Cabaret, Tiburón, El espíritu de la colmena, Amarcord, Fiebre sábado noche, La vida de Brian o Taxi driver, y series televisivas de leyenda que hoy son iconos de la cultura: Kojak (el calvo de cupa-chups), La casa de la pradera, Curro Jiménez, Pipi Calzaslargas, Enredo, El increíble Hulk y, por supuesto, Colombo. El cine, los libros, la música y las series de televisión ayudan a componer la memoria que va fijando nuestra historia personal. Colombo forma parte de ella. Descanse en paz Peter Falk.

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Ya sabemos de quién es la culpa


Por si no estaba claro el sesgo neoliberal que está tomando el Tea Party en España, capitaneada por las insondables proclamas de políticos retirados y los sermones culpabilizadores de la jerarquía católica, ahora viene el remache de la mano de la CEOE, cuyo nuevo presidente se ha apresurado a alistarse en la cruzada retroactiva que ya es un clamor. Como siempre, para barnizar la propia ideología, se alude a un estudio que dice exactamente lo que quieren quienes lo encargan. Eso ha hecho la CEOE, que al tratar de la Educación viene a decir entre otros «hallazgos» que la mayor presencia femenina entre los docentes no ha sido bien recibida por todo el mundo, pues al asumir la mujer las labores profesionales y las tareas del hogar, se nota en el trabajo. Ni siquiera se valora el gran esfuerzo de esta sociedad por alcanzar la igualdad jurídica y la lucha porque lo que dicen los papeles se convierta en realidad. zzzcolegioito.JPGSe da por hecho que las labores del hogar son exclusivamente de las mujeres, y mezcla churras con merinas al acusar a las mujeres de la introducción de la jornada continua. EL estudio y su defensa por parte de la CEOE es tan estridente, tan inclinado a la vieja tradición de «la mujer en casa y con la pata quebrada», que parece una parodia. Lo triste es que lo dicen en serio y con esa campaña desde varios frentes (político, empresarial, religioso y mediático) resucitan las viejas ideas machistas. Para este sector tan influyente, definitivamente la culpa de todo la tienen las mujeres, no lo afirman con claridad, pero se deduce de ese goteo de intervenciones que ya es cascada en los últimos meses. También dice el estudio que meter más dinero en educación tiene efectos nulos en la mejora de la calidad. Digo yo que no habrán visto cómo es la calidad educativa en países en los que se invierte en enseñanza un porcentaje mucho mayor del PIB que en España. Y es que para ellos la enseñanza no es una inversión, es un gasto. Entre la entrevista de Aznar, las homilías de Rouco Varela y los estudios de la CEOE, esta semana estoy que no me llega la camisa al cuerpo. Y hay una contradicción en todo esto (bueno, hay muchas, todas): si la presencia docente de la mujer es tan dañina, ¿cómo es que se deshacen en loas a la vieja escuela tradicional en la que la figura de la maestra era casi un icono? Pretendarán que, las profesoras de hoy sean como las maestras de las novelas decimonónicas, solteras (ellos decían solteronas) y entregadas a la enseñanza como si fuesen monjas. Definitivamente, no me está gustando el comienzo de este siglo XXI.