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La hora de la justicia

Cuando se habla del juez Baltasar Garzón se dividen las opiniones, y yo, asumiendo todo lo mediático que pueda tener su trayectoria, creo que ha sentado escuela y ha abierto el camino para perseguir criminales en cualquier lugar del mundo. Su actuación en el caso Pinochet es ejemplar, a mi modo de ver.
compromiso8m[1].jpgSiguiendo esa estela, otro juez de la Audiencia Nacional, el magistrado Eloy Velasco, se ha puesto a la tarea de investigar los asesinatos de los jesuitas españoles Ignacio Ellacuría, Ignacio Martín-Baró, Segundo Montes, Juan Ramón Moreno y Amado López, así como varias mujeres que trabajaban en el edificio de la universidad salvadoreña. Está claro que fueron las fuerzas paramilitares (yo me ahorraría el «para»), que estaban descontentas con la constante denuncia de los abusos del poder que hacían los jesuitas españoles.
ellacuria[1].jpgLa labor de estos hombres en su dedicación a los demás merece que su asesinato no quede impune. Esta es la Iglesia que sirve a la comunidad, y que sin embargo no cuenta con el respaldo de Roma, pues ya sabemos el episodio en el que Juan Pablo II reconvenía a Monseñor Romero sobre su permanente denuncia de la injusticia. Monseñor Oscar Arnulfo Romero fue asesinado mientras oficiaba una misa en el altar mayor de la catedral de San Salvador.
En Roma ni se les pasa por la cabeza plantearse siquiera su canonización. Por lo visto los santos han de ser sumisos con el dinero y el poder, y se olvidan que Jesucristo echó a los mercaderes del templo a latigazos y desafió el poder del Herodes, del Sanedrín y del Imperio. Por eso lo mataron, como a Monseñor Romero.
Por eso estoy con el juez Velasco, porque la coherencia y el valor merecen justicia.

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El odio engendrador

«La sangre engendra sangre como el perro engendra el perro» dice una página de un libro que es sagrado para tres religiones, porque Jesucristo no es sólo un referente cristiano, también es un profeta para judíos y musulmanes, y al final coinciden todos los que defienden que la guerra nunca es la solución, desde Gandhi a Luther King, desde Monseñor Romero al propio Cristo, valedores de la palabra que fueron abatidos por ese odio engendrado que todo lo alcanza.
blog.JPGNo hay palabras en los diccionarios de ninguna lengua para nombrar lo que está sucediendo en Gaza. No quiero entrar en si fue primero el huevo o la gallina, sólo creo que la palabra, engendradora de pensamiento, podrá poner cordura en tanto desvarío. Y hay posiciones diversas, matices distintos, sea en medios locales, estatales o extranjeros. Al final, son las palabras, el odio nunca ganará ninguna guerra, y menos la de la paz.

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Carta imposible

Hace mucho tiempo que dejé de creer en los Reyes Magos, y si lo pienso bien me parece que siempre supe quiénes era. Tal vez por eso no tengo mucho apego a la monarquía, y tampoco a las sibilas, adivinadoras y chamanes, porque tampoco está claro que los tres que venían de Oriente hacia el portal fuesen reyes de un reino o magos de vaya usted a saber que tendencia.
durero.jpgEncima hay investigadores que aseguran que en realidad eran cuatro, pero que uno se perdió, con lo cual la estrella de Belén parece menos fiable que el GPS.
Y aunque no creo en ellos, quiero creer, porque si no ya no sé a quién pedir que ponga su mano para acabar con tanto disparate. La invasión de la franja de Gaza es algo que terrible, y no entiendo quién gana con tanta sangre, y qué gana. Si de verdad existen los Reyes Magos, yo quiero una señal, y esta es que pare ya tanta crueldad inhumana. Tampoco me entra en la cabeza que ni Estados Unidos, ni la UE ni la ONU sean capaces de parar la guerra. O sí lo entiendo, pero preferiría no comprender porque de lo contrario sentiría vergüenza.
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(El cuadro es la Adoración de los Reyes Magos, cuyo autor es Alberto Durero)