Covid, Navidad y confinamiento
La soledad no deseada es mala, aunque solo sea temporalmente; si se convierte en permanente es horrorosa. También tiene que ver con cómo uno se percibe, porque se puede estar entre una multitud y sentirse solo. Traigo a cuento esta reflexión porque esta Navidad hay personas con lazos afectivos y posibilidad de compartir compañía, que se han visto condenadas a la soledad por el maldito virus que nos lleva machacando desde hace casi dos años. Y por muy poco navideño que seas, estas fechas invitan a compartir, pero si decretan tu aislamiento, tendrás que pasar ese tiempo en soledad física, porque, afortunadamente, existen medios para estar comunicados con los seres queridos, aunque sea a través de una pantalla o telefónicamente.

Imagínense a alguien que vive y trabaja en una ciudad que no es la suya. Tiene previsto cruzar el mar y el cielo para pasar la Nochebuena en compañía familiar. De repente, se siente mal, se hace un test de antígenos y da positivo. Tiene covid y ha de quedarse en su casa, solo y confinado. Aparte de que a nadie le gusta pillar un virus del que no se sabe bien de qué va, porque se dicen tantas cosas que al final te confunden, es una faena que te rompan lo que llevabas semanas planificando. Si a eso le añades que, a veces hay fallos burocráticos en el seguimiento y que la cifra de contagios es galopante, puede suceder que pasen cuatro o cinco días antes de que te llamen para hacer el seguimiento, y que los teléfonos covid sean un calvario por la saturación.
En estos días, uno se siente inútil al estar lejos y tener las manos atadas para romper a alguien querido esa soledad impuesta por el virus y sufre la impotencia de no poder evitar que sienta el abandono, no sé si por la imposibilidad de atender a los contagios masivos, por la falta de previsión en cubrir unos puestos sanitarios, o quien sabe si por algún error del sistema, que privan a quien está confinado del asidero más tranquilizador que podría romper su soledad: tener información y asistencia. Cinco días son demasiados. Por ello, hoy más que nunca estoy con los confinados por el virus y deseo fervientemente que pronto salgan de esa burbuja obligatoria. Dentro de lo que cabe, Feliz Navidad.

