El cambio climático
A las petroleras, a las madereras y a la industria pesada y química sigue sin interesarle el cambio climático. Es más, a menudo aparecen estudios -seguramente pagados por los interesados- en los que se dice que todo es cíclico y que no pasa nada. Pues sí pasa, ya navegan barcos sin rompehielos por zonas árticas por donde nunca se pudo navegar, y no hace falta ser un científico para ver lo que ocurre. En África, el Sahara se extiende hacia el sur, produciendo las hambrunas del Sahel, y hacia el norte, ganando cada día metros en Marruecos, Argelia y Túnez, donde ya está a las puertas del Mediterráneo. Las calimas que tan habituales son en Canarias por su cercanía, eran muy raras en el sur de Europa, y ocasionalmente llegaban a Sicilia o al litoral de Almería. Ahora las bolsas de aire caliente y el polvo en suspensión llegan a Madrid y más arriba, y el año pasado hubo calima en Roma y Florencia. Es decir, el Sahara se ensancha y pide espacio, pero no quieren verlo, y como ocurre con la crisis económica, los que tienen el poder y la responsabilidad para hacer algo miran para otro lado. Cada vez el Sahara nos visita con más frecuencia y con más fuego. Vean si no qué panorama nos espera, después de un invierno que no dejó agua y de un verano que se presenta desértico. Y mientras se deja de producir energía limpia en estas islas, seguimos quemando petróleo hasta para beber agua. Pero no hay un plan, una alternativa, una idea, solo las recomendaciones de que no salgamos y consumamos mucho líquido. ¿Qué liquido vamos a consumir si esto sigue en esta deriva y nadie detiene el festín de hidrocarburos que nos está matando?
Cabe preguntarse entonces si eso es bueno a largo plazo para Grecia, después de que, durante cuatro años, Alemania haya dejado que se hunda y arrastre a los demás. Dicen que los políticos serán juzgados por la Historia, pero yo no me fío de eso, porque ahora resulta que Napoleón tiene cartel de gran personaje, cuando en realidad fue un dictador imperialista y sanguinario. Alemania no solo ha permitido que esto ocurra sino que ha trabajado a destajo para llevar las cosas a este punto. Y sigue atrincherada en el luterano-calvinismo de la culpa a los socios del sur, después de que se haya hecho dueña del registro de la propiedad del Mar Egeo, de las Baleares y supongo que de buena parte de Canarias. Ah, sí, Merkel suele descansar en La Gomera, qué honor. Una vez más, Alemania ha hecho buenos a los norteamericanos, porque Grecia se habría salvado (y Europa) con que Alemania encabezara un diminuto Plan Marshall. Pero no quiso y al final las culpas que ellos propiciaron son de los pecadores del sur. Muy propio de Alemania, siempre tan superior, y ES MENTIRA que sean tan trabajadores (desde luego no más que los del Mediterráneo); lo que sí son muy ricos, en buena parte por el trabajo de los del sur. Me encantaría que Grecia eliminara a Alemania en la Eurocopa (es curioso que les toque en cuartos de final). No es probable que ocurra, porque son pocas las alegrías en casa del pobre, pero al menos habría un poco de justicia poética.
Lo importante es que, desafiando el terrible Mar del Norte donde sucumbió la Armada Invencible, Rajoy se ha ido a Gdansk, que es la ciudad que sirvió de disculpa para que Hitler invadiera Polonia, la ciudad de Walesa, la ciudad en la que nuestra aguerrida pero muy sofisticada selección de fútbol va borrar de una vez por todas a la diabólica Italia de la faz de La Tierra. Ya España la eliminó de la anterior Eurocopa, pero aún debe seguir pagando la eliminación de España en el Mundial del 94, cuando el malvadísimo Tassotti le rompió la nariz a nuestro insigne Luis Enrique (fue el partido en el que Julio Salinas hizo amistad con el balón y casi se lo lleva a casa en lugar de patearlo a la red).