In memoriam
Cuando desaparece un ser querido, el dolor no nos deja ver lo importante que ha sido que esa persona viviera con nosotros, lo que nos dio y lo que pudimos darle. El tiempo no hace que olvides, pero la herida se convierte en cicatriz y llega un momento en que realmente era consciente de lo vida que esa persona vivió y lo importante que fuiste para ella.
Dicen que mientras se nos recuerde no morimos del todo. En este Domingo de Resurrección, cuando justamente ha transcurrido una década de una pérdida tremenda, veo todo eso, y valoro más la relación con las personas que siguen con nosotros. Los mexicanos dicen que la muerte enseña a vivir, y es cierto, porque hasta que no nos falta una persona importante no nos damos cuenta de que la intransigencia, la intolerancia y las suspicacias por cosas banales carecen de sentido. Por eso hay que dar las gracias por lo que aprendimos de los que se nos han ido, y recordarlos para que no mueran del todo porque su aliento sigue en nosotros.
***