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El tiempo


zzasDSCN3965.JPGMuchas personas habrán puesto una equis roja sobre 2011, para borrarlo de la historia del tiempo. Mi equis consistía en escribir hoy estos renglones poniendo verde a 2011, le iba a llamar de todo y luego remataría con que el año ya casi pasado fue el que nunca existió. Y en eso estaba cuando me di cuenta de que, si bien el año ha estado lleno de dificultades, tal vez deba hacerme cómplice de aquellos que decían que cuando peor estemos que sea como ahora. Para los que fue un año bueno, les deseo que el próximo sea igual que 2011, y un puntito más, y para los que tuvieron que atravesarlo con más dureza de la que hubiesen deseado espero que que el año venidero compense el paso de su antecesor. Al cabo, el tiempo es lo único que no se puede borrar, es como un elefante que camina y camina. Y a ver cómo se comporta 2012, que viene con mala prensa, pero a lo mejor por eso mismo nos va a sorprender a favor. Quién sabe… Y aquí seguimos, que no es poco…

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Las pequeñas cosas

zFrina%20Mopa%20Fregona[1].jpgLeo la noticia de que ha fallecido Manuel Jalón Corominas, el inventor de la fregona. Suena a chiste, pero habría que preguntar a quienes durante siglos han fregado los pisos de rodillas. Para la limpieza del hogar, la fregona es algo así como el invento de la rueda para el transporte. No nos damos cuenta de que la vida se compone de pequenas cosas a las que no damos importancia. Siempre nos recuerdan a Edison, Ford o Watt, que es cierto que con la electricidad, el automóvil o la máquina de vapor cambiaron el mundo. Pero seguía siendo necesario arrodillarse para fregar los pisos, y si bien es cierto que cuando tomamos un taxi o encendemos la luz no nos acordamos de Henry Ford o de Edison, también lo es que olvidamos que inventos como la cremallera, las gafas, el bolígrafo y cientos de pequeños ingenios más son los que nos hacen la vida mucho más agradable. Por eso es importante la aportación de este ingeniero español, que por lo visto también patentó otros inventos, como las jeringuillas desechables, que nos libran de muchas infecciones que se transmitían por ese medio. Como soy entusiasta de la pasta con tomate, siempre digo que los personajes más importantes de la historia de Occidente son Cristóbal Colón, porque encontró el tomate en América, y Marco Polo, porque trajo la pasta de China. Los investigadores médicos se llevan la palma, pero de vez en cuando convendría recordar con gratitud a las personas (a menudo desconocidas) que inventaron cosas que nos facilitan la vida.

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De San Juan de la Cruz a Robespierre

Debí heredar de mis ancestros la costumbre de imponer el nombre de la fecha a todo lo nuevo. Mi nombre corresponde con el santo de mi fecha de nacimiento, y desde niño «bautizaba» todo lo que llegaba a mis manos. No eran cosas importantes y muy pronto me olvidaba de cómo se llamaba aquella maleta, aquel bolígrafo o un suéter que me tejió mi madre. La tradición la he mantenido a rajatabla solo con el coche, y por eso escribo esto hoy. El primer coche que tuve fue un Volkswagen escarabajo del año 1956, que cuando llegó a mis manos estaba desvencijado y le sonaba todo menos la bocina. Llegué a casa con el coche «nuevo» acompañado de un amigo. Miré el almanaque y vi que era 14 de diciembre; debajo ponía «San Juan de la Cruz». No sé si es el santo poeta o cualquier otro de nombre similar y si realmente el santoral de aquel almanaque era correcto.
zzjuancruz.JPGEl caso es que el coche pasó a llamarse «Juan Cruz» y mi amigo dijo: «Juan por la fundación de la ciudad y Cruz por los repuestos que tendrás que comprar». No era una gran inversión (18.000 pesetas, unos 110 euros) pero el coche fue conocido por mis amigos por su nombre. Juan Cruz resultó ser un tanque (era alemán) porque con lo viejo que era dio conmigo varias vueltas al cuentakilómetros, pues fue mi fiel compañero en todas las correrías de juventud. Ahora me doy cuenta de que debió llamarse solo Juan porque repuestos compré muy pocos, no se rompía. Nunca me dejó tirado, cosa que sí ha sucedido alguna vez con sus sucesores, que por cierto se llamaron Florencio y Fausto. El que tengo ahora es más laico, porque lo compré un 14 de julio y no pude resistir la tentación de llamarlo Robespierre.