Publicado el

TIEMPO LÍQUIDO. Revivir la ciudad. (24/05/2020)

 

Ahora se dice mucho que es necesario estar con las pymes, lo que significa que hay que dinamizar la zona donde vives, acudir a los establecimientos que son los que dan trabajo a muchas personas. Esa ha sido siempre mi manera de ver las cosas, y voy fuera cuando necesito algo que no es posible conseguir sin salir del barrio. Pero hasta eso me lo ponen fácil, porque a 200 metros de mi casa hay dos librerías de las mejores de la ciudad. Así que sigo con mi costumbre de recorrer mis calles, conocer a la gente por su nombre y vivir ese vínculo que te hace sentir parte de un colectivo.

Pero hoy ha sido domingo, y nos apetecía salirnos de nuestro espacio cotidiano. Así que, salimos de Arenales y caminamos hacia el casco histórico, que es también parte de nuestra habitualidad, porque en ese sector hay museos, teatros, salas de exposiciones y espacios en los que se celebran actos culturales, más librerías. Daba un poco de vértigo mirar las torres de la catedral, que hoy me parecieron más altas seguramente porque las miré con atención; generalmente pasamos por las calles mirando el suelo y no nos detenemos a contemplar la bella arquitectura que nos rodea. Y en Triana y Vegueta hay mucha arquitectura que admirar y mucha historia que evocar.

Ver gente camino de una terraza en la que ha quedado con amigos o familiares da alegría a la ciudad. Hay que revivirla, con todas las precauciones, con la mascarilla que ya forma parte de nuestro atuendo y con el deseo de que ese abismo que nos pintaban no sea tan profundo. Por lo pronto, ya divisé dos libros en un escaparate que pronto cruzarán el umbral de mi puerta. Que la fase 2 sea tan positiva en todos los sentidos como esperamos. Depende de nosotros.

Publicado el

TIEMPO LÍQUIDO. De compras. (23/05/2020)

 

Hoy hemos salido de compras. Un sábado cercano al mediodía ha sido para nosotros una invitación a pasear por la zona comercial de la ciudad.  Estuvimos por Triana porque buscábamos un par de zapatillas cómodas, y la final las conseguimos en una tienda de la Calle Mayor. Todavía siento cierta inseguridad al caminar por la calle, y voy con cuatro ojos por lo de las distancias y el uso de las mascarillas, porque hay gente que sigue sin darse cuenta de que somos nosotros los que tenemos que controlar el espacio y el aire que respiramos. Supongo que iré acostumbrándome, pero de momento hace que llegue a casa agotado por el esfuerzo mental. Pero la operación zapatillas fue un éxito, y ya era hora de salirse de la rutina del supermercado y la farmacia.

Este es un fin de semana cálido, pero en Las Palmas podríamos decir que era luminoso. A la vuelta se notaba que el uso de la mascarilla hace que tengas menos oxígeno y regreses más despacio. Crucé la mirada con algunas personas que seguramente conozco, y ellas a mí, pero con el rostro cubierto tendremos también que ejercitar esa facultad. Claro, eso no sucede con las personas cercanas, con los amigos y con gente que adivinas por el modo de andar y hasta por instinto, pero sí que pasa con personas que tratas menos. Ese es otro de los muchos aprendizajes que tendremos que abordar.

Ya en casa, pudimos ver desde la ventana a nuestra sobrina Mónica, que llevaba en brazos a Valentina, su niña pequeña, y que nos llamó por teléfono para que nos viéramos a su paso. Mucho sol y ellas resplandecientes como dos luminarias. Fue bonito.

Publicado el

TIEMPO LÍQUIDO.  Santa Rita. (22/05/2020)

 

Un amigo me ha dicho que hay que poner un corazón verde en la ventana para valorar lo público. Está claro que tenemos que cotizar al alza lo que nos es común y porque lo pagamos con nuestros impuestos.  Al ver en el calendario que hoy es Santa Rita, me ha venido a la memoria la voz de la abuela que decía que la de Casia era la abogada de lo imposible. Por lo pronto, ya se ha resuelto lo de la gota (muchas gotas, demasiadas) del grifo de la ducha, un asunto que me ha tenido en danza bastantes días. No sé si porque a la tercera va la vencida o porque era Santa Rita, el fontanero hoy trajo la gomilla justa para que quedara perfecto. Así que, una preocupación menos, que ya casi tenía el carnet profesional para abrir y cerrar llaves de paso.

Ya se han decidido los territorios que cambian de fase; como se esperaba, toda las islas pasan a la Fase 2 (ya lo estaban las tres más pequeñas desde el día 18).  Por lo que leo, deduzco que va a haber bastante actividad, pues los porcentajes de ocupación se han subido más allá del 30% del que se hablaba al principio. Espero que sea para bien, por la economía y por sacar del agobio a muchas personas que lo esperaban.  Creo que no sobra insistir en que cada uno de nosotros debe cumplir con las recomendaciones, y entre la incertidumbre y la esperanza iniciamos una nueva etapa.

Esta mañana, mi compañera pudo ver en la calle a Mapi, nuestra vecina, aunque tuvieron que esforzarse porque con mascarillas y gafas oscuras la identificación es complicada. También se encontró a Sofía, Diego y sus padres. Con las distancias reglamentarias, pudieron hablar cara a cara, y según ella, nuestra visión de los niños se quedaba corta. El natural son más guapos. La conversación duró poquito porque a Diego no le gusta que su padre se detenga, quiere movimiento, que para eso se llaman paseos. Luego, mi hijo nos envió una foto de la perrita jugando en la azotea, y mi farmacéutica me ha llamado porque le ha llegado alcohol y a precio justo. A ver si esto también tiene que ver con Santa Rita.