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¿España huele a ajo?

zzz ajos.JPGVivimos una etapa muy cansina, en la que da igual lo que se diga o se haga, que por lo visto nunca pasa nada. Hace unos años, cuando Victoria Adams vino a vivir a España porque su marido, David Beckam, jugaba en el Real Madrid, dijo que no le gustaba vivir aquí porque «España huele a ajo». La cosa no me hizo ni mucha ni poca gracia, y recuerdo que se levantaron las lenguas indignadas porque esa «pija inglesa» había ofendido el honor nacional. Andando el tiempo, ha venido a resultar que aquellas palabras, dichas seguramente a la buena de Dios, se han convertido en una de las definiciones más certeras de un país que ya no sabe de dónde viene y mucho menos a dónde va. Si los hecho carecen de importancia es que hemos llegado a la gran corrupción colectiva, en la que vale todo y cada cual que apañe lo que pueda. Si entramos en las palabras, el cansancio es adormecedor, palabras, acusaciones y disparates, interpretaciones sesgadas y vámonos todos a lanzar la cabra desde el campanario. Hace unos días, el presidente del gobierno comentó el terrible asesinato de León con estas palabras: » Es un crimen cruel, inútil y absurdo, que no voy a calificar». Y lo dice después de haber utilizado en la misma frase no uno, sino tres adjetivos calificativos, de lo que se deduce que ya las palabras se dicen a lo loco, sean o no coherentes. ¿Será verdad que España huele a ajo?

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La ignorancia y la violencia

Cuando habla el maestro Emilio Lledó, hay que escuchar; y ha dicho que la ignorancia cultivada genera violencia. Hay que resaltar que no dice ignorancia a secas, sino que pone el matiz de «cultivada», esto es, decretada y planificada, incidiendo en asuntos como la territorialidad, la posesión o la fuerza. La ignorancia es la ausencia de conocimientos y por consiguiente de valores sociales, pero si se la cultiva creando falsos valores y poniendo el acento en los más bajos instintos, se depierta el cerebro reptiliano que tenemos recubierto por el de los mamíferos y por una corteza que nos hace humanos. La ignorancia cultivada atraviesa todas las capas evolutivas y va al centro original, que no se distingue del de un animal salvaje. Precisamente la educación y la cultura lo que hacen es fortalecer esa capa humana para que sea capaz de dominar al reptil que llevamos dentro. Y vemos cómo se va fabricando la violencia metiendo conceptos de dominio, de poder, de fuerza y de exclusión, como los tigres que orinan para marcar su territorio. zzzodessa.JPGPor ello es tan dramático el paso atrás que se promueve desde las políticas claramente diseñadas para cultivar la ignorancia. Si a ello le añadimos valores artificiales como el de la pertenencia a una tribu a cualquier precio, ya tenemos la mecha de la violencia. El fútbol es un ejemplo claro, porque en sí mismo es un bello deporte y una emocionante competición pero hay que ser madridistas, culés, atléticos o lo que sea, de manera que la violencia llega a dominar la competición, como ocurre en Italia, donde los jugadores y las directivas tienen que negociar con las amenazantes y violentas peñas ultras para poder tomar decisiones. Si hablamos de violencia machista nos da escalofríos, porque desde los medios se siguen alentando valores reptilianos, en los que la posesión, la fuerza y el terror son los argumentos de esa ignorancia cultivada. Da miedo acudir a un partido de fútbol con mucha rivalidad como el derby canario del domino, o ver un telediaro en el que unos fanáticos incendian un edificio lleno de gente en Odessa porque se rigen por la pertenenecia a un grupo, o un criminal que acuchilla a su exesposa y a su nueva pareja porque, como los tigres, considera que han invadido «su» territorio. Escalofriante. Por eso estoy frontalmente en contra de las políticas educativas que se proponen, cultivadoras de la ignorancia, y de la permisividad para con algunos medios que explotan esos instintos, sea desde la política, el deporte o la prensa del corazón. Es una pena que sabios como Emilio Lledó no sean escuchados.

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La evolución del valor de las palabras


En estos días se ha celebrado el primer Día Mundial de las Personas con Enanismo, y he visto que la palabra «enano» está desterrada del vocabulario de quienes lo son, que ahora se hacen llamar «personas de talla baja», seguramente porque popularizar el nombre técnico de la afección de la hormona del crecimiento que lo provoca, acondroplasia, no parece fácil. En este caso es lógico que así lo quieran estas personas, porque la palabra «enano» tiene connotaciones negativas, debido a los cuentos infantiles, los relatos legendarios y su presencia continuada en las pistas de circo.
zzzzz disneymm.JPGEl lenguaje suele delatar la manera de pensar de la gente. No es un secreto que los seres humanos tomados como colectivo tienen muy desarrollada la crueldad, y poco a poco las palabras técnicas las convierten en insultos, y a veces el círculo se cierra cuando algunas palabras cobran sentido cariñoso. Los ejemplos más claros son las palabras «bobo» y «tonto», que pasaron de ser descriptivas a insultantes (el tonto del pueblo) y han acabado siendo muletillas afectivas. No corrieron la misma suerte «imbécil» e «idiota», zzzzcircommm.JPGcon similar significado que las anteriores, y siguen ahí, con su carga negativa, sólo que ahora ya no se usan para describir carencias psíquicas sino como insulto puro y duro. Para evitar esto, hace casi medio siglo, a una persona con carencias psiquicas se la comenzó a a llamar «subnormal», que poco a poco se convirtió en insulto muy popular. En cuanto a las personas con problemas físicos se tomó la palabra «minusválido», que todavía no ha degenerado y formalmente se usa «discapacitado», sea físico o psíquico, según la persona afectada tenga problemas de movilidad o de entendimiento.
Y no es posible saber cuánto tiempo pasará antes de que alguien use esa palabra para insultar y menospreciar. Ojalá eso no ocurra, pero conociendo al género humano, utilizará todo lo que esté a su alcance cuando trate de zaherir al otro, y por si ya la vida no es lo suficientemente dura para ellas, humilla de paso a las personas con discapacidad. Tal vez por eso, un vendedor de la ONCE me decía que él era ciego, que y que no le diera vueltas, porque las otras formas de llamarlo (invidente, discapacitado) le daban miedo por lo mismo. Y un amigo afectado por la polio también prefiere que lo llamen cojo, directamente, porque otras componendas (que camina despacio, que tiene un andar característico) se prestan al chiste. Y es que los humanos no tenemos remedio, aunque hay que seguir buscándolo.