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¿Un año para olvidar?

Dicen que cada uno habla en la feria según le va en ella, y lamentablemente 2009 ha sido un mal año para mucha gente, pero para otros no, pero se ha instalado el pesimismo y todo son quejas por donde quiera que vas. Quienes mantienen sus ingresos no van a los bares, no compran ropa, no gastan, porque hay crisis, y sin embargo ellos siguen con el mismo poder adquisitivo que hace un año. No se dan cuenta de que cuando se retraen están generando más crisis, porque el dinero cuando rueda crea riqueza.
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(La natulaleza es un ejemplo de armonía)

Y es que el pesimismo es la peor de todas las recetas, porque dice un viejo adagio que nada hay que tenga más miedo que el dinero. Los políticos tampoco ayudan, porque con sus discursos catastrofistas se instalan en lo de «cuanto peor, mejor», cuando en situaciones como la presente hay que hacer una piña y tirar todos unidos. Pero claro, eso no, que luego puede ser otro el que recoja la cosecha de votos. Por eso yo creo que no hay que olvidar ningún detalle de este año, porque todos se retratan con sus actos y sus palabras. Ojalá cambie la actitud general, y por eso, en este último día del año viejo yo deseo un 2010 más optimista y más solidario, que la solidaridad no es sólo ayudar a una ONG o dar una limosna. Levantar el ánimo es empujar el crecimiento económico.

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Un gran sueño

zinoc.JPGHay días en los que ocurren cosas que no suceden en años. Hoy es uno de ellos y por eso estoy emocionado. Ya es oficial que el Vaticano va a permitir el matrimonio de los sacerdotes y el sacerdocio femenino, el PP y el PSOE han anunciado que se acabó el enfrentamiento y que van a hacer una política de Estado, estén en el gobierno o en la oposición, Sarkozy ha conseguido que en Marruecos se instaure una monarquía parlamentaria al uso europeo, y Europa va a ser una comunidad federal con objetivos comunes. Magnífico.
También me ha sorprendido que Barak Obama haya aceptado la invitación canaria y venga a pasar aquí la Nochevieja, en un pago cumbrero de esta isla, bailando a los sones de la orquesta Guayedra y comiendo piñas asadas. Parece ser que el hombre quiere algo rural, para descansar de tanto jaleo, y luego ocupará una habitación del Parador de la Cruz de Tejeda. No voy a poder verlo porque yo pasaré el fin de año en Tahití, bañándome en sus playas coralinas.
La verdad es que es una paliza preparar un viaje al otro lado del mundo y me da tanta pereza un recorrido tan largo que a veces me digo que todo es un sueño, una gran mentira, aunque lo del primer párrafo estaría bien, la pena es que hoy es día de los Inocentes.

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Los silencios de Pio XII

Pio XII fue uno de los Papas cruciales del siglo XX. Los grancanarios lo tenemos, además, por especial, porque ha sido el único pontífice que ha pisado nuestra tierra, poco antes de convertirse en Papa, cuando regresaba en barco del XXXII Congreso Eucarístico Internacional de Buenos Aires (1934-35), una de las convocatorias eclesiales más importantes del siglo pasado, después, por supuesto, del Concilio Vaticano II.
El cardenal Pacelli fue un hombre muy brillante, de una talla intelectual a la que en muchas centurias sólo León XIII y el actual Benedicto XVI pueden compararse en su trayectoria hasta llegar al papado y en su ejercicio. Es evidente que, como todos los pensadores, es discutible a favor y en contra. Pero esta característica es importante, porque, es de suponer, por lo tanto, que sus palabras y sus silencios nunca obedecían a impulsos o improvisaciones, sino que fueron fruto de una profunda reflexión, iluminada por su preclara inteligencia y sólida formación.
Ahora que se habla de su proceso de canonización, que puede coincidir en su término con el de Juan Pablo II -aunque el de Pacelli lleva décadas abierto-, se vuelve a hablar de una figura clave de la Iglesia Católica, de su decidida colaboración en la reconstrucción de Europa después de la II Guerra Mundial, pero sobre todo de sus silencios inexplicables ante el holocausto (recomiendo ir al videoclub y revisar la película Amén, de Costa-Gavras). Pero siempre nos movemos en el terreno de las hipótesis, y la única certeza son sus silencios, pero no sus razones. Tal vez, con tanta documentación sobre la mesa, empecemos a saber la verdad sobre un personaje que es objeto de las más encendidas controversias.