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Sobre el dolor

Diez días después del accidente de Barajas, no acabamos de salir del estupor que provocó la tragedia a toda nuestra sociedad. Cada uno reacciona de manera distinta, y a unos el horror los mueve a escribir sobre ello tratando de explicar y explicarse algo tan intangible como la línea que separa la vida de la muerte. A otros, la tragedia los deja sin palabras, porque no entienden cómo y por qué el destino decreta quiénes han de cruzar esa línea.
3.JPGYo me cuento entre los segundos, porque confieso que siempre he tenido una muy mala relación con la muerte. No la entiendo, no me entra en la cabeza, y al mismo tiempo sé que es una ley biológica. Pero el destino debería permitir al menos que se cumpiera ese recorrido, y no ponerse en medio a segar vidas en su plenitud, o incluso apenas empezadas. Eso es lo que no entiendo.
En cuanto a los comportamientos públicos, una cosa es la solidaridad y otra sacar partido del dolor ajeno. No hace falta comentarios, ya se han retratado unos para bien y otros para mal. El dolor es estar entre los rápidos de un río, en un remolino personal en el que lo único que podemos hacer los demás es hacer notar a quienes sufren que estamos en la orilla esperando a que lleguen. Eso es todo lo que podemos hacer, pero hay que hacerlo.

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La crisis

Dicen que nada hay que tenga más miedo que el dinero, y la actual coyuntura económica es una prueba de ello.
fgh.jpgSi atendemos a este principio, el miedo hace retraer los mercados y entonces sería bueno quitar hierro al asunto para que el hoyo no se agrave. De esa manera, el Gobierno de Zapatero tendría razón al no dramatizar. Por otra parte, si estamos cerca de un abismo y seguimos corriendo, quien lo sepa tendría que avisar, y en este caso este mismo Gobierno habría incurrido en una grave irresponsabilidad.
Por lo tanto, no sé quien tiene razón, pero mientras a los políticos sólo les preocupe qué incidencia va a tener en el número de votantes qué hay que hacer o que decir, puede decirse que estamos en manos del azar. En cualquier caso, cada vez hay más gente que tiene la sensación de ir en una guagua por una carretera peligros, al volante de la cual va un chófer inexperto. A lo mejor el Pensador de Rodin encuentra la solución.

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Dolor ajeno

Las personas mayores y los enfermos de determinados tipos de dolencias, como por ejemplo el Alzheimer, requieren cuidados que esta sociedad debe procurrarles, que para eso dicen que estamos en el Estado del bienestar y vamos hacia la sociedad del bienestar, que parace pero que no es lo mismo.
Sin título5.jpgY bien, lo que se dice bien, no estamos, porque como siempre, a Pekín tendríamos que haber mandado un equipo de políticos en las modalidades donde se juegue con balón, porque hay que ver cómo se pasan la pelota y utilizan situaciones humanitarias para chinchar al contrario. Da vergüenza ajena.
Lo que está pasando con la aplicación de la Ley de Dependencia no tiene nombre. Depende de quien gobierne en cada comunidad y de cómo se lleve con Madrid. Encima hace falta un trayecto burocrático laberíntico y a menudo repetitivo, no se dan salidas y los cuidadores se ven agobiados porque, además, les cae encima otra tarea. Qué poco nos duele el dolor ajeno.