Disculpen que hoy esta nota sea más larga de lo habitual, pero es que se cumplen 70 años del final oficial de la Guerra Civil española, y digo oficial porque, a partir de entonces y durante muchos años, siguió habiendo guerra, pero entonces sólo había un bando que mataba y otro que moría. Durante décadas, el 1 de abril fue celebrado por los vencedores como Día de la Victoria contra el gobierno legítimo de la II República, y no entiendo esa palabra cuando quedan atrás un país arrasado y un millón de muertos.
Mucha gente puede pensar que aquella guerra entre compatriotas fue un caso aislado en la Historia de España. Lamentablemente no es así, y enumerar las guerras civiles habidas en este país desde el siglo XV, que es cuando se conforma algo parecido a lo que hoy es España, necesitaría un espacio muy largo. En cada siglo hubo al menos tres, y en algunos más. Si a eso le sumamos otras que hubo contra estados extranjeros, podría decirse que no hubo generación que no luchase en una. Es decir, una guerra cada 20 años de media. Esa es nuestra historia negra.
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Este espíritu guerracivilista es genético, y permanece, lo vemos todos los días, no sólo en el terrorismo de ETA (que algunos llaman la IV guerra Carlista), en cómo tira Cataluña de la cuerda o en las soflamas de algunas emisoras y medios que no nombro para no tener que buscar abogado y procurador. Y la jerarquía eclesiástica siempre en medio (no confundir con los católicos). Tal vez estamos llegando a la madurez y ya somos capaces de no llegar a las armas de forma generalizada, y por ello tenemos que celebrar estos setenta años, porque es el período más largo de nuestra historia en la que no ha habido una guerra civil declarada.

Guerras sí que ha habido; la hubo en Ifni y también en El Sahara, aunque esta se ocultó y aún se sigue ocultando en parte, pero todavía hay quien está sufriendo las secuelas de aquellos hechos. Y si nos descuidamos, el 23 de febrero de 1981 nos habrían metido en otra, porque el reloj biológico del fratricidio parecía imponer otro enfrentamiento. No es raro por lo tanto que se escuche decir a personas muy mayores que aquí está haciendo falta una guerra. Es la costumbre.
Pero no hace falta ninguna guerra, y para eso tenemos que tratar cada día de arañar un poco más de democracia, la única vacuna contra el guerracivilismo. No la habrá, y hoy podemos decir que mi generación es la primera de la Historia de España que no vivió una guerra civil y la última que sufrió una guerra. Cuando hay problemas, matar gente no los resuelve, es tan evidente que uno no se explica el por qué de tantas guerras. Y todavía hay quien no entiende por qué salimos todos a la calle cuando nos metieron de paquete en la guerra de Irak (Ah, claro es que ya tocaba entrar en una).