Pompas, burbujas y futuro
Los críticos con Zapatero no se cansan de proclamar la estampida que se produce en las filas socialistas, argumentando que se debe al cansancio de los más consecuentes porque no se aclaran hacia dónde va el Presidente del Gobierno. Lo comparan algunos con al animal de tiro que camina con orejeras, sin ver más allá de lo que tiene delante de sus narices, e incluso algunos dicen que realmente está ciego. Los zapateristas más entusiastas dicen, por el contrario, de que en medio de la tormenta las ratas abandonan el barco, pero el caso es que la gente se va, y eso supone una pérdida de credibilidad del Presidente y una encrucijada muy complicada para los que creen en el proyecto socialista. Lo cierto es que a Zapatero le gusta abrir frentes cada día, y no estoy seguro de si quienes sobreviven a su alrededor están dispuestos a seguir jugando tantos partidos a la vez.
Lo que no entiendo es la táctica del avestruz del Presidente. Ese optimismo enfermizo es tan peligroso como el derrotismo absoluto. Debiera tomar ejemplo de la promesa de sangre, sudor y lágrimas que hizo Churchill a los británicos. Ya sé, entonces había una guerra (creo que ahora también, aunque no se diga). Imaginen que un día Zapatero dijera más o menos: «Estamos jodidos, y ya no sé por dónde tirar; échenme una mano, porque de esta tenemos que salir juntos». Lo creeríamos y nos pararíamos a pensar. Pero es que así no hay manera, y la pujanza económica de los años anteriores está destruyéndose, explotando las pompas de aquella burbuja. Seguramente sólo era espuma.
Cuando pensamos en el cambio necesario en Cuba, supongo que deseamos mejorar lo que no nos gusta y conservar elementos como la Educación, la Sanidad y el sentimiento nacional del pueblo cubano. Hablamos de democracia muy a la ligera, y la equiparamos a que haya elecciones cada cuatro años. Pero la democracia no es sólo eso, y siempre recuerdo lo que pensábamos hace treinta años, cuando vivíamos en plena Transición. Decíamos: «La democracia no es sólo una forma de gobierno, tiene que ser una forma de vivir».
Aquí lo hemos conseguido a medias (que es tanto como decir que no lo hemos conseguido), porque sigue existiendo la ley del embudo, porque quienes tienen el poder (el dinero) se perpetúan y a menudo no responden de sus fechorías, porque los políticos que elegimos no miran por el interés general, y se convierten con demasiada frecuencia en títeres de los distintos poderes. A eso aquí lo llamamos democracia, que es sin duda algo infinitamente mejor que la paz de los cementerios de Franco, pero no es una democracia plena. Esa democracia en la que los derechos y las responsabilidades vayan aparejadas y sean iguales para todos, esa democracia plena es la que queremos, sin una partitocracia que no quiere la listas abiertas e impide así que el pueblo elija a personas, no a una lista donde entran los que entran. Y porque hay muchas cosas que mejorar y cambiar antes de que se nos llene la boca con esa palabra. Claro que quiero esa democracia plena, aquí, en Cuba y todas partes. Por eso me ha gustado el concierto, aunque algunas caras que he visto deberían lavarse la boca antes de hablar. Pero en fin, construyamos.