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El sesenta como número mágico

zzzimages[4].jpgNo nos damos cuenta, pero en nuestra manera de medir y contar conviven dos sistemas: el decimal que es el que usamos para números, cifras y balances, y el sexagesimal que tiene aplicaciones más relacionadas con la astronomía y con la geometría. De contar años, meses, días y horas en el sistema decimal, pasamos al sexagesimal cuando hablamos de minutos y segundos, y luego volvemos al decimal con las décimas, centésimas y milésimas. Es un acuerdo cotidiano que relaciona lo sexagesimal con lo circular, por eso lo relojes tradicionales son redondos, y se usa también para medir ángulos que finalmente son arcos de una circunferencia. La Tierra es prácticamente esférica, y el año casi se corresponde con los 360 grado de una circunferencia. Es curioso que cuando hacemos algo muy bien decimos que nos ha salido redondo, y todo eso tiene como base el número sesenta, con contiene 60 unidades de la magnitud inmediatamente inferior. Esto viene de los babilonios, que de esto sabían mucho, y buen sistema debe ser cuando los avances matemáticos y la práctica diaria en la que reina el sistema decimal no han podido eliminarlo. Así que, cuando mire la hora en un reloj de esfera, valore que el sesenta puede ser un buen número, pues en la antigua Mesopotamia -que eran de todo menos tontos-, el sesenta era el número redondo, perfecto, el número de la sabiduría.

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Como una regadera

Hace unos días me corté el pelo. La barbería de mi barrio es eso, una barbería de las de siempre, con unos lugareños que la frecuentan a diario para leer el periódico y comentar, y un barbero amable, discreto y comunicativo a la vez. Ese es un arte muy difícil, pues siempre está en medio de los grandes temas que allí se tratan: la guerra de Libia, la vulcanología de El Hierro, la política a todos los niveles, la marcha de la UD Las Palmas y cómo no, el fútbol en todas sus dimensiones. Cualquiera no puede ser barbero, hace falta un don especial.
Fortuna2[1].jpgCuando me iba, entró en el local un vendedor de la ONCE ofreciendo cupones. Le pedí uno y me dijo que escogiese. Uno cualquiera, le dije con frase machacada, todos entran en los bombos. Se negó, alegó que él no era un árbitro del destino, que si me daba un cupón premiado se lo estaba negando a otro, y viceversa. Insistí en que me diese uno al azar y volvió a negarse. Como no hice ademán de elegir uno, se marchó sin venta. Menos mal que el barbero intervino, lo detuvo y escogió dos iguales, una para él y otro para mí.
Me quedé perplejo. El barbero también, y entonces yo quise justificar la actitud del vendedor con unas consideraciones sobre el destino, el azar y las manos que influyen en nuestras vidas sin darse cuenta. El barbero, haciendo aspavientos para que parase, me dijo:
-Déjese de filosofías, don Emilio, esas las guarda usted para esas cosas que escribe en los periódicos y en Internet. Si este tío habla para impresionar, es un soplagaitas, porque encima deja de vender, que es su trabajo.
-¿Y si cree firmemente en lo que dice?
-Entonces, amigo, es que está como una regadera.
Pues será eso… O lo otro. Por cierto, el cupón tenía el reintegro.

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La isla Nuevo Sur


Si como dicen los especialistas, una erupción volcánica, en caso de producirse, sería en el llamado Mar de la Calmas, la isla de El Hierro quedaría indemne. Sabemos que el origen de nuestro archipiélago es volcánico, y que debajo de nosotros hay magma que de vez en cuando sale, unas veces por las islas ya emergidas, otras en el fondo del mar. z8fxgdif[1].jpgSe habló no hace mucho de una posible erupción entre Gran Canaria y Tenerife, que si fuese lo suficientemente copiosa funcionaría como puente y arruinaría a las navieras. Eso es poco posible por la profundidad del mar en la zona, y desconozco qué profundidad hay en el Mar de las Calmas. Puesto a imaginar -novelista al fin- podría surgir del mar una nueva masa, construida capa a capa por lava humeante que haría hervir el mar y que poco a poco sería una nueva isla. Si seguimos imaginando, estaría unida por un istmo a la zona de La Restinga y podría duplicar o triplicar el territorio herreño, o bien establecerse sola, fundando un nuevo Sur geográfico para Canarias. Y, claro, emergen también las preguntas: ¿De quién sería la isla? ¿Quién obtendría beneficios especulando con las construcción de poblaciones, carreteras y servicios? ¿Quién viviría en Nuevo Sur? ¿Tendría ayuntamientos y cabildos? Y un problema añadido: se rompería la famosa triple paridad de diputados para el Parlamento de Canarias, y habría que buscarle representatividad en el Senado, con lo que habría que reformar la Constitución. La isla Nuevo Sur desencadenaría la avaricia económica, la voracidad política y concesiones a pioneros (no pongo la lista porque serían los de siempre) como cuando el Gobierno de Estados Unidos se hizo con los territorios de La Louisiana y La Florida y el presidente Jefferson repartió aquella nueva riqueza entre los tabaqueros de Virginia y las más preponderantes familias de la costa Este. Yo creo que, conociendo la cabras del rebaño, lo mejor es que el volcán no erupcione o que si lo hace solo construya una montaña bajo el agua y no funde un San Borondón para la discordia.