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Las modas literarias

acascada.JPGA estas alturas, ya no sabemos si la literatura es un arte o una moda, porque tenía entendido que el arte es algo que va más allá de la realidad, y nada hay más real que la moda. En siglo pasados, especialmente en el XIX, entre los escritores abundaban los aventureros románticos que se embarcaban en grandes aventuras, fueran de exploración, fueran políticas, o de cualquier otra clase. Muchas obras literarias son el resultado de experiencias personales, como La Araucana de Ercilla, y son bien conocidos los episodios guerreros de Cervantes, Lord Byron, Melville o Espronceda. Otros, como Larra, optaban por pegarse un tiro.
En el siglo XX los escritores empezaron en la bohemia y luego mezclaron esta con la aventura, como Hemigway y Orwel. Luego se hicieron una especie de académicos, muy ligados a lo universitario y subidos a la rama de la intelectualidad. Ahora se empiezan a poner de moda los escritores autodidactas y machacados por la vida, que un día escriben una novela y triunfan. Son los casos del norteamericano Chuck Palahniuk, mecánico y autor de El club de la lucha, o el chileno Hernán Rivera, que fue minero durante treinta años en el desierto de Atacama y ahora acaba de ganar el Premio Alfaguara. Por lo tanto, como la novela histórica, una moda.

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Los ojos abiertos de Miguel Hernández

ahdrez.JPGEl 28 de marzo de 1942 murió el poeta Miguel Hernández. Como se ha dicho, «lo murieron» en el abandono, sin que nadie hiciera el menor esfuerzo por arrancarlo a la muerte. Fue de una crueldad mayor que si directamente lo hubieran fusilado, porque dispusieron igualmente de su vida y dejaron que se consumiera en el dolor. El 30 de octubre se cumplen 100 años del nacimiento de un poeta al que sólo le dejaron respirar 32 años. Dicen que lo amortajaron con los ojos abiertos, aquellos enormes ojos que tan bien dibujó Buero Vallejo, su compañero de celda. Esos ojos abiertos para toda la eternidad se le clavaron en el dolor de su gran amigo Vicente Aleixandre, su hermano mayor, uno de los pocos que se tomó en serio a Miguel Hernández. Desde entonces, Aleixandre usó esa imagen de los ojos abiertos para siempre hasta el infinito, pues nunca dejó de recordar la infamia cometida con su amigo. Es hora de recordar al poeta que fue viento del pueblo, a su compañero de celda, el gran dramaturgo Buero Vallejo, que fijó su mirada para siempre en carboncillo, y a su amigo, Vicente Aleixandre, que le mantuvo siempre la mirada.

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El conservadurismo de la RAE y del diccionario

Tenemos la costumbre -yo el primero- de acudir al diccionario de la Real Academia Española (RAE) para apuntalar con sus definiciones un argumento que intentamos sostener. Eso está bien casi siempre, pero hay que advertir que también hay celadas escondidas en cualquier recoveco del diccionario, sobre todo cuando se trata de asuntos de moral social.
aAcademia[1].jpgSobre el conservadurismo de la RAE ha escrito mucho el poeta José Infante (Málaga 1946), y convendría recordar, por ejemplo, que en el Diccionario esencial de 2006 se sigue relacionando la palabra bisexual con hermafrodita, y que, para entonces ya aprobado el matrimonio entre personas del mismo sexo, el diccionario mantiene a rajatabla que el matrimonio es la unión del hombre y la mujer. Y es que se trata de una institución muy conservadora, donde, por ejemplo, hay muy pocas mujeres; se suele decir que la primera fue Carmen Conde en 1978, pero en realidad es la segunda, porque a finales del siglo XVIII, al calor urgente y pasajero de la Revolución Francesa, hubo una mujer académica, doña María Isidra de Guzmán y de la Cerda, y luego dos siglos sin una sola mujer en la Academia.
También ha sido la RAE muy homófoba, y por designio los homosexuales que se han sentado a su mesa han sido muy discretos. Pero los hubo y los hay: Benavente, Aleixandre, Brines, Bousoño, Nieva, Pombo o la mentada Carmen Conde. Y había dos varas de medir, pues Dámaso Alonso, director durante décadas de la RAE, era abiertamente homófobo, y sin embargo fue desde joven probablemente el mejor amigo de Aleixandre (los míos sí, los demás no). Y no entiendo por qué no dan un puñetazo sobre la mesa académicos supuestamente abiertos y contemporáneos, como Pombo, Marías, Pérez-Reverte, Nieva, Goytisolo (Luis), Merino, Vargas Llosa, Sampedro, Lledó, Mateo Díez o Muñoz Molina, permitiendo que la vieja guardia siga dictando el ritmo -lento y divorciado del mundo- de una institución tan prestigiosa.