A pescar en río revuelto
Lo que está sucediendo en la isla de El Hierro a causa de la erupcción volcánica y todo lo que eso implica está dejando claro que el ser humano tiene una capacidad tremenda para aprovecharse de todo. A los noticiarios de televisión solo les falta emitir los telediarios desde La Restinga, y si no lo hacen es porque no los dejan. Luego están los que tratan de llevar el agua a su molino, dando por sentada una de las varias teorías que hay sobre el origen de Canarias y dejando claro que este volcán es la ratificación de una de ellas, la suya, por supuesto. Otros toman el asunto como si se tratase de un festival, cuando en realidad se ignora qué puede pasar, y si alguien tiene datos se explica muy mal, porque en dos días he escuchado una cosa y la contraria de boca de supuestos especialistas. No me extraña que los herreños estén intranquilos, y es que supongo que no saben muy bien a quién creer. Y en esta especie de fiesta mediática, no veo que se valore en su justa medida el terrible momento que están pasando cientos de personas, fuera de sus hogares y sin saber si de un momento a otro el volcán pueda hacer desaparecer lo que tanto trabajo les ha costado levantar. Al ver a los herreños abandonar sus casas, pienso en los animales que quedan atrás; ¿dónde van a comer y a beber agua? ¿también están siendo evacuados? El colmo es que, con razón, un profesor universitario se queja de que la ausencia de un barco especializado en la zona está haciendo que se pierdan muchísimos datos científicos que serían de gran ayuda para ahora y para el futuro. La cuestión es que el barco existe en España, y la pregunta es por qué no está en aguas herreñas desde hace tiempo, al menos desde que se vio la inminencia de una erupción. Por muy espectacular que sea un volcán, lo importante es la gente, su seguridad y sus esperanzas. A veces me pregunto si nuestros dirigentes tienen una remota idea de lo que significa una fuerza de la naturaleza cuya evolución se desconoce.
Por fin parece que el volcán ha salido a la superficia, aunque en el fondo del mar. Eso parece bueno en principio, aunque no sabemos qué consecuencias tendrá para el rico fondo marino de la zona, uno de los más bellos y deseados por los submarinistas. Lo que sí está claro es que la isla de El Hierro lleva varios meses en angustiosa espera, sufriendo fuertes temblores de tierra y con el municipio de Frontera muy afectado por la falta de comunicación. Que vengan ahora los catedráticos lejanos a decirnos que un volcán es bueno para la isla, mientras él no tiene que ser desalojado de su casa ni ve cómo sus productos agrícolas se pierden por falta de transporte. Es verdad que puede que acudan a la isla unos cuantos curiosos, pero ya eso sucedía, pues nada hay más interesante que la belleza de una isla que no necesita cataclismos para estar en el mapa. En realidad, siempre lo estuvo, incluso después que los ingleses de Grenwich le arrebataran el meridiano cero. Solo espero que el volcán se desahogue en el mar, que no haga demasiados estropicios, que deje de hacer temblar la tierra y que las autoridades tengan en cuenta los daños habidos en la isla, porque, quiérase o no, es un desatre natural. Supongo que no hace falta que remache mi eterna simpatía y solidaridad con la isla de El Garoé.
(cuyo mantenimiento pagamos todos) o llegan a un acto benéfico (qué hipocresía) en un Rolls-Royce plateado cuyo fulgor ciega. Luego, quienes tienen el estómago caliente, la bolsa llena y las espaldas cubiertas, se permiten el lujo de pedir ajustes y machangadas por el estilo. La última moda es que vacas sagradas del periodismo culpen de la crisis a los funcionarios, unos claramente y tirándose al cuello (Martín Ferrán), otros de una manera tangencial pero igualmente dañina (Ansón). No sé qué se hizo de la famosa ley de incompatibilidades, pues hay quien cobra tres salarios oficiales, y desde esa tarima de billetes clama por la moderación salarial. Ya ni se esconden, y lo triste es que muchas de estas personas son aclamadas por la gente que no llega ni al día 20 de mes. Es como cuando las hambrientas masas argentinas vitoreaban a Eva Duarte (Evita), asomada a un balcón oficial, vestida y enjoyada como un árbol de Navidad. Y encima en los medios audiovisuales y escritos muestran lujosas casas, fiestas a todo trapo fotografiadas y críticas a las mujeres conocidas que repiten vestido (eso sería para aplaudir). Me pregunto cuánto habrán costado las recientes y multitudinarias conferencias de los grandes partidos. Si el dinero es público, no lo entiendo, y si es privado, la pregunta es por qué.