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El destino y la casualidad

destino.jpgHe visto la noticia en la Agencia EFE, y la reproduzco tal cual:
«Una mujer brasileña murió al ser golpeada por el ataúd de su marido en un accidente de tráfico cuando el coche fúnebre se dirigía al cementerio, informaron medios locales. Marciana da Silva Barcelos, de 67 años, viajaba en el asiento del copiloto cuando un turismo que circulaba en el mismo carril alcanzó al coche fúnebre por atrás haciendo que el ataúd se desplazase y golpease a la mujer, según fuentes policiales. El coche transportaba el ataúd desde la localidad de Tapes, donde la pareja vivía, hasta Alvorada, en donde el fallecido sería enterrado, ambas localidades del estado de Río Grande do Sul, en el sur de Brasil y fronterizo con Argentina y Uruguay».
Es una noticia impresionante y que da lugar a que vuele la inventiva, puesto que nada sabemos del tipo de relación que mantenían en vida Marciana y su marido. Está claro que por mucha mente científica que se tenga, cosas así nos mueven a pensar en conceptos como el destino, la casualidad… Por lo que yo sé, ignoro cuáles son las reglas del destino, y por otra parte hay quien asegura que las casualidades no existen.

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No más muros

muro.jpgLa noche del 9 al 10 de noviembre tendrá durante décadas una significación especial para Alemania y para el mundo. Es el haz y el envés del binomio intolerancia/libertad. Al caer la tarde del 9 de noviembre de 1938, comenzó la detención de judíos en Alemania, Austria y Checoeslovaquia, y se los llevaron a los campos de concentración por orden de la SS. Fueron asesinadas docenas de personas de raza judía o de culto judaico, y significó el silbato de un nuevo éxodo, del que no pudieron librarse los seis millones de judíos que murieron en el holocausto que se desarrolló durante siete años (1938-1945), aunque muchos creen que sólo comenzó cuando se determinó la llamada «solución final». La mañana del 10 de noviembre de hace setenta años amaneció negra, sin esperanza, teñida de odio.
Y es precisamente la noche del 9 al 10 de noviembre de 1989 cuando cayó el Muro de Berlín, símbolo de otro modo de intolerancia, que fue levantado también en noviembre de 1960. Yo prefiero quedarme con este último 10 de noviembre, un día en el que fue vencido el miedo y resurgió la esperanza. Los intransigentes que creen tener el designio de ostentar siempre el poder amenazan constantemente con una guerra si no gobiernan ellos. También serán vencidos por la voz de los pueblos, porque ninguna clase social, ninguna persona, tiene más derechos que los demás. Hay quien sigue creyéndolo, pero llegará otro 10 de noviembre en el caerá el último muro y tendrán que acatar de una vez por todas lo que es justo.

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Somos irracionales

Seguramente los que creen en la ciencia a toda costa no estarán de acuerdo conmigo, pero que La India luna.jpghaya entrado en la carrera espacial me parece un chiste. Es evidente que ya lo han hecho hace años Estados Unidos, la URSS (ahora es Rusia), Europa desde la Guayana, China y Japón. Está claro que las comunicaciones se han modernizado muchísimo con los satélites, y que la investigación espacial es necesaria porque aporta avances a la vida en La Tierra. El problema es que se lo han tomado como una carrera, cada cual hace la guerra por su cuenta, compite con los otros y de ese modo los gastaos son supermillonarios. Ya que es tan necesario e importante, lo lógico sería que hubiese un espacio común para que ahora los hindúes no tengan que estar probando cohetes que ya se probaron hace cuarenta años en Cabo Cañaveral.
Y mientras dicen que los recortes en la emisión de gases nocivos a la atmósfera tendrá que retrasarse por la crisis (para no atosigar a las empresas), no hay problema en liarse a gastar millones en una carrera irracional. Seguramente en el futuro no habrá otro manera de vivir que escapando hacia otros mundos porque La Tierra será inhabitable, pero tal vez no hiciera falta si todo ese dinero se empleara en hacer más habitable este planeta.