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El volcán

zzzVolcán-Submarino_230x230[1].jpgPor fin parece que el volcán ha salido a la superficia, aunque en el fondo del mar. Eso parece bueno en principio, aunque no sabemos qué consecuencias tendrá para el rico fondo marino de la zona, uno de los más bellos y deseados por los submarinistas. Lo que sí está claro es que la isla de El Hierro lleva varios meses en angustiosa espera, sufriendo fuertes temblores de tierra y con el municipio de Frontera muy afectado por la falta de comunicación. Que vengan ahora los catedráticos lejanos a decirnos que un volcán es bueno para la isla, mientras él no tiene que ser desalojado de su casa ni ve cómo sus productos agrícolas se pierden por falta de transporte. Es verdad que puede que acudan a la isla unos cuantos curiosos, pero ya eso sucedía, pues nada hay más interesante que la belleza de una isla que no necesita cataclismos para estar en el mapa. En realidad, siempre lo estuvo, incluso después que los ingleses de Grenwich le arrebataran el meridiano cero. Solo espero que el volcán se desahogue en el mar, que no haga demasiados estropicios, que deje de hacer temblar la tierra y que las autoridades tengan en cuenta los daños habidos en la isla, porque, quiérase o no, es un desatre natural. Supongo que no hace falta que remache mi eterna simpatía y solidaridad con la isla de El Garoé.

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Exhibicionismo insultante

El mundo está hecho para los ricos, que se exhiben y muestran su riqueza sin el menor pudor, mientras la plebe los mira tal vez esperando que les lancen las migajas sobrantes del banquete. Tratando de hacer una lejana metáfora, suelo decir que hacer ostentación de la riqueza cuando hay tantas necesidades es como pasearse en carroza de oro por un suburbio de chabolas. Pero ya no es una metáfora, es una realidad lineal, cuando la duquesa de tal o la baronesa de cual muestran al mundo sus palacios zzzperon y evita en el balcon[1].jpg(cuyo mantenimiento pagamos todos) o llegan a un acto benéfico (qué hipocresía) en un Rolls-Royce plateado cuyo fulgor ciega. Luego, quienes tienen el estómago caliente, la bolsa llena y las espaldas cubiertas, se permiten el lujo de pedir ajustes y machangadas por el estilo. La última moda es que vacas sagradas del periodismo culpen de la crisis a los funcionarios, unos claramente y tirándose al cuello (Martín Ferrán), otros de una manera tangencial pero igualmente dañina (Ansón). No sé qué se hizo de la famosa ley de incompatibilidades, pues hay quien cobra tres salarios oficiales, y desde esa tarima de billetes clama por la moderación salarial. Ya ni se esconden, y lo triste es que muchas de estas personas son aclamadas por la gente que no llega ni al día 20 de mes. Es como cuando las hambrientas masas argentinas vitoreaban a Eva Duarte (Evita), asomada a un balcón oficial, vestida y enjoyada como un árbol de Navidad. Y encima en los medios audiovisuales y escritos muestran lujosas casas, fiestas a todo trapo fotografiadas y críticas a las mujeres conocidas que repiten vestido (eso sería para aplaudir). Me pregunto cuánto habrán costado las recientes y multitudinarias conferencias de los grandes partidos. Si el dinero es público, no lo entiendo, y si es privado, la pregunta es por qué.

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El sesenta como número mágico

zzzimages[4].jpgNo nos damos cuenta, pero en nuestra manera de medir y contar conviven dos sistemas: el decimal que es el que usamos para números, cifras y balances, y el sexagesimal que tiene aplicaciones más relacionadas con la astronomía y con la geometría. De contar años, meses, días y horas en el sistema decimal, pasamos al sexagesimal cuando hablamos de minutos y segundos, y luego volvemos al decimal con las décimas, centésimas y milésimas. Es un acuerdo cotidiano que relaciona lo sexagesimal con lo circular, por eso lo relojes tradicionales son redondos, y se usa también para medir ángulos que finalmente son arcos de una circunferencia. La Tierra es prácticamente esférica, y el año casi se corresponde con los 360 grado de una circunferencia. Es curioso que cuando hacemos algo muy bien decimos que nos ha salido redondo, y todo eso tiene como base el número sesenta, con contiene 60 unidades de la magnitud inmediatamente inferior. Esto viene de los babilonios, que de esto sabían mucho, y buen sistema debe ser cuando los avances matemáticos y la práctica diaria en la que reina el sistema decimal no han podido eliminarlo. Así que, cuando mire la hora en un reloj de esfera, valore que el sesenta puede ser un buen número, pues en la antigua Mesopotamia -que eran de todo menos tontos-, el sesenta era el número redondo, perfecto, el número de la sabiduría.