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Madrid

Hay una ciudad que hoy está en fiesta, esa ciudad que se nos convierte en mito a pesar nuestro, que siempre es una quimera aunque vayas mil veces, que simboliza la puerta de salida de Canarias, como antaño lo fueron Cádiz o Sevilla. Es la ciudad del poema truncado de Alonso Quesada, la memoria ingente de don Benito Pérez Galdós, la Puerta de Alcalá de La Transición. Pongamos que hablo de Madrid.
puerta_alcala_g[1].jpgMadrid es el cruce de caminos de las muchas Españas, una ciudad donde cabe todo el mundo, y el único nacionalismo posible es ser de cualquier parte y convertir el alma en gorra de chulapo apenas bebas unas gotas de agua del Marqués de Lozoya. Dicen algunos canarios que viven allá que aquí tenemos a Madrid mitificado. Claro que sí, sobre todo si te dedicas a algo relacionado con la cultura. Pero el mito nace de la certeza de que Madrid es el puente levadizo que a veces nos levantan. Cuando estás del otro lado del puente es fácil decir tampoco es tanto.
Es verdad que Madrid es un mito, incluso para los que han nacido allí, porque tiene una pátina de historia que lo envuelve todo, y cuando pensamos en los últimos cinco siglos de nuestra historia común Madrid aparece por todas partes. Y a mi me gusta Madrid, qué quieren que les diga, a lo mejor porque me gustan los mitos.

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El muro de hormigón

Supongo que todos hemos tenido alguna vez la sensación de estar remando contra corriente, haciendo cosas que luego no funcionan y tratando de hacer lo correcto y luego todo se disuelve y es como tratar de derribar a empujones un sólido muro de hormigón.
Kilimanjaro.JPGY uno se cansa, se hastía, se agota de estar empujando y que el muro siga en el mismo sitio. Seguramente es que se hizo vanas ilusiones, o tal vez sobrevaloró las propias fuerzas. Miro a mi alrededor y todo sigue como hace diez, veinte, treinta años, y cuando hablas de esto hay alguien que te cita a Tagore: «No debes llorar por el Sol porque las lágrimas te impedirán ver las estrellas».
Y eso hago, mirar las estrellas, que al fin y al cabo son más grandes que el Sol aunque se vean más pequeñas. Y entonces me cabrean, me deprimen y me decepcionan esas cenas de gala con chaqués y vestidos de Dior, esos sueldos multimillonarios de los directivos de las corporaciones y ese discurso mentiroso de los poderosos que lo único que quieren es seguir en el poder para lucir chaqués y vestidos de Dior. Supongo que no soy el único que tiene esa sensación de apatía por cansancio, que por fortuna es un descanso mental para seguir empujando el muro de hormigón que alguna vez cederá.
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(Si no fuese por la sabana del primer plano, se diría que el Kilimanjaro es la montaña de Tindaya)

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Un cuento de mayo que a lo mejor es verdad

Erase una vez una mujer y un hombre que formaban una pareja. Deseaban tener un hijo, y como siempre se ha dicho que los niños venían de París, fueron a informarse en el consulado de Francia. En la misma entrada del edificio, encontraron al portero, que era un viejo conocido. Se saludaron y comentaron la razón de su visita al consulado francés. Entonces, el portero les dijo:
-Encargar un niño a París es un riesgo, porque te puede venir cualquier cosa. Me han dicho que es mejor hacer los trámites en Barcelona, pues los resultados se ajustan más a lo pedido.
Pues si esa era la gran novedad, nuestra pareja se subió a un avión y se presentó en Barcelona. Preguntaron en el aeropuerto y les dijeron que esos encargos se realizaban a una florista de Las Ramblas, que se ubicaba junto a la tercera farola después del Gran Teatro del Liceo. Resultó ser la primera florista de azul de la derecha de la foto, que les dio un formulario:
-Aquí vienen cien características. Ustedes las piden y trataremos de ajustarnos lo más posible a su petición. Normalmente podemos atenderles en un 80%, pero ha habido parejas que han logrado hasta un 90% de lo pedido. Pero no olvide que como su petición sea satisfactoria tendrá que ser del Barça de por vida.
Ramj.jpg
Se fueron a un hotel cercano y rellenaron el impreso. Se dieron cuenta de que el pelo, los ojos o el cuerpo del bebé les daba lo mismo, sólo querían dos cosas: que fuese buena gente y que viniera con los instrumentos necesarios para aproximarse a la felicidad. Pero ya que podían elegir más cosas, eligieron, y si las traía por añadidura, mejor. Salieron del hotel, entregaron a la florista el cuestionario cumplimentado y se fueron al cine Coliseum a ver Lawrence de Arabia que estaba de reestreno. No sería raro que por ello al niño futuro le gustase mucho el cine.
El bebé les llegó el 2 de mayo siguiente, y fecha tan madrileña les puso siempre en la duda sobre si adscribirse al Real Madrid o hacer caso a la florista culé. El recién llegado venía acompañado de una nota de la florista en la que decía que se había conseguido cien de cien, por lo que el bebé enviado sería una persona muy especial y un caso único. Pasado el tiempo, a la totalidad de las cien peticiones se unió la constancia de que el niño también era buena gente.
Sobre la felicidad nunca se sabe, porque siempre es un arcano y además es subjetiva, pero si el niño llega a ser sólo la mitad de feliz de lo que sus padres le desean, seguro que será muy feliz, sobre todo el día de su cumpleaños cuando salga a celebrarlo. Y dará igual si gana el Madrid o el Barça.
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(En la foto se ve a la florista que acababa de recibir la petición cumplimentada y que se la había dado a la otra mujer que está al lado para que la tramitase. La pareja se perdió entre la multitud camino del cine Coliseum bajo la sombra de las acacias de Constantinopla que bordean La Ramblas ).