Violencia gratuita
Cada vez que veo en los periódicos el nombre de Ciudad Juárez (El Paso después del puente fronterizo con Estados Unidos) tengo el impulso de pasar la página porque me horroriza tanta muerte inútil, tanto ensañamiento, tanta cerrazón. El estremecimiento que nos transmite Roberto Bolaño cuando cuenta estas historias en su novela póstuma 2666, o la perplejidad ante los relatos de Elmer Mendoza, no nos dan ninguna explicación sobre el origen de tanta violencia.
Pero, por desgracia, no es sólo Ciudad Juárez, donde han muerto asesinadas más de 2.000 personas en lo que va de año. Hemos visto en estos días el clima de violencia en las favelas de Río de Janeiro, lo poco que vale la vida en los barrios de Bogotá, Medellín o Los Angeles, y temblamos al ver cómo las distintas mafias son dueñas efectivas de ciudades como Nápoles. Veo a un niño colombiano en televisión que dice que muy pronto disparará en una banda, y en Nueva York estas bandas se nutren de muchachos que aún no se afeitan.
Es una locura, ya la vemos en España. Y en Canarias, donde portar armas blancas es lo normal en ciertos ambientes (incluso ya empieza a haber pistolas). Hace apenas veinte años, cuando aquí se cometía un crimen era un baldón social durante años; ahora es noticia durante unos días, porque antes era cosa muy rara y ahora sucede con demasiada frecuencia. Y si es una gran verdad que nada tiene tanta importancia como para matar, más terrible es que la gente se mate sin saber por qué. Es la inercia violenta de esta sociedad que no sabemos hacia dónde nos conduce.
¡Uff! ¿Por dónde empiezo? De todo lo que ha dicho, estoy de acuerdo en dos cosas: en que la democracia está en crisis, y en que vivimos una gran crisis moral. No estoy de acuerdo en lo de antropológica porque entraríamos en territorios pantanosos cercanos al racismo, que el partido nazi alemán empezó predicando tecnicismos antropológicos para sentar la superioridad de la raza aria. Y moral deberíamos cambiarla por ética; esta es permanente y la moral (viene del latín mores y significa costumbre) cambia según los tiempos.